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El beach volley sin medallas, algo que no ocurría desde Río 2007

Gallay y Pereyra perdieron el partido por el tercer puesto. Se confirmó que la entrerriana y la sanjuanina, radicadas en Mar del Plata, jugaron su último torneo juntas.

Por Marcelo Solari

Argentina se quedó este viernes a las puertas de una tercera medalla panamericana consecutiva en el beach volley femenino, luego de la derrota de Ana Gallay y Fernanda Pereyra ante la dupla estadounidense (Corinne Quiggle-Sarah Murphy) en el partido por el tercer puesto.

Las norteamericanas se impusieron por 21-18 y 21-10, en 38 minutos.

El partido tuvo una connotación muy especial y emotiva para el dueto “albiceleste”, ya que oficialmente se confirmó que la entrerriana y la sanjuanina, radicadas en Mar del Plata, jugaron su último torneo juntas. Un ciclo sumamente exitoso de cinco años, el cual incluyó podio panamericano, participación olímpica, un sinfín de alegrías y también de las otras, con lesiones e intervenciones quirúrgicas incluidas, llegó a su fin.

Lógicamente, ambas dejaron escapar alguna lágrima después del partido. Acaso un poco a causa de la derrota, pero sobre todo, por este camino que bifurca a partir de ahora. Gallay continuará en actividad y Pereyra está analizando seriamente su continuidad o no en el deporte.

En el encuentro frente a las estadounidenses, el primer set se definió por detalles, después de un buen trabajo de las chicas argentinas en bloqueo y defensa. Pero en el segundo, Quiggle-Murphy abrieron rápido una brecha en el resultado, Gallay-Pereyra fueron perdiendo precisión, se mostraron irregulares en la recepción y no hubo regreso posible porque ya no hubo respuestas mentales para superar la adversidad.

Al margen de la particular situación por tratarse del último partido, también se escucharon algunos autorreproches de ambas, por la imagen de ese segundo set. Pero ciertamente, si hay algo que se debe reconocer a las dos, siempre, es el compromiso y la entrega.

Foto: Alejandro Salgado / COA

En definitiva, en el Parque Peñalolén, se cerró el beach volley panamericano sin medallas argentinas, algo que no ocurría desde Río de Janeiro 2007. En Guadalajara 2011 ganaron el bronce los marplatenses Santiago Etchegaray y Pablo Suárez; en Toronto 2015, Gallay y Georgina Klug se quedaron con el oro; y en Lima 2019, Gallay-Pereyra habían obtenido la plata.

Tal vez el cuadro de honor no le hizo justicia al muy buen torneo de las dos duplas argentinas, ya que los hermanos rosarinos Tomás y Nicolás Capograsso estuvieron muy cerca de clasificarse a las semifinales, luego de una fase de grupos impecable (tres victorias sin dejar sets por el camino). El cruce de cuartos de final les puso adelante a Brasil (Loyola-Souto), que se impuso 17-15 en el tie-break en un partido trepidante.

Un marplatense en la final

De todas maneras, Mar del Plata estuvo presente en la definición del beach volley masculino. La organización del vóley de playa de los Juegos Panamericanos designó como árbitro principal a Martín Medina, un alto honor para un hombre que siempre ha trabajado a destajo para el vóley (indoor y outdoor) más allá de su función específica.

La medalla de oro correspondió a Brasil (Loyola-Souto), tras vencer a Cuba (Alayo-Díaz), por 2-1 (21-12, 19-21 y 15-13, en 56 minutos. Y el festejado bronce, con el presidente Gabriel Boric en las gradas, fue para los primos Marco y Esteban Grimalt, verdaderos próceres del deporte chileno y muy queridos por la gente, tras imponerse a los estadounidenses Weber-Smith, por 2-1 (21-14, 18-21 y 15-12).

Entre las mujeres, el título y el oro se lo llevaron las número uno del mundo, las brasileñas Silva-Santos, tras vencer a las canadienses (sextas del planeta), por 2-0 (22-20 y 21-18).

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