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Arte y Espectáculos 20 de mayo de 2022

Darío Sztajnszrajber: “La deconstrucción es infinita”

Este domingo llegará al Teatro Auditorium para proponer "Deconstrucciones", un espacio en el que buscará contar que es posible entender el amor, el poder y la muerte de otras -muchas- maneras.

Este domingo estará en Mar del Plata.

 

Con su propuesta de deconstruir nociones como el poder, el amor y la muerte, Darío Sztajnszrajber llegará a Mar del Plata este domingo para desandar un camino que no tiene final, que es infinito, como él mismo dice. Desde la sala Astor Piazzolla del Auditorium, a partir de las 20, el filósofo sugerirá repensar -o desarmar- eso que llamamos sentido común, detrás del cual parecen esconderse ideas premasticadas, predigeridas, prepensadas por otros.

En definitiva, hablará de la libertad personal y volverá a sacudirle el moho a la filosofía, tal como viene haciendo en programas de TV, en libros y en espectáculos que miraron a la música desde otra perspectiva. Es que, parece decirnos, la filosofía está acá, mucho más cerca de lo que creemos, clavada como si fuera la silueta de la vida que vivimos.

 


“Heidegger llama ‘el anónimo uno’, lo impersonal. Pensamos lo que se piensa, sentimos lo que se siente, consumimos lo que se consume. Ese “se” de algún modo nos va capturando y se vuelve un dispositivo o una matriz al interior de la cual nosotros vivimos nuestra normalidad cotidiana. A eso llamamos el sentido común”


 

Lúcido a la hora de leer el mundo actual, Darío Z -tal como se lo conoce- entendió que “el conflicto cultural” actual pasa por la dualidad. “Por un lado, hay una apropiación bastante importante de la deconstrucción en todos los ámbitos, no solo en el más famoso que es el de la identidad sexual, sino también en todo lo que tiene que ver con las fronteras. Porque hablamos de la deconstrucción de lo nacional, de lo étnico y de categorías más abstractas como el amor, la libertad, la justicia”, explicó en una entrevista con LA CAPITAL.

“Así como hay una profundización deconstructiva, por el otro lado hay una reacción conservadora contra la deconstrucción que justamente no admite lo que la deconstrucción genera, que es cuestionar el status quo -siguió-. Esta reacción busca volver a sostener una idea más rígida, del orden, de los esencialismos. Me parece que hoy esta ahí el conflicto cultural, que en cada país puede tener una encarnadura propia”.

-¿Está de moda la palabra “deconstrucción”?

-Las modas tienen siempre una dualidad: por un lado, corren el riesgo de ser muy reduccionistas con los conceptos, de vaciarlos de contenido y convertirlos en fórmulas, privándolos del desarrollo de un pensamiento crítico; pero, al mismo tiempo, cuando algo se pone de moda permite una circulación de ese concepto, de modo más popular. Te da una masificación, cuando no una popularización, una democratización que hace que una categoría sea apropiada por gente que no es del palo académico y que, sin embargo, les resulte transformador. Esa apropiación de la palabra deconstrucción en un público más masivo es positiva en este caso. Obviamente que hay lugares que la palabra es usada de manera vacua, pero paradójicamente yo encuentro que los que más la vacían de contenido y la vuelven moda son los que la buscan cuestionar o anular. Es más el conservadurismo en su intento de pelearse contra la deconstrucción el que la termina definiendo en un modo mucho más simplista de lo que el término en realidad provoca.

-¿Percibís esta idea de que es necesario deconstruir o repensar el mundo porque así como está funciona mal por todos lados?

-En parte, sí. Por lo menos, desde los teóricos de la deconstrucción que yo suscribo, sobre todo el pensamiento de Derrida, la deconstrucción a un orden no tiene como objetivo proponer un orden alternativo, la deconstrucción es infinita.

-¿Es una espiral?

-Ni siquiera, porque la espiral implica estadíos superadores. En principio, es escapar de un orden que, me parece, no sé si funciona mal. Una de las principales afrentas de la deconstrucción es contra la idea productivista de que el sentido verdadero del mundo está en su buen funcionamiento. Cuando deconstruís interrumpís esa idea. La eficacia del poder es que viene logrando un mundo que se sostiene supuestamente sobre cierta sensatez y orden de las cosas. Lo que la deconstrucción denuncia es que siempre hay un orden y que ese orden está en función de los intereses de los sectores privilegiados. Siempre que hay un orden hay un privilegio. Cuando deconstruís la familia, no es que estás en contra del formato tradicional de la familia, estás en contra de que sea el único y de que se conciba como el normal. Cuando deconstruís la monogamia, no es que estás en contra de la monogamia, estás en contra de concebir la monogamia como una institución que expresa la verdad del amor. Es más por ahí, por eso no es tanto de proponer un orden mejor al que hay, sino de cuestionar la idea de que todo orden encubre un interés.

-¿La deconstrucción es colectiva o es personal?

-¿Qué sería una deconstrucción colectiva?

-Que todos tiráramos abajo una idea y fundáramos otra.

-Es un ejercicio, en principio, filosófico. Como práctica política se vuelve movimientista. Por ejemplo, el feminismo propone una deconstrucción del género y propone una deconstrucción del patriarcado. Y cuanta más fuerza colectiva tenga el movimiento, mejor. Después, la forma en que cada uno se lo va apropiando y entramando en su propia vida es medio anárquico, pero no soslayaría el elemento más político, más colectivo, en la medida en que pensamos formas de deconstrucción que se convierten en emblemas de movimientos sociales concretos. Así como tiene una faceta más movimientista, después depende de lo que cada uno haga con eso en la propia narración de uno mismo.

-¿Hay una cuestión etaria? ¿Son más abiertos a la deconstrucción los pibes y las pibas?

-Yo creo que no. Hoy vemos mucho conservadurismo joven, con lo cual no lo entiendo como un corte generacional, para nada. Es transgeneracional.

-En tu libro “Filosofía a martillazos” hablás de ir en contra del sentido común. ¿Deconstrucción y sentido común están vinculados?

-Totalmente. El principal ejercicio de la deconstrucción es sobre el sentido común, entendiendo el sentido común como una matriz de pensamiento que nos priva de un sentimiento autónomo y que, de alguna manera, homogeniza las formas de pensar, a través de lo que Heidegger llama “el anónimo uno”, lo impersonal. Pensamos lo que se piensa, sentimos lo que se siente, consumimos lo que se consume. Ese “se” de algún modo nos va capturando y se vuelve un dispositivo o una matriz al interior de la cual nosotros vivimos nuestra normalidad cotidiana. A eso llamamos el sentido común. Una categoría muy deconstruible es la del tiempo, que supone una linealidad cronométrica, que hace justamente de nuestros acontecimientos diarios solamente peldaños para una cadena de montaje en la que vamos produciendo sentidos. Y ese sentido común es con el que uno va viviendo su vida sin detenerse a pensar hasta qué punto lo que uno da por supuesto puede ser de otra manera.