Opinión

Deuda, pandemia y otras intoxicaciones

por Jorge Raventos

El viernes 15 de mayo el Ministerio de Economía anunció que había recibido tres contrapropuestas de fondos de inversión que poseen la mayoría de los bonos de la deuda argentina bajo ley extranjera. El gobierno de Alberto Fernández, que viene negociando fuertemente con esos fondos, había reclamado una contrapropuesta y había puesto como límite para esperarla el 8 de mayo. Los fondos mantuvieron hasta ese momento silencio y reticencia. El gobierno reiteró entonces que no desea incurrir en default y amplió el plazo de negociación hasta el 22 de mayo. Ese día hay un vencimiento por 503 millones de dólares que, si no se paga, dispararía el default. El ministro Guzmán aseguró que Argentina está dispuesta a discutir cualquier modificación a su oferta, a condición de que se tome en cuenta el criterio de sustentabilidad que ha ubicado como objetivo innegociable.

La presentación de las tres contrapropuestas de los fondos indica que, como informó el viernes el Ministerio de Economía, ahora el gobierno argentino y los acreedores de la República están embarcados en un “diálogo constructivo en pos de alcanzar un acuerdo sostenible en el proceso de la reestructuración de la deuda”.

No es imposible que ese diálogo constructivo se extienda más allá del vencimiento del viernes 22. ¿Pagará ese día el gobierno los 503 millones de dólares para impedir el default? El ministro aspira a incluir esa cifra en la renegociación. Tal vez pueda, como mínimo, acordar la ampliación del período de negociación bajo un paraguas legal que los técnicos llaman stand still, con un plazo de unos meses que permita atravesar la neblina de la pandemia para concluir las conversaciones en un marco de cierta normalidad. Bajo ese paraguas quizás pueda cubrirse también la deuda que empujó el miércoles último al default a la provincia de Buenos Aires. En menos de una semana tendremos un paisaje más claro.

Riesgo país y conjeturas sesgadas

De todos modos hay ciertos signos que indican que las discusiones están encaminadas. La baja de la tasa de riesgo país es una de esas señales: los mercados olfatean un acuerdo.

Otro signo de que las cosas van mejor son ciertos comentarios y titulares de la prensa. El tema de la deuda empezó una semana atrás a desplazar a la pandemia en las primeras planas: en ese momento se intuía, probablemente, que el gobierno chocaría con los grandes fondos y se le reclamaba que acordara a cualquier costo. Ahora, cuando los acreedores se muestran dispuestos a bajar sus exigencias y negociar, el tema de la deuda cede el primer lugar a ¡la reaparición de Cristina Kirchner! Se discurre sobre una “ofensiva judicial” para debilitar las acusaciones contra la actual vicepresidente.

El hecho que desencadena estos titulares parece ser la decisión de la Oficina Anticorrupción de desistir de la querella en causas que involucran a la señora de Kirchner.

La hipótesis de esa ofensiva puede ser plausible, pero no parece un tema que merezca mayor atención que el incremento de casos de coronavirus en la región metropolitana o el paso negociador decidido por los acreedores.

De hecho, no se prestó similar atención a decisiones análogas adoptadas en el período anterior por la Oficina Anticorrupción: la anterior titular, Laura Alonso, resolvió en abril de 2019 que esa oficina no sería querellante en ninguna causa que involucrara a integrantes de su gobierno. La misma funcionaria dictaminó bajo su responsabilidad que ni Mauricio Macri ni el entonces ministro de Defensa, Oscar Aguad, habían violado la ley de ética pública en las negociaciones con la empresa Correo Argentino, controlada por la familia Macri.

Esas decisiones fueron criticadas, por cierto, y dieron lugar a causas judiciales. Lo mismo seguramente ocurrirá, si lo amerita, con la que ahora se cuestiona. Pero lo que es cierto es que en aquel caso no provocaron títulos de portada, ni nadie consideró que se atacara a la prensa cuando la señora Alonso comparó a los periodistas (ella dijo “operadores mediáticos”), que discutían sus arbitrajes, con “la gata Flora; siempre cuestionan, siempre se quejan”.

La magnificación caprichosa y conjetural de Cristina Kirchner en ciertos comentarios opera objetivamente como un bombardeo no tan sutil al paulatino movimiento hacia el centro que se observa en las dos coaliciones; y, de paso, revela la intención de opacar los logros que, paso a paso, alcanzan los actores de esa convergencia.

Relatos y realidad: dos velocidades

Lo cierto es que la política argentina no gira hoy alrededor de la grieta y sus relatos contrapuestos, sino sobre asuntos pesados que arroja la realidad: la deuda y, sobre todo, la pandemia (y las estrategias adoptadas para enfrentarla).

El impacto del coronavirus en la Argentina se manifiesta de forma heterogénea: la zona metropolitana, con cifras de contagio crecientes cada día, es sin lugar a dudas el epicentro del problema. “En el resto del país la situación está tranquila”, constata el ministro de Salud, Ginés González García.

