Arte y Espectáculos

David Lebón: “En una época había muchos celos, ahora hay mucho amor entre los músicos”

El 19 de marzo tocará en Mar del Plata. Resiliente y amoroso, el músico no puede dejar de hablar de Tayda, su hija que falleció en octubre pasado. La comunidad rockera, ¿vuelve Serú Girán? y el secreto que guarda desde hace varias décadas, en una charla marcada por su gran sensibilidad.

Por Paola Galano

@paolagalano

“He tenido sensaciones últimamente, no se me van a ir en mi vida. La fui a visitar a mi hija a Uruguay e hicimos unas cuestiones con las cenizas de mi hijo, una cuestión que inventé yo. Me río porque soy ácido con las cosas fuertes. No quiero que la gente crea que soy frío. Me tiré todas las cenizas en el pelo, me puse las cenizas encima y me fui nadando con él; me fui abajo del agua con él y veía cómo las cenizas salían de mi pelo. Fue muy hermoso, fue una experiencia hermosísima nadar con él y dejarlo en un mar precioso. Dejé sus cenizas, obviamente. Lo más importante es que está con Dios”.

 


 

 

“Me tiré todas las cenizas (de Tayda) en el pelo, me puse las cenizas encima y me fui nadando con él; me fui abajo del agua con él y veía cómo las cenizas salían de mi pelo”, contó Lebón.

 


 

No tapa el dolor. No se quiebra. David Lebón, el ex Serú Girán, vivió en octubre pasado la pérdida de su hija Tayda, fruto de su primer matrimonio. La artista trans se suicidó en Nueva York, donde vivía. Desde entonces, la vida no es la misma para este enorme músico del rock nacional que entiende que su misión es hacer música y llevar un mensaje universal de amor, más allá de religiones y creencias.

Resiliente, Lebón tocará en Mar del Plata junto a su banda, en un show que suspendió en pleno enero debido al pico de contagios de Covid-19. Ahora, se presentará este 19 de marzo en el Teatro Radio City Roxy (San Luis 1750) con el espectáculo que llamó “Nos veremos otra vez”.

 


“Tengo 79 años y desde hace 55 tengo un conocimiento hermoso que me hace ir para adentro”


 

No resulta complejo remontar la charla tras aquella primera declaración. Lebón parece entrenado en el arte de la aceptación: venga lo que venga. Así, pasa del ser a la música y de nuevo al ser. “Yo les pido que me lleven baldes de amor, no de arena”, le habla a su público, que celebrará su llegada para dar vida a uno de sus últimos discos, la primera parte de “Lebón & Co”. “Vas a un teatro y se te llena de gente, ahí desaparecen todos los problemas”, desliza, consciente de que también se sana junto a otros y otras.

– ¿Cómo pensaste este show?

– Va a tener un poco de todo, porque el disco nuevo (“Lebón & Co. 2”) está por salir y vamos a hacer la última vuelta de este disco y de discos anteriores. A mí me gusta mucho la lista, me parece que a la gente le va a encantar. He elegido las canciones que más le gustan. “Lebón & Co.” saldrá en marzo y después arranco a grabar sin invitados, el disco con la banda. “San Sony”, gracias a Dios, me dio el tiempo que necesitaba. Lo que pasa es que me gustaría terminarlo, porque tengo muchas ganas de componer y muchas de hacer un disco nuevo, distinto, con otra cosa, quiero agregarle algo más.

– Te diste el gusto de tocar con grandes artistas, desde Julieta Venegas, Fito Páez, Coti, Emmanuel Horvilleur, Lisandro Aristimuño, Pedro Aznar, Ricardo Mollo, Andrés Calamaro, Eruca Sativa, Carlos Vives y otros. ¿Cómo fueron esos encuentros?

– Son amigos, obviamente que son más jóvenes que yo, tienen un efecto que a mí me encanta. Con el tiempo cambió eso. En una época había muchos celos y ahora hay mucho amor, mucho amor entre los músicos. Cuando falleció Luis (Alberto Spinetta), creo que ahí sonó la campana, nos dijimos: “muchachos, vamos a ponernos las pilas todos, hagamos buena música, cuidémonos”. Sin faltarle el respeto a los que murieron antes, como Pappo.

 

 


“Cuando falleció Luis (Alberto Spinetta), creo que ahí sonó la campana, nos dijimos: ‘muchachos, vamos a ponernos las pilas todos, hagamos buena música, cuidémonos'”


 

-¿Sentís cierta unión, cierto espíritu comunitario en el rock?

