Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
Mar del Plata vivió un fin de semana con intenso movimiento turístico y presencias políticas. De Patricia Bullrich a Axel Kicillof (más en plan descanso dejando en Carlos Bianco, el ministro de Gobierno, el trabajo más fuerte) pasando por consultores políticos como Daniel Ivoskus quien llegó con su nuevo libro Gobernicar (El kamasutra del poder) bajo el brazo. No obstante, el plato fuerte político llegará a fin de mes ya que se confirmó el anticipo de esta sección: viene el presidente Javier Milei. Sonrisas en el sector turístico, especialmente el fin de semana cuando creció el 65 % de ocupación que marcaron los hoteleros. El buen tiempo del domingo renovó las ilusiones ratificándose además un fenómeno: la presencia de mucha gente de la zona haciendo turismo de escapada por dos días. Al mismo tiempo se ratificó lo que se viene viendo en las últimas temporadas: Mar del Plata es la elegida por los jóvenes. Hubo una multitud movilizada y un gran operativo de seguridad para garantizar una pacífica desconcentración.
En cuanto a la política lugareña, se hablaba en muchos de los asados, encuentros playeros e inauguraciones de los últimos días de la situación financiera de la comuna y del presupuesto que se apresta a elevar el Ejecutivo para ser aprobado por el Concejo Deliberante. Será un hecho importante para visibilizar la real fortaleza y cohesión de la alianza gobernante (PRO, Libertad Avanza y UCR) del “modelo Mar del Plata” al que se esfuerza por darle continuidad el intendente Agustín Neme. Sin rodeos, las miradas o la atención se centrarán en el momento en que haya que votar, por ejemplo, la tasa vial, la que detestan desde Javier Milei hasta su ministro de Economía, Luis Caputo. ¿Qué harán los concejales de Alejandro Carrancio, diputado provincial y máximo referente de La Libertad Avanza? ¿Y la UCR?. Cuestiones que se dilucidarán en las próximas semanas.
En pleno enero marplatense, mientras la arena cruje bajo las patas de turistas y vendedores ambulantes, apareció un invitado político que no suele pasar desapercibido: Patricia Bullrich. La jefa del bloque oficialista en el Senado desembarcó en Mar del Plata con un objetivo claro, aunque con la lona política medio torcida por el viento: relanzar el debate sobre la reforma laboral que impulsa el gobierno nacional. Bullrich jugó sus cartas desde temprano: recorridas por la ciudad, reuniones con comerciantes, empresarios y referentes locales, y el clásico conversatorio sobre la “Modernización Laboral” en el Torreón del Monje, donde ratificó que el proyecto seguirá vivo y, a la vez, admitió que se aceptarán cambios para lograr mayor consenso. “Vamos a aceptar cambios, pero que sea una ley que cambie realmente las cosas”, dijo, dejando claro que la idea oficialista es amoldar el proyecto sin renunciar a su esencia transformadora.
Pero no todos compartieron el entusiasmo. Su llegada estuvo marcada por alguna manifestación y abucheos, con cánticos contra su presencia y carteles que la dejaron en claro en términos coloquiales: “nefasta” y “casta” fueron algunos adjetivos repetidos por quienes se concentraron para expresar su rechazo a la reforma. En sus declaraciones también hubo guiños políticos que dan tela para cortar: Bullrich no vino “a pasear” ni a tomar mate. Sostuvo que la reforma laboral es la llave para “destrabar el empleo” y liberar el potencial productivo de la Argentina, señalando que la resistencia sindical es en realidad resistencia a que la gente pueda trabajar en blanco. Y como en toda jugada política que se precie, hubo también un componente de gestión local: Bullrich se movió entre empresarios y pymes —especialmente del turismo y la pesca— para vender la idea de que la reforma podría dinamizar el empleo y la inversión allí donde más se necesita.
Al caer el sol sobre Mar del Plata, la visita de Bullrich quedó registrada como un capítulo político intenso en plena temporada alta: discurso firme, manifestaciones a la vista, búsqueda de apoyos para una ley clave y, como siempre en esta ciudad, una audiencia crítica. Bullrich tuvo tiempo también para reunirse con el intendente Agustín Neme. “Gracias Agustín por el recibimiento. Tienen una ciudad espectacular y que brilla. Estoy convencida de tu capacidad y compromiso de continuar la gran gestión de Guillermo” (por Montenegro), escribió en sus redes sociales al tiempo que sobre la reforma laboral, Bullrich, quien concurrió al teatro a ver el espectáculo de Fátima Florez donde es imitada, dijo que la idea “es que vean la importancia de apoyar un cambio laboral que va a ser para los trabajadores y las empresas”.
