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Opinión 26 de marzo de 2020

Desafíos globales y humanismo

Por Fabio Quetglas (*)

La pandemia del COVID-19 forma parte de una serie de eventos catastróficos, precedida por los conflictos asociadas al cambio climático y la crisis financiera internacional de los años 2008 y 2009. Todas situaciones que subrayan la necesidad de una coordinación y cooperación internacional más efectiva y obligatoria.

Si analizamos estos hechos como lo que son, problemas públicos, veremos que tienen en común algunos puntos claves: a) La existencia de bienes públicos imposibles de ser salvaguardados desde una lógica particular (sea el ambiente, el crédito internacional o la salud pública), b) la impotencia de los estados nacionales frente a fenómenos
transfronterizos, c) la necesidad de colaboración para incrementar la posibilidad de incidencia y aprendizaje, d) el eslabón “de proximidad” como factor clave para materializar de modo adecuado cualquier visión global.

La integración global de sociedades y mercados, producirán inevitablemente y de modo creciente problemas y soluciones, como el trabajo científico a escala mundial para encontrar la vacuna contra el Corona Virus, de esta naturaleza.

La globalización es un nuevo paradigma territorial, como en su momento lo fue la creación de los estados nacionales, que tiene agenda y lógica propia. No es un desafío para la ciencia política, es un desafío para las sociedades.

Las conductas oportunistas, frente a la existencia de un nuevo orden territorial y una agenda global, puede por un tiempo dilatar las respuestas y evitar tomar decisiones necesarias. Es así como frente a algo muy serio, pretendemos resolverlo con exabruptos chauvinistas; pero ni el viento cálido, ni los virus harán caso de las bravuconadas, no importa si son expresadas en inglés, en chino o en ruso.

“Coordinación global y fortalecimiento de las CIUDADES”, debería ser el título de un amplio programa de reformas, que nos permita concebir un Estado del Siglo XXI, más tecnológico, más inteligente, y más adecuado a los desafíos reales que tiene que enfrentar y no a los fantasmas del pasado que estorban la conversación y opacan el
pensamiento.

Una ciudad como Mar del Plata cuenta con los recursos humanos y tecnológicos para trazarse una estrategia a mediano plazo, con el objetivo de diversificar sus fuentes de ingresos; manteniendo al turismo desde ya, pero también adaptándolo a los tiempos que vendrán. Sea por el cambio climático o por las apariciones de nuevos virus el mundo tal cual lo conocimos no existe más y eso no es ni bueno, ni malo, solo es un dato de la realidad a la que habrá que adaptarse.

No será aislándonos ni tratando de imaginar que el problema lo tienen los otros, que encontraremos las mejores respuestas a los desafíos que ya son parte de la vida cotidiana. Pensar en red a nivel ciudades y actuar en consecuencia es el primer paso para enfrentar estas situaciones de crisis, que serán cada vez más frecuentes.
Estamos obligados a hacerlo.

(*) Diputado nacional.