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Opinión 21 de marzo de 2026

Economía, moral y política de estado

Panorama político nacional de los últimos siete días

Por Jorge Raventos

Antes de viajar a Hungría para participar de una nueva cumbre ultraconservadora y saludar a Viktor Orban, el primer ministro que el 12 de abril juega su década y media de liderazgo en elecciones legislativas, Javier Milei celebró un dato relacionado con la inflación argentina: el índice de precios mayoristas subió en febrero un 1 por ciento, mientras el mes anterior había sido de 1,7 por ciento. Milei festejó el punto y lo consideró una evidencia de un pronóstico suyo: que la inflación general “empezará en 0” a partir del mes de agosto. Milei argumentó que la tendencia de los precios mayoristas anticipa lo que podría ocurrir en los precios al consumidor.

¿Cero en agosto?

El índice mayorista, sin embargo, sólo toma en cuenta precios de productos de consumo sobre los que incide marcadamente el bajo costo de los importados (que golpean sobre otros flancos: la producción nacional y el empleo) pero no refleja los ajustes de tarifas y combustibles que tienen un peso creciente en el bolsillo de la gente.

Es comprensible que el gobierno subraye los datos que mejor visten su narrativa habitualmente autocelebratoria, ya que hay otras informaciones que pesan sobre el platillo opuesto de la balanza. El dato de inflación de febrero difundido hace unos días por el INDEC ( 2,9 por ciento) no solo superó las expectativas que el gobierno venía voceando, sino que prolongó la tendencia alcista que ha llegado a los diez meses ininterrumpidos. Una tendencia que probablemente se extenderá en marzo impulsada tanto por factores externos como la crisis energética derivada de la guerra contra Irán (donde los cálculos optimistas de Donald Reagan parecen están chocando con la realidad), como por circunstancias internas: la carne, uno de los rubros relevantes de la canasta de consumo, ya lleva cinco puntos porcentuales de aumento en lo que va del mes, que se suman a los 7 puntos de febrero. “Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso”, debió admitir el ministro de Economía, Luis Caputo, esta semana.

El disgusto

Milei cree otear un porvenir más agradable a partir de los precios mayoristas, pero desde mayo del año pasado, el ritmo de aumento de precios al consumidor dejó de caer. Este estancamiento se produce en un contexto en el que crecen las tensiones en el frente productivo y laboral. Sectores industriales advierten sobre cierres de empresas, caída de la actividad y deterioro del empleo registrado, configurando un cuadro que empieza a erosionar el respaldo económico del programa oficial. En la calle se empieza a observar un viraje hacia el disgusto.

Los datos del mercado de trabajo refuerzan ese diagnóstico. El desempleo cerró el cuarto trimestre de 2025 en 7,5%, el nivel más alto desde la pandemia, alcanzando a cerca de 1,7 millones de personas. La cifra implica un aumento de 156.000 desocupados respecto del trimestre anterior, cuando la tasa era de 6,6%.

El impacto no es homogéneo. En términos etarios, los jóvenes aparecen como el grupo más afectado: entre las mujeres de 14 a 29 años, la desocupación trepó al 16,8%, mientras que en los varones de la misma franja alcanzó el 16,2%.

En términos geográficos, el conurbano bonaerense es el que concentra una porción significativa de este deterioro.

El cuadro laboral se completa con señales de creciente precarización. Se reduce el empleo asalariado formal y aumenta la proporción de trabajadores en condiciones inestables. A esto se suma un dato preocupante: casi un tercio de los desocupados (30,9%) lleva más de un año en la búsqueda de empleo. lo que revela dificultades estructurales para la reinserción.

Rigidez, gradualismo, moral

En este contexto, el Gobierno enfrenta un delicado equilibrio. Por un lado, busca sostener los logros en materia de desinflación; por otro, debe atender las crecientes demandas de un entramado productivo y social que empieza a mostrar signos de fatiga. La evolución de los precios en los próximos meses —y su impacto sobre la actividad y el empleo— permitirán observar si se consolida la rígida fórmula del modelo de Milei o si se vuelve necesaria alguna adecuación más gradualista.

