Salud

Disfunción eréctil: los mitos que impiden al hombre consultar a tiempo

El mito acerca de lo que debería ser la masculinidad y otros resabios culturales aún siguen siendo para muchos varones un obstáculo que los inhibe de hablar del tema y retrasa la consulta.

por Leonardo Coscia

El sexo involucra siempre cuerpo y mente, y aunque los prejuicios sobre la masculinidad digan otra cosa, la disfunción eréctil es un problema de salud donde lo emocional y lo orgánico siempre están presentes, de manera diferente en cada persona.

La erección del miembro viril -con la que cada hombre convive desde que nace- simbolizan culturalmente tantas cosas que a veces el hombre se olvida de que su pene es un órgano más de su cuerpo, y como tal no responde a la voluntad ni a ninguna obligación

Ante un dolor de pecho, por ejemplo, la persona normalmente consulta al médico con la inquietud de que algo funciona mal en su organismo, y de que eso puede ser peligroso para su salud.

Pero esa actitud suele ser muy diferente de lo que ocurre ante una disfunción eréctil: por lo común, a quien la padece sólo le importa que su pene esté funcional cuanto antes, sin preguntarse siquiera qué le pasa.

Y esa es la preocupación que suele transmitirle al médico cuando consulta.

“Existe una banalización del pene, como si no fuera un órgano que forma parte del cuerpo del hombre”, explicó el urólogo Sergio Pusarelli, especializado en el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas en Boston Medical Group (BMG).

Alzar un dedo y tocarse la nariz es un movimiento voluntario: cualquiera puede hacerlo inmediatamente cuando lo desea; la erección del pene durante una relación sexual, en cambio, no es un movimiento voluntario, sino la respuesta fisiológica de un órgano (de modo que siempre involucra factores orgánicos) a ciertos estímulos físicos y mentales que a la persona le resultan placenteros (es decir que siempre involucra también factores emocionales).

“La manera en que esos factores orgánicos y emocionales actúan en cada persona es lo que los especialistas tenemos que descubrir cuando nos llega al consultorio con una disfunción sexual, porque para solucionar el problema es necesario verlo como lo que es, y no como lo que el paciente cree que es”, sostuvo Pusarelli.

La creencia errónea y a veces inconsciente de que la erección funciona como un “movimiento voluntario” es una simplificación que forma parte, según asegura, de una banalización que tiene consecuencias en la vida sexual de las personas.

“Muchos hombres lo toman como si la erección fuese una obligación”, apuntó, por su parte, Fabián Gómez, también médico urólogo.

Gómez recordó que “además, cada hombre tiene normalmente unas tres o cuatro erecciones fisiológicas al día, despierto o dormido, sin ninguna necesidad de estimulación erótica”.

Tanto las erecciones fisiológicas como las que son producto del estímulo erótico implican un intenso flujo sanguíneo por los cuerpos cavernosos a través de una red de muchísimas pequeñas arterias.

“Esos procesos naturales oxigenan los tejidos y ayudan a preservar la función eréctil, y cuando no ocurren, las células comienzan a deteriorarse. Por eso es muy importante que la persona consulte al médico lo antes posible cuando siente que tiene problemas de erección, porque en general son reversibles, pero si se mantienen en el tiempo sin tratamiento pueden tornarse irreversibles”, advirtió Gómez.

Por la importancia que tiene el buen funcionamiento de las arterias para que ocurra la erección, se entiende fácilmente que el pene, como órgano, sea uno de los principales candidatos a verse afectado ante cualquier problema del sistema circulatorio: enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión arterial.

“Por eso el tabaquismo, la obesidad, el colesterol alto y otros factores de riesgo que afectan a la salud en general pueden convertirse también en factores de riesgo para la disfunción eréctil, y la disfunción eréctil debe ser motivo de consulta médica porque puede, al margen de la vida sexual, estar ‘avisando’ de una amenaza mayor para la salud”, manifestó Pusarelli.

La consabida mitología acerca de lo que supuestamente debería ser la masculinidad -estereotipos de género-, las connotaciones de poder que hicieron que antiguamente se llamara “impotencia” a un problema médico y otros resabios culturales, aún siguen siendo para muchos varones -afortunadamente, cada vez menos- un obstáculo que los inhibe de hablar del tema y retrasa la consulta.

“Las personas más jóvenes son mucho más desinhibidas para hablar de lo que les pasa en su vida sexual, pero los que hoy tienen cincuenta todavía tienen en general una cultura muy restrictiva en torno de estos temas”, remarca Pusarelli.

Cuando un paciente llega al consultorio aquejado por un problema de disfunción eréctil, los especialistas aplican un protocolo médico cuyo primer paso es un detallado interrogatorio, complementado con una batería de estudios clínicos, principalmente vasculares.

“A partir de eso se hace un diagnóstico, y el siguiente paso es informar al paciente por qué se da el problema, por qué se perpetúa, cómo lo vamos a tratar, según la magnitud y la severidad del problema”, indicó Pusarelli, en referencia al trabajo que realiza en el BMG, una alianza internacional de centro de salud especializados en el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas, con más de un millón de pacientes tratados a nivel mundial.

El especialista destaca la importancia de dar “una buena explicación”.

“Los pacientes que nos consultan son adultos, no podemos simplemente decirles ‘Tomate esto que te va a ir bárbaro’, porque eso no ayuda a que la persona entienda cuál es el problema que lo afecta”, añadió.

En ese sentido, dijo que la idea de que una pastilla puede resolverlo todo, sostiene, “otro mito popular”.

“La famosa pastilla puede alcanzar en casos leves o aquellos donde el varón no se tiene confianza, pero la realidad dice que hay incluso personas sanas a las que no les hace efecto, que hay problemas con su uso como sucede con cualquier medicamento, y que la disfunción eréctil sigue siendo un problema para miles de hombres”, comentó.

Por eso, a la hora de buscar respuestas a la pregunta de “¿Qué me pasa?” es muy importante no buscar la respuesta en estereotipos ni creencias sin fundamento, ni en pensar que existe una solución mágica que permitirá solucionar el problema.

NA.

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