-Estamos entendiendo a la fuerza, sin querer, que las drogas no son buenas. Está bien, las podés usar un tiempo. Yo tuve la suerte de decir que no porque es tan lindo estar normal; lo normal tiene su mambo también, su vuelo. Yo soy un hombre muy feliz a pesar de todas las cosas que me han pasado, cosas muy fuertes, que me han partido el corazón en mil millones de pedazos. Pero yo te digo que tengo que terminar mi misión, tengo que seguir tocando, tengo que tratar de que la gente entienda que lo que está buscando nunca se perdió. Es el corazón, tenemos que dedicarle el tiempo al corazón, no a la cabeza. No escuchemos lo que dicen en la tele, a mí me encanta la tele pero no les creo nada. Hagamos lo que sentimos y todo va a salir bien, es la mejor manera, te lo aseguro porque lo estoy experimentando. Tengo 79 años y desde hace 55 tengo un conocimiento hermoso que me hace ir para adentro. Te digo que al amor no lo puede vencer ni el Covid, ni la guerra, ni nada. Me fui un poquito a la mierda, ¿no?

-Hablaste de tu misión, ¿cuál es?

-Si yo tengo un show tres días antes de que fallezca mi hijo, no voy a faltar. Tengo que ir, porque la gente depende de eso. Podés compartir la tristeza con la gente. En el Teatro Gran Rex paré en la mitad del show porque no aguantaba más, tenía una mezcla adentro tremenda, me pasaba de todo de golpe: el público, mi hijo que se había muerto, yo que estaba triste y, a la vez, estaba contento porque estaba tocando. Era una mezcla tremenda. Y entonces, para ordenar todo, paré. Y le comenté a la gente que había fallecido mi hijo. No me quiero quebrar ahora tampoco…

-No te iba a preguntar sobre la muerte de Tayda.

-Entonces, le comenté a la gente: “Les pido que me acompañen y si algo sale mal y si ven que me quiebro, es por esa razón”. Ahí arrancó el show y arrancó de primera porque al principio estaba todo mal, me equivocaba en las letras. Lo solté y estuvo bárbaro. Esto puede sonar egocéntrico, pero me quiero y me admiro porque creo que le hice caso a Dios. Dios existe, punto. No importa en qué lugar lo pongas. Yo me di cuenta muchas veces por cosas que han pasado en mi vida que, de repente, de la oscuridad pasé a la luz. Y te das vuelta y no hay nadie pero hubo un empujón para adelante. Me está pasando eso, siento que tenemos que cambiar un poco la tristeza. A ver cómo lo puedo explicar: la tristeza puede ser hermosa si tiene un sentido importante, no llores por boludeces, no llores porque chocaste o perdió River o Boca; llorá cuando realmente duele porque no podés parar eso. Te llorás encima. Y largá, largá porque es hermoso.

-En tu música, muchas veces se advierte la necesidad de cantarle al buen vivir. Tu último disco es muy tranquilo, es muy amable.

-Siempre de jovencito me tiraron las letras… mi fuerte es el amor: no el amor de pareja, de familia, sino el amor. Cuando vos te enamorás es como que se te hincha el pecho y sentís una cosa increíble que nunca sentiste y cuando estás muy triste es como un apretón que sentís, el pecho contra la espalda. Para mí, es donde mora Dios. Nos dejó un pedacito de él. Estoy en un momento delicado, me preocupa el mundo, mi familia, tengo ocho nietos, no quiero que les pase lo mismo que le pasó a mi hijo mayor. La cabeza es muy hincha pelotas a veces y te habla de muchas cosas que debería dejar en paz.

-¿Vuelve Serú Girán?

-Ay, mi amor, ojalá pudiera cumplir el deseo de toda la gente que me pregunta eso, pero no depende de mí solamente. Yo no tengo problemas si suena el teléfono y estamos listos para salir, yo agarro la guitarra y salgo. Pero hasta ahora no hubo ni una llamada. Bueno, Moro no está, que es como si los Beatles, estando John y George tocaran sin Ringo. No podrían haber tocado, no serían los Beatles.

-Pero los Rolling Stone tocan sin Watts.

-Es distinto. Para mí, los Beatles inventaron la juventud. Después, vinieron los Rollings. Para mí, Ringo era fundamental en la banda.

-¿Cuál es tu relación con el pasado? Tenés tanta historia musical sobre tus espaldas…

-Te mentiría si te dijera que haría todo lo mismo. No, no haría todo lo mismo. Para nada, hay un montón de cosas que obviaría, pero todo lo que fue felicidad lo volvería a hacer de nuevo. Toda esa época fue hermosa pero ya está, hay que seguir y seguir para arriba. La verdad es que en esa cuestión tuve un secreto tan grande para sentirme como ahora, lo tuve que descubrir yo, tuve que cavar y cavar adentro mío hasta encontrar la primera pepita de oro. Y ahí entendí que yo tenía la llave para entrar adentro mío cuando yo quisiera y no cuando mi cabeza quisiera. Y la cabeza se calla, escucha. Es increíble. Todo el mundo lo puede hacer.

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