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Opinión 28 de julio de 2019

El arma letal de la gobernadora

La gobernadora Vidal recibió una "ayudita" extra de cara a las PASO.

Por Jorge Raventos

Esta semana, volvió a exhibirse el arma letal de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, la misma que le permitió llegar triunfalmente a la Casa de Dardo Rocha en La Plata cuatro años atrás. A Aníbal Fernández le alcanzó esta vez con una declaración por radio para desencadenar una rápida reacción social en beneficio de Vidal: proclamó que él jamás le confiaría sus hijos a la gobernadora. “Por ahí se los dejo a Barreda, a ella no” -disparó.

Rápido de reflejos, el diputado Facundo Moyano salió a tomar distancia y caracterizó con acidez la actitud: “Repudio el comentario de Aníbal Fernández comparando a la gobernadora con un femicida -escribió Moyano en las redes sociales-. No sólo daña la excelente campaña de Kicillof sino que ensucia el debate de ideas que requiere la política”.

Con todo, no había ya trino de Twitter capaz de deshacer los efectos de la provocativa frase del ex jefe de gabinete, cuyo apellido, iniciales y antiguas funciones para sectores del electorado siguen, para colmo, confundidos con los de Alberto Fernández, el candidato presidencial. ¡Mil gracias, Aníbal!, habrán repetido en intimidad la gobernadora y Mauricio Macri.

De todos modos, faltan aún dos domingos hasta las PASO y otros dos meses hasta la elección general y es difícil que el oficialismo vuelva a beneficiarse de aquí en más con otra performance parecida de Aníbal Fernández: alguno o alguna del equipo FF se encargará, probablemente, de amordazarlo hasta después del comicio (aunque ahora como candidato a concejal en Pinamar él se resiste a dejar el palco).

Sin alguna ayuda constante de Aníbal Fernández la situación electoral de la gobernadora se ve difícil: tiene que descontar una amplísima diferencia (más de veinte puntos) que su boleta sufre en los partidos del conurbano. Allí debe sobrellevar la carga de la boleta completa: aunque ha recuperado algunos puntitos en ese escenario, el nombre de Mauricio Macri a la cabeza del ticket electoral perjudica a la gobernadora. Sus estrategas confían en ella y en su capacidad de recuperar terreno: han decidido ahora retirar de la boleta la imagen de su candidato a vice y dejarla a ella sola en esa foto convocando el respaldo ciudadano.

Mauricio depende de María Eugenia

La jugada bonaerense es vital para la suerte de la candidatura presidencial oficialista. Ya se sabe que la provincia es la madre de todas las batallas. Con un décimo del territorio nacional, Buenos Aires contiene a 4 de cada 10 votantes del país. El peso electoral bonaerense ha sido comparado con la gravitación conjunta de los estados de California, Texas y Nueva York en los comicios estadounidenses. ¿Se puede llegar a la presidencia sin triunfar en la provincia de Buenos Aires?

Esa circunstancia sólo se dio una vez en la historia y ocurrió hace poco más de un siglo. En 1916, Hipólito Yrigoyen -cuyo liderazgo partidario se asentaba, precisamente, en el comité radical bonaerense- pudo llegar a la Casa Rosada pese a que la UCR fue derrotada en su provincia. Don Hipólito no tardó demasiado en corregir esa anomalía: en 1917 intervino el distrito, los radicales eliminaron el hasta entonces invicto predominio conservador y adecuaron la administración de la provincia a la línea del gobierno central.

Esta vez es difícil que se repitan aquellas situaciones excepcionales: tanto que quien gane la presidencia pierda en Buenos Aires como que, si eso ocurriera, el Presidente esté en condiciones de intervenir la provincia.
Por eso para el gobierno de Mauricio Macri la victoria de Vidal sobre Kicillof es un desafío existencial.

Economía y círculo rojo

La situación económica es el decisivo telón de fondo que enmarca esta puja. El gobierno muestra con esperanza signos que considera constituyen una tendencia (aunque teme que se trate de una tendencia parsimoniosa). Observa un movimiento positivo en la producción (que crece, por cierto, así sea sostenida casi en exclusividad por el enorme empujón del campo y la colaboración de Vaca Muerta).

En el otro platillo se nota la realidad más acuciante, la que quizás más incida sobre el voto. Por ejemplo: según el INDEC sólo la mitad de los trabajadores en blanco ganan por encima de 31.719 peso, una cifra que se encuentra justo al borde de la línea de pobreza (que para una familia tipo se ubicó en junio en 31.148 pesos). Esto implica que la otra mitad de trabajadores registrados (no ya los informales ni los desempleados), están por debajo de ese fatídico límite. Un dato que explica en buena medida el malestar de la clase media asalariada.

La paz cambiaria que venía reinando en los últimos dos meses se vió interrumpida la semana que concluye. Influido por nuevas encuestas adversas para el oficialismo el dólar experimentó un pequeño brinco, acompañado por el riesgo-país. Quizás se trata de una leve advertencia de lo que podría ocurrir el lunes 12 de agosto si los vaticinios demoscópicos se confirman en las PASO y si la desventaja del oficialismo que estas marcan es considerable.

Un sector del llamado “círculo rojo” empieza a meditar sobre la posibilidad de que en octubre la suerte sea esquiva para la boleta del presidente. A ese talante hay que adscribir las recientes declaraciones (en Chile) del economista argentino Guillermo Calvo, un académico que enseña en Estados Unidos y es referente de organismos internacionales.

Para Calvo, “de repente, Cristina es lo mejor que le puede pasar al país”. Según él, la gestión económica de Macri ha sido mala y “un gobierno con Cristina puede ser más creíble que el de Macri, que subiría sin la capacidad de decir lo que hice estuvo mal”.

Para Calvo es indispensable hacer reformas fuertes y, aunque esas reformas no aparecen en el programa de la fórmula Fernández-Fernández, él estima que sería éste el sector más capaz de emprenderlas: “un gobierno con Cristina -opina- va a aplicar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobierno previo”.

Calvo nunca estuvo al frente de un ministerio de Economía, aunque muchas veces fue tentado. Sus palabras -por polémicas que puedan sonar para algunos-aluden a un hecho cierto: para encarar reformas profundas y atravesar una etapa de cambios se necesita un gran respaldo político.

El que gane en octubre tendrá la mitad de ese camino allanado.