Tomando en cuenta esas dos velocidades de propagación del virus, las autoridades han dado respuestas al aspecto económico de la crisis, a los pedidos de apertura de la cuarentena y a las necesidades de reactivación: más amplias en la mayoría de los distritos que están menos afectados, que han ingresado en la Fase 4. Más restrictivas en la Ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires.

Pese a lo que en primera instancia reflejan los números en aumento del AMBA, tanto en la jurisdicción porteña como -con una sintonía muy cautelosa- en el conurbano bonaerense la cuarentena se ha flexibilizado, se han autorizado actividades profesionales, comerciales e industriales y, naturalmente, eso significa que la circulación pública se ha incrementado.

Sin embargo, el ministro no atribuye a esa mayor actividad el aumento de casos: “El incremento no tiene que ver con esta apertura sino con los barrios populares como la Villa 31 o la 1-11-14, donde el virus ya ingresó y donde es más difícil el aislamiento y el control, ya que se expande con velocidad fuerte”. Es, en efecto, muy temprano para sacar conclusiones sobre una flexibilización que recién comienza: sólo después de diez a catorce días de aplicación de esas reglas se pueden empezar a registrar sus consecuencias.

Lo que sí está claro es que en la ciudad de Buenos Aires la mayoría de los casos se han producido en geriátricos (con una concentración de población vulnerable, un caso es la fuente de múltiples contagios) y en barrios de emergencia. “Lo que está pasando ahora -señala el titular de Salud, enfocando en las villas- es que al trasladarse el virus a los barrios más humildes, es mucho más difícil el aislamiento y el control. Está cambiando a un sector social y sobre todo a circunstancias sociales que son mucho más favorables para una expansión más rápida”.

Un viernes atrás, cuando el presidente Alberto Fernández decidió presentarse ante el país flanqueado por el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma y por el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, estaba subrayando cuáles son los espacios en que está centrada la preocupación oficial sobre la pandemia y también la coordinación con la que están trabajando la Nación y ambos distritos.

En esa conferencia de prensa, en la que el Presidente no se privó de hacer comparaciones con otros países, quedó claro que, a diferencia España o Italia, países donde también se está flexibilizando la cuarentena, la apertura argentina se produce antes de haber atravesado el pico de los contagios. Es decir, se estaba anunciando lo que ahora empieza a verificarse: que el número de afectados aumentaría en las semanas siguientes. Con foco en la región metropolitana y, allí, en los puntos vulnerables.

“Tenemos que cambiar la estrategia en las villas -ha resumido Ginés González García-: debe ser ahora de mucho más vigilancia directa sobre esos lugares. Estamos trabajando intensamente con otro tipo de método allí, que es meternos rápidamente, aislar rápidamente, tratar rápidamente y circunscribir el efecto de difusión del virus”.

Los registros de contagio han aumentado notoriamente en la última semana. El motivo es que ahora se está chequeando intensamente y con el foco puesto en los segmentos más vulnerables.

Con todo, pese al incremento, las cifras de casos que se producen en Argentina siguen siendo muy inferiores a las de otros países de la región.

Disparos contra la convergencia

Una virtud que presenta Argentina en esta guerra contra la peste es, sin duda, la coordinación y armonía con la que están trabajando las autoridades de las diversas jurisdicciones. Mientras en Brasil el presidente Jair Bolsonaro se desprende de los ministros de Salud que no le obedecen o resisten sus ocurrencias, choca a menudo con sanitaristas y gobernadores (caso los de San Pablo o Río de Janeiro), y combate en discursos y actos la conducción precavida de estos, el Presidente y los gobernadores argentinos han convertido la estrategia contra la pandemia en política de Estado, subordinando a ella las lógicas partidarias. Gerardo Morales, el gobernador radical de Jujuy, recomendó a “quienes se sientan molestos por este trabajo con el gobierno nacional, que vayan al psicólogo”.

¿Hay gente que se ha molestado? Sí, la hay: en los bordes de las dos coaliciones principales -Frente de Todos y Juntos por el Cambio- hay quienes desconfían de la convergencia y prefieren alimentar la confrontación. El irónico consejo de Morales está dirigido a gente de su propio palo, a la tendencia “intransigente” que difunde desconfianza y censura sobre la actitud de los gobernadores de Juntos por el Cambio (en especial sobre el jefe de gobierno porteño y el propio Morales). De la vereda de enfrente, se ha visto a intendentes y algunas otras expresiones que se referencian en la señora de Kirchner azuzar divergencias con Horacio Rodríguez Larreta y sugerir inclusive que se cierren los accesos a la Capital Federal desde la provincia de Buenos Aires. Los extremos de la gastada grieta disparan contra los que convergen y cooperan en el centro del escenario y esos ataques son celebrados por el sistema de intereses que medran con el debilitamiento del Estado y la sociedad argentina.

La foto del último viernes de Rodríguez Larreta y Diego Santilli con el Presidente en Olivos, cambiando ideas sobre las próximas medidas para enfrentar la pandemia debe leerse como una respuesta a las presiones de los extremos y de los intereses. Como suele decir el papa Francisco: “la unidad supera al conflicto”.

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