En el sentido de una eventual flexibilización empujará, entre otros factores, la necesidad de mantener abierta la negociación con los aliados que le permiten al gobierno una cierta comodidad parlamentaria que su propia fuerza no está en condiciones de garantizar sin esa ayuda.

En rigor, la fuerza propia de Milei –los equipos de gobierno y el partido La Libertad Avanza- aunque le permitió sumar número legislativo, le provoca permanentes reveses autoinfligidos.

El caso del jefe de gabinete, Manuel Adorni, es un ejemplo de esto último: el vértice libertario realizó un sostenido esfuerzo para impulsarlo a la notoriedad pública y pulirlo para lanzarlo el año próximo a la candidatura de jefe de gobierno porteño y librar, con él a la cabeza, la batalla de la Capital contra el macrismo. Ahora, en el curso de una semana, esa construcción se ve fuertemente malograda por repetidos tropiezos propios protagonizados por el hoy enmudecido vocero presidencial. Primero fue el viaje de garrón de su mujer a Nueva York en el avión y la comitiva oficial. Esa picardía podría haber sido disculpada, pero Adorni la justificó con argumentos que despertaron poca simpatía en las redes. De inmediato, la revelación de un viaje previo de toda la familia en jet privado hacia y desde Punta del Este empeoró el cuadro y esta semana sumó otro clavo en ese cajón la noticia –expuesta en denuncia ante la Justicia por la diputada Marcela Pagano, electa en listas de La libertad Avanza- sobre una propiedad en un country con golf y equitación de Exaltación de la Cruz, que Adorni no habría enunciado en su declaración jurada como funcionario y que, a ojo de buen cubero, difícilmente podría sostener con sus ingresos registrados.

Semejante dosis de información negativa acumulada en tan poco tiempo daña muy especialmente a alguien que, como vocero presidencial ,se ocupó de denunciar hechos de ese mismo carácter atribuidos a políticos de otras líneas políticas y también a una fuerza que se presenta enarbolando la bandera de la moral como política de estado.

Justamente sobre ese flanco están impactando las noticias sobre Adorni así como las que se relacionan con la investigación judicial sobre el caso $Libra y los datos que surgen del teléfono celular de un asiduo visitante de la Casa Rosada y de Olivos conectado al vidrioso lanzamiento de esa criptomoneda. Los analistas de redes sociales registran un enorme intercambio sobre estos temas en el que no prevalece, precisamente, la buena onda con esos comportamientos. Ese partido los libertarios lo están perdiendo en un terreno en el que durante largo tiempo fueron hegemónicos. Es un lastre para un gobierno que está trabajando con la mirada puesta en la elección de 2027 y la expectativa de una reelección.

Una luz amarilla

La reaparición pública de Mauricio Macri al frente del Pro señaló otro punto de riesgo para las esperanza libertarias en relación con 2027. El congreso militante que encabezó Macri la última semana se deslizó en puntillas por una fina línea de apoyo crítico, enfocada en no precipitadamente las divergencias con el gobierno pero, en paralelo, a refirmar la voluntad de presentarse autónomamente en 2027, una amenaza de división para el “partido del ballotage” que impulsó a Milei a la Casa Rosada.

““Estamos preparados para acompañar, pero también para reemplazar y ser los próximos”, resumió la intendenta amarilla de Vicente López, Soledad Martínez. “Acá nos estamos preparando para competir en todo el país en 2027”, disparó María Eugenia Vidal. Macri prefirió moderar el tono: “Lealtad es apoyar lo que está bien y señalar lo que está mal”, afirmó y prometió no pasar a la oposición; se declaró orgulloso de que seis ministros del actual gobierno tengan origen en el Pro.

La fuerza amarilla se propone como “continuadora” de Milei, capaz de ofrecer sustentabilidad y personal capacitado a su programa (aunque también insinúa la necesidad de flexibilizarlo para “disminuir el sufrimiento social”). Por el momento pretende galopar a su costado y se propone que la Casa Rosada no desafíe la continuidad del macrismo en la ciudad de Buenos Aires, la base del poder del Pro. En ese sentido, el súbito debilitamiento del principal candidato libertario porteño (Adorni) quizás abre un corredor para que la trabajosa ilusión de una alianza amarillo-violeta con eje en la Capital se prolongue unos meses, pero difícilmente llegue viva a la hora de las urnas.