Mientras tanto, Carlos Bianco eligió el Gran Hotel Provincial para decir en voz alta lo que en la costa se murmura en voz baja: la temporada viene floja. “Tan floja que está por debajo del año pasado, que ya había sido malo”, acentúan desde la oposición. Traducido del idioma ministerial: el verano no arranca y el consumo no aparece. El ministro de Gobierno bonaerense no maquilló el diagnóstico. Dijo lo que pocos en enero quieren decir: hay turistas, pero no hay plata. Hoteles con un 65 % de ocupación y restaurantes mirando más la carta que la caja. “El grueso de la población tiene muchísimos problemas de ingresos”, resumió. Una frase que, leída entre líneas, funciona como explicación económica… y como crítica política. Bianco vino con libreto completo. Temporada floja, sí, pero Provincia presente. Operativo Sol, 28 mil efectivos, rutas, Rambla, eventos culturales, descuentos con Cuenta DNI y hasta créditos para irse de vacaciones y pagarlas después. Todo el menú bonaerense servido junto al mar. El mensaje es claro: si el verano no despega, no es por falta de Estado provincial. El dardo, inevitable, fue para la Nación. Según Bianco, cero promoción, cero coordinación y cero acompañamiento. Mientras tanto, Punta del Este y Brasil llenos de argentinos. El dólar barato afuera y el bolsillo flaco adentro hacen el resto. El ministro no lo dijo así, pero el concepto flotó en el aire del Provincial: el modelo cierra… pero no en Mar del Plata.
También hubo espacio para desactivar una bomba local: la supuesta “discriminación” a General Pueyrredon en la coparticipación. Bianco fue quirúrgico: el CUD no se toca, no se negocia y no se castiga. Es matemática pura. Traducción política: si llegan menos fondos, no es castigo, es cálculo. Mensaje dirigido tanto a la UCR como a La Libertad Avanza… y, de paso, a la tribuna. Sobre el nuevo intendente, Agustín Neme, hubo cordialidad protocolar y poco más. Saludos, mensajes sueltos y una frase que en política siempre significa lo mismo: “Estoy a disposición”. Por ahora, diálogo formal. El resto, silencio administrativo. Y aunque intentó correr el foco, el 2027 se coló solo. Kicillof no puede reelegir, Bianco lo repite, pero la Provincia ya funciona como laboratorio político. Seguridad, salud, educación, universidades, obra pública: capítulos bonaerenses que, llegado el momento, podrían convertirse en plataforma nacional. Parte del programa, dijo, ya está escrito. Y ejecutándose. Bianco se fue dejando una postal incómoda pero realista: temporada fría, consumo planchado, Provincia a la defensiva y Nación ausente. Un verano que se sostiene más por la épica del esfuerzo que por la alegría del gasto. El sábado por la noche tuvo su momento de distensión. Mientras el gobernador descansaba en Chapadmalal junto a su familia, Bianco tuvo a su cargo el lanzamiento de la primera bola del Casino Central. Fue ¡Colorado el 21! y la nota de color la dio el reconocido periodista Horacio Pagani quien acertó con medio pleno.
A propósito de Pagani, cumpliendo el ritual de cada temporada, participó el día anterior de la “reunión especial” de peña marplatense que nuclea a periodistas y empresarios. Desfilaron las anécdotas en el marco de una exquisita “paellada” y el colega capitalino reconoció que continuará en Canal 9 participando en “Bendita”, este año sin Beto Casella quien cambió de canal. Se comentó también que la televisión pública española anduvo de recorrida por Mar del Plata. No vino por error ni por descarte. “Más allá del fin del mundo”, el programa que conduce Paula Vázquez en RTVE, eligió la ciudad para contar una historia que a los marplatenses nos resulta bastante conocida, pero que en Europa todavía emociona: la de la inmigración gallega y su huella viva. Las cámaras pasaron por el Centro Gallego, fundado en 1952, hoy con unos 600 socios, donde todavía se habla de morriña, se baila muñeira y se discute cómo sostener identidad en tiempos de globalización y nietos argentinos. Vázquez, gallega de cuna, no ocultó la emoción: recuerdos familiares, padre ausente, cultura que no se pierde aunque cambie de orilla.
El programa mostró algo más que nostalgia. Mostró comunidad organizada, rituales que sobreviven y una Mar del Plata que no aparece en los folletos turísticos tradicionales. La ciudad como puerto de llegada, refugio y reconstrucción de vidas. No está mal que alguien de afuera lo cuente. Después vinieron las postales obligadas: lobos marinos, alfajores, tango y, para cerrar, gaitas sonando frente al mar. Combo identitario completo. Dato no menor: mientras acá seguimos discutiendo qué ciudad queremos mostrar y cómo venderla, desde la TV pública española vinieron, grabaron y se llevaron un relato potente, emotivo y exportable. Mar del Plata como historia, no solo como paisaje. A veces no hace falta inventar nada nuevo. Alcanza con mirar lo que ya está… y prender la cámara.
