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El albañil acusado del asesinato de dos jubiladas negó los cargos: “No estuve en las casas de las víctimas”

Jonathan Darío Cáceres negó haber estado en los domicilios de María Angélica Rossi y Elizabet Othondo los días en los que ocurrieron los homicidios, durante la primera jornada del juicio que se lleva a cabo en el Tribunal Oral en lo Criminal Nº2.

El albañil acusado por dos asesinatos de jubiladas que lo habían contratado para efectuar refacciones en sus respectivas casas negó los cargos este lunes, en la primera jornada del juicio que se lleva adelante en la sala del Tribunal Oral N° 2.

Jonathan Darío Cáceres dijo que no estuvo en los domicilios de María Angélica Rossi (77) y Elizabet Othondo (81) los días en los que se produjeron sendos crímenes.

De esta forma, intentó poner en duda la investigación encabezada por la fiscal Florencia Salas, quien igualmente adelantó que mantendrá la imputación contra Cáceres por “homicidio triplemente agravado y homicidio cuádruplemente agravado”, delitos que prevén la pena de prisión perpetua.

Se espera que este jueves, tanto la fiscal Salas como la defensa oficial de Cáceres expongan sus alegatos ante los jueces Federico Cecchi, Roberto Falcone (h) y Alexis Simaz.

En la primera audiencia llevada a cabo este lunes declararon el imputado, una de las hijas de Rossi, un vecino y una amiga, entre otros testigos de la fiscalía.

El primero, por pedido de su abogado defensor Claudio De Miguel, fue Cáceres, quien negó rotundamente los hechos por los que se lo acusa, como así también haber facilitado las llaves y dirección de su domicilio a los policías que lo detuvieron.

“El 5 de mayo  no me encontraba en el lugar de los hechos. Ese día no trabajé, fui a comprar marihuana y volví a mi vivienda. No estuve en el domicilio de la víctima en ningún momento. Y en el segundo hecho, el 2 de junio yo me retiré de mi casa a las 7.30 porque tenía que ir a trabajar, pero en el camino me llamó mi jefe para que no vaya porque estaba lloviendo, por lo que después de tomar un café y pasear por la plaza volví a mi departamento”, expresó Cáceres en primera instancia.

“Por eso nunca estuve en la casa de la víctima, mucho menos entre las 5 y las 7 de la mañana como dice la fiscalía, porque me levanto todos los días entre las 7.30 y las 8.30”, subrayó.

Ante las preguntas de su abogado De Miguel, el imputado desarrolló sobre su forma de vida como dónde vivía, con quién convivía y quiénes eran sus compañeros de trabajo e incluso su jefe, y las tareas que desarrollaba.

Respecto a las fechas de los asesinatos de ambas mujeres, Cáceres aseguró estar trabajando en dos domicilios diferentes: “Uno era cerca de la Ruta 2 y el otro cerca de la casa de la víctima, donde me detuvieron en junio”.

En relación al momento de su detención, el acusado relató que ocurrió mientras se dirigía a comprar pintura, cerca de Independencia y Juan B. Justo, para terminar el trabajo de una vivienda. “Sin decirme que eran policías, me detienen en la calle y me empiezan a pegar; pensé que me querían robar”.

Y continuó: “Me detuvieron como si fuera una persona en situación de calle. Pero yo tenía domicilio por lo que les otorgué las llaves y les indiqué mi dirección porque no tenía nada que ocultar“.

Esto último lo reiteró al ser interrogado por la fiscal Salas. “Soy una persona que lamentablemente cometí delitos durante muchos años y sé que si tengo algo de un hecho delictivo, no le voy a dar mi dirección a la policía; sin embargo se la dí esta vez”.

Previamente, la fiscalía le pidió explicaciones sobre el hallazgo de sangre de María Angélica Rossi en unas zapatillas Fila y de Elizabet Othondo en un pantalón de jogging gris, secuestrados el día del allanamiento en su habitación. Ante ello, Cáceres dijo que “no tenía esas zapatillas en mi departamento y respecto al pantalón clarito, ese día yo usaba un jean oscuro, como se ve en las imágenes”, haciendo referencia a los fotogramas presentados anteriormente por Salas, en los que el acusado se reconoció, mientras circulaba cerca de la vivienda de Othondo.

VECINOS Y AMIGAS

Tras la declaración de una de sus hijas, fue el turno de uno de sus vecinos, quien conocía a angélica Rossi desde hacía más de 20 años. “Ví un movimiento extraño en la casa de Angélica, con amigas que la estaban llamando y no respondía. En ese momento crucé con otro vecinos y decidimos entrar a la casa para ver si estaba en el domicilio. Entramos por la puerta de atrás que estaba abierta y vimos desorden y había olor a quemado y a gas. Recorrimos las habitaciones, pero estaba todo medio oscuro”, remarcó sobre el 5 de mayo de 2023.

Luego comentó que tenía conocimiento que un mes antes había visto que le estaban haciendo arreglos en el techo de la casa, como así también que viajaba a Estados Unidos, porque la propia víctima se lo había comentado debido a que le encomendaba pintar la vivienda en su ausencia.

Además reconoció que en más de una oportunidad había ingresado al domicilio de Rossi y que la puerta trasera habitualmente estaba cerrada por dentro.

En tanto, De Miguel le preguntó si con anterioridad la vecina había sido víctima de un robo anterior. “Dos meses antes le robaron, pero en el barrio eso es recurrente”.

Por otra parte, una amiga de Rossi expuso que la conocía hacía más de 40 años y contó la forma de ser de la mujer desde que le gustaba hacer y sus rutinas.

El día anterior de su muerte, esta mujer fue la última vez que la vio. “Salimos a recoger hongos por unas horas y alrededor de las 17 volvimos a su casa, tomamos un café y una hora más tarde me fui. Quedamos en que yo la llevaba a tomar el micro para ir a Buenos Aires y de ahí viajar a Estados Unidos y visitar a una de sus hijas”, destacó.

EL CASO

El 5 de mayo de 2023 Rossi fue asesinada en su casa del Bosque Peralta Ramos. El cuerpo apareció parcialmente calcinado tras un incendio que, de acuerdo a la hipótesis fiscal, fue provocado para borrar rastros.

En la escena quedó una huella de zapatilla impresa en sangre que sobrevivió al fuego y que, tras un peritaje especializado, fue atribuida a un modelo Fila que luego sería secuestrado en poder del imputado. Además, se detectaron manchas hemáticas cuya morfología no correspondía a la víctima y que coincidían con una lesión que Cáceres exhibió al día siguiente del crimen.

Casi un mes más tarde, el 2 de junio, Othondo fue atacada en su vivienda del barrio San José. La fiscalía sostiene que fue sorprendida cuando salía a una clase de inglés, obligada a reingresar a la casa, golpeada hasta provocarle la muerte y que, al igual que en el caso anterior, el agresor abrió hornallas y generó focos ígneos para simular un accidente o destruir evidencias.

En ambos hechos, el denominador común habría sido el acceso previo del acusado a los domicilios como peón de techista, lo que le permitió conocer la disposición interna de las viviendas y, en el caso de Rossi, detalles personales como un inminente viaje.

La investigación también vinculó a Cáceres con la comercialización de objetos robados: las computadoras sustraídas en ambas casas fueron recuperadas tras allanamientos y testimonios que las conectaron con el acusado.

 

 

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