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Despedidas tempranas y horizontes de reconstrucción

Por Marcelo Solari

Oficialmente, el domingo se terminó la temporada de Liga Nacional de Básquetbol para los equipos de Mar del Plata.

Quilmes había concluido su participación en el cierre de la fase regular, y Peñarol finalizó tras caer 3-1 en la primera ronda de play-offs ante el canddiato máximo al título, San Lorenzo de Almagro. En cualquier caso, una despedida temprana para ambos, lejos de otras épocas más prolíficas en cuanto a juego y, obviamente, resultados positivos.

Llega ahora, cómo no, el tiempo del balance, de la autoevaluación, de la autocrítica. Y también el tiempo de tomar impulso para regresar en la próxima campaña con renovadas energías e ilusiones. Aún en el mar de dudas que genera una organización de competencia que, a la luz de lo observado en las últimas temporadas, no goza precisamente de buena salud. Se ha escrito y hablado hasta el hartazgo al respecto. La coyuntura socioeconómica tampoco ayuda, y conseguir los recursos para afrontar presupuestos siderales asoma como una tarea ciclópea. Pero claro, nunca nadie dijo que fuera algo sencillo ni mucho menos.

Quilmes pareció, a lo largo de la campaña 2017/18 tener algo más claro su objetivo. A qué jugar. Podía no salirle bien, pero tenía una línea bastante definida. El contraataque como arma primordial, altas dosis de tiro de tres puntos y opciones de pick and roll en el ataque estacionado.

Con mucho poder de gol. Tanto, que la caída abrupta de rendimiento de su atacante emblema, Eric Flor, no mermó los promedios de anotación del equipo.

Su principal enemigo, al que nunca logró encontrarle solución, fue la defensa. Jamás consiguió hacerse sólido atrás. Y como no lo consiguió, sus problemas se fueron agudizando. El buen comienzo de temporada con el Súper 20 y luego la positiva actuación en la Liga Sudamericana, se fueron desvaneciendo. Y aunque la sensación era de que el equipo estaba para más y en algún momento iba a despertar, finalmente el resurgimiento no se concretó y la posición final (17º, a salvo del descenso pero también fuera de play-offs), resultó incontrastable.

Para Peñarol, la cuesta fue empinada desde el principio. Las lesiones lo castigaron, debió recurrir a más cambios de extranjeros que lo normal para el “milrayitas” y el aprendizaje del entrenador Leonardo Gutiérrez en su nueva función debió sortear escollos a granel. Es cierto que el equipo recibió críticas porque no podía definir una filosofía de juego, o al menos llevarla a la práctica, aunque también es cierto que hubo atenuantes.

La enésima lesión de la temporada, en este caso de Jonatan Slider, y la intempestiva salida de Kyle Lamonte, propiciaron la llegada de Diego García y Todd Brown. Y a partir de allí, el equipo se potenció. Fue mejorando defensivamente y, también, ganó volumen de juego.

Cumplió el primer objetivo, evitar la permanencia, y casi en forma inesperada recibió el premio de jugar play-offs.

Claro, enfrente estaba San Lorenzo, una misión imposible. O casi. Sin embargo, liberado de las presiones, en la serie ante el “azulgrana” y en algunos de los últimos partidos de la fase regular, Peñarol pudo mostrar su mejor cara. Con más determinación y convicción para enarbolar el espíritu combativo característico. Perdió la serie, lógico, pero clausuró un año ingrato dejando la mejor imagen posible.

El proceso de reconstrucción será un poco más accesible para el “tricolor”. Tienen contrato Nicolás Ferreyra, Omar Cantón, Emiliano Basabe y Bruno Sansimoni, además del entrenador Javier Bianchelli. Y habría intenciones de extender el vínculo con algunos otros jugadores, aunque será menester propender a conformar un plantel acaso con un poco menos de gol pero mayores certezas defensivas.

Para el “milrayitas”, en cambio, será un volver a empezar. Al margen de la continuidad de los muchos y buenos juveniles que tiene, al concluir la temporada se extinguió el vínculo con todos los jugadores del plantel. Ninguno tenía contrato más allá de esta Liga. Tampoco el entrenador Leo Gutiérrez. Un rompecabezas intrincado pero no tanto como el mayor de los problemas que aparece en el horizonte: después de haber dejado poco menos que su vida al servicio del club, Domingo Robles tomó la decisión de dar un paso al costado. Conseguir un sucesor digno será la ficha más importante del club. De cara al presente y también al futuro.

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