En los sectores relacionados con el turismo esperan que el próximo fin de semana la ocupación hotelera trepe al 80 por ciento. En el que pasó, el porcentaje llegó al 65 % dato que se conoció poco después de que el empresario y productor teatral Carlos Rottemberg anunciara en este medio que la actual temporada -jamás falla en ese análisis basado en sus célebres e históricas “libretitas” donde se consigna el movimiento de los espectadores- cerrará con un 15 por ciento menos de asistentes a las salas teatrales que el verano anterior. De eso se hablaba en cena, el lunes, en asado en balneario del sur, donde el dirigente empresarial copaba la atención contando su experiencia en Los Ángeles donde se movió usando autos sin conductores de Waymo, una empresa de Alphabet (matriz de Google) que desarrolla tecnología de conducción autónoma para vehículos, operando el primer servicio de taxis sin conductor del mundo llamado Waymo One, disponible en ciudades de EE. UU. que usa sensores (LiDAR, radar, cámaras) y IA para detectar, resolver rutas y avanzar de forma segura, buscando viajes más seguros, accesibles y sostenibles. “Tremendo, otro mundo. Y un servicio que sale la mitad que lo que te cobra Uber”, señalaba sobre su experiencia, documentadas con videos en su celular.
En Mar del Plata, enero siempre funciona como un termómetro. No sólo del clima. También de la economía. Cada verano se convierte en una especie de examen a cielo abierto: ocupación, consumo, mesas llenas o vacías, changas que aparecen o se caen. Y mientras la temporada 2026 empieza a tomar forma, hay un dato que incomoda a todos, aunque no siempre se diga en voz alta. En 2025, el 46 % de los trabajadores argentinos no pudo tomarse vacaciones. No por elección. No por agenda cargada. Por falta de plata. El dato surge de un informe de Bumeran, una plataforma de empleo que suele medir climas laborales, no estados de ánimo. Pero esta vez el resultado es claro: casi la mitad se quedó en casa porque el bolsillo no dio. De eso también se habló en la cena playera. De ese universo, más de la mitad admite sin vueltas que el problema fue económico. El resto reparte culpas entre cambios de empleo, problemas personales, salud o simple imposibilidad de organizarse. En criollo: vacaciones relegadas, prioridades ajustadas y consumo en modo supervivencia.
El impacto de este dato va mucho más allá de la estadística. Para una ciudad turística como Mar del Plata, es una señal de alerta temprana. Porque si casi ocho de cada diez trabajadores dicen que su salario perdió contra la inflación, la discusión no pasa sólo por cuánta gente llega, sino por cuánto puede gastar una vez que llega. Y ahí aparece el segundo dato incómodo: el 77,6 % de los argentinos afirma que su sueldo quedó atrás de los precios. Y el 64 % se autopercibe como clase media baja o baja. No es un detalle semántico: es el retrato de una sociedad que ajusta antes de salir, calcula cada gasto y transforma el descanso en lujo. La conducta laboral también está cambiando. El 29 % de los empleados prefiere reducir su jornada antes que tomarse vacaciones. Menos horas, más control del día a día, menos gastos extraordinarios. Otro 22 % directamente prioriza otros beneficios: mejor salario, trabajo remoto, algún incentivo económico. Vacacionar, en este esquema, deja de ser prioridad y pasa a ser aspiración.
Mientras tanto, el discurso público sigue hablando de “reactivación”, “optimismo” y “rebote”. Pero los números muestran otra cosa. Una consultora privada señala que casi el 40 % de la población no cuenta con recursos para viajar este verano. Es decir: aunque quiera, no puede. En Mar del Plata esto se traduce rápido. Más turismo de cercanía, estadías más cortas, consumo más medido, promociones, descuentos, y un ojo permanente en la tarjeta. Menos gasto espontáneo y más planificación milimétrica. La postal puede ser la misma, pero el comportamiento cambió. La paradoja es evidente: se espera una buena temporada porque el turismo interno aparece como refugio ante la imposibilidad de viajar al exterior, pero al mismo tiempo el poder de compra se achica. Vienen más, gastan menos. O directamente no vienen. Así, el “no hay plata” deja de ser consigna y se vuelve rutina. No sólo impacta en las vacaciones: redefine hábitos, expectativas y hasta la idea misma de descanso. La temporada arranca, los discursos se acomodan, los números oficiales prometen… pero el bolsillo, por ahora, sigue mandando.
Por otra parte, el fin de semana dejó una postal que el gobierno provincial y el municipal se apuraron a mostrar: salidas de boliches ordenadas, miles de jóvenes copando Playa Grande y los balnearios del sur, controles visibles, patrulleros alineados y presencia policial sostenida hasta que clareó el día. Para una ciudad acostumbrada a que la madrugada terminé en escándalo, el operativo de seguridad fue, hay que decirlo, exitoso. No hubo desbordes, no hubo peleas multitudinarias, no hubo escenas virales para lamentar. La multitud salió, circuló y volvió sin mayores sobresaltos. Un dato que no es menor en enero, con Mar del Plata explotada de turistas jóvenes y la noche funcionando a pleno. Puesta en escena aceitada, coordinación fina y una consigna clara: que la fiesta no termine en problema. Pero mientras el sur dormía tranquilo después del amanecer, el centro y los barrios contaban otra historia. Robos a comercios, entraderas, arrebatos, motos que aparecen y desaparecen. La estadística informal —la que se arma con mensajes de vecinos y grupos de WhatsApp— empezó a crecer más rápido que el optimismo oficial.