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El País 5 de julio de 2026

El arzobispo de Buenos Aires llamó a no ser indiferentes ante la pobreza

Monseñor García Cuerva vinculó el compromiso cristiano con la defensa de la dignidad humana y el acompañamiento a los más necesitados.

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Jorge García Cuerva.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió fortalecer el compromiso para aquellos ciudadanos que padecen actualmente “el agobio de la falta de trabajo y la aflicción de la pobreza”, durante la homilía que brindó en una iglesia del barrio porteño de Belgrano.

“No queremos ser indiferentes, no queremos que nos ganen la crueldad y el individualismo”, afirmó García Cuerva, quien celebró la misa junto al obispo de La Rioja y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Dante Braida.

Durante su alocución, el arzobispo remarcó la necesidad de acompañar a quienes sufren “el agobio de la falta de trabajo, la aflicción de la pobreza, el dolor de los enfermos, la soledad de nuestros abuelos, el sufrimiento de quienes están a la intemperie en las calles de la ciudad”.

García Cuerva encabezó la misa en la Iglesia San Patricio de Belgrano, al cumplirse 50 años del asesinato de los curas palotinos -tres sacerdotes y dos seminaristas-, un hecho atribuido a las fuerzas vinculadas al gobierno mlilitar, que llevaba unos pocos meses en el poder tras el golpe de Estado de marzo de 1976.

En ese sentido, xpresó que “su delito fue pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana”, al referirse a los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, acribillados en la madrugada del 4 de julio de aquel año dentro del templo.

“La alfombra roja manchada de sangre nos recuerda el costo de esa fidelidad. Cinco vidas, tres sacerdotes y dos seminaristas, que esa noche de julio vieron interrumpida su entrega por el odio y la violencia ciega. Y no fue la muerte de individuos aislados; fue el testimonio de una comunidad, de una fraternidad que incomodó al poder de turno porque vivía el Evangelio sin anestesia”, concluyó.