Policiales

El caso Repetto: la historia desde el minuto uno de un crimen conmovedor

Se trata de uno de los episodios policiales más impactantes de los últimos tiempos. Estremecedor, con una respuesta del Estado cuestionada y con una resolución inverosímil. Una secuencia que comenzó el 1 de marzo y acabó el sábado 28 con la confirmación de un brutal femicidio.

Por Fernando del Rio

Claudia Repetto tenía esa ancha sonrisa sobre la camioneta color blanco de Fabián, su amigo del mundo del folklore. Eran las 19 del domingo 1 de marzo. Bajó frente a su casa de Don Orione al 1500 y se despidió. Fabián le recordó que en dos horas la pasaría a buscar para ir a comer pizzas. Abrigaban la esperanza, ambos, de que pasara algo más que una cena.

La secuencia la miraba Mónica, la amiga y vecina de Claudia que también había descendido de la camioneta. Un poco más alejado, sobre la motocicleta Brava, estaba Ricardo Rodríguez. Quien hubiera podido ver sus ojos los hubiera distinguido como inyectados en sangre. Rodríguez no perdió tiempo: esperó que la camioneta reiniciara la marcha y la empezó a seguir sin una idea muy clara. Tan es así que a mitad de recorrido abandonó ese propósito y regresó a la casa.

Algunos minutos más tarde, destemplado por la afrenta a su machismo precámbrico, se sentó a la mesa junto a su hijo y le dijo que necesitaba dinero. Que a cambio le dejaba la motocicleta. Le puso a disposición el título y el 08 firmado. Esta maniobra pudo haber sucedido así, o no, porque los mensajes telefónicos analizados por la policía revelaron que el que necesitaba plata era el hijo. Ese mismo día, horas antes, el hijo le había pedido a Rodríguez dinero para comprarse una campera. En su declaración el joven dijo, no obstante, que sentados a la mesa le dio 15 mil pesos por la moto. Mentiras o verdades irrelevantes porque, de todos modos, sus dichos no encerraban la obligación de ser ciertos: la ley lo ampara si miente a favor de su padre.

Claudia Repetto.

Claudia se ocupaba, mientras tanto, de arreglarse para la cita. Vivía sola en el tercer departamento del PH de la calle Don Orione desde su separación de Rodríguez del año pasado. Porque fue separación y no distanciamiento: Rodríguez vivía en el primer departamento y solo los separaba el del dueño del PH. En medio de esa espera ansiosa, Claudia se comunicó con su amiga Fabiana y le contó lo que ya sabía. En dos mensajes entre las 20.36 y las 20.39 le dijo que “hoy estuve pensando, necesito plata, necesito vivir en un lugar mejor allá cerca del centro y que este hijo de puta no me moleste más”.

Poco antes había iniciado Claudia el intercambio de mensajes con Fabián para coordinar el encuentro. Tanto miedo tenían ambos que se organizaron para que Claudia no pasara frente a la ventana de la casa de Rodríguez. Ya a las 20.41 Fabián le encareció que “no se te complique con el nabo, fíjate y decime”. Claudia le respondió por última vez: “Yo voy a salir para la izquierda y me voy a quedar ahí a la vueltita ¿Sabés? Y sí, voy a mirar que no, que no vea nadie, ahora salgo, ya me voy caminando para allá, si veo a alguien me meto para adentro, jajaja, no, pero me voy corriendo”.

“Ya me voy caminando para allá” es indiscutible y una prueba de que en los siguientes 30 segundos Repetto fue interceptada por Rodríguez. Porque es el tiempo que le hubiera insumido salir de su casa y transitar el pasillo hasta la vereda, a donde no llegó. Fue ahí que Rodríguez reconoció “discutir” con Repetto. Probablemente la haya golpeado en ese mismo instante con salvaje inclemencia ocasionándole la hemorragia interna fatal.

A las 21, cuando Fabián le envió un mensaje (“Q’ pasó?”), tal vez Claudia ya estaba muerta. Los dos textos que le llegaron a Fabián como respuestas tardías a las 21.09 (“Estoy muy cansada. Otro día. Beso”) y a las 21.10 (“Chua. Otro día mejor) fueron escritos por Rodríguez.

El ataque

Cuando los calificados peritos de la Policía Científica de Mar del Plata -se los reconoce por su profesionalismo- llegaron al PH de Don Orione se enfocaron en tres escenarios. El primero, el departamento de Claudia, el otro el pasillo y finalmente la casa de Rodríguez. Lo único que impresionó como de importancia para la investigación fueron dos rastros mínimos de sangre, uno en la barra de la cocina de Claudia y otro en el patio que existe entre el pasillo y la puerta de entrada a su departamento.

La autopsia reveló que Rodríguez la golpeó y que hubo una hemorragia que afectó sus vías respiratorias. Claudia se asfixió, pero en ese contexto no es imprudente entender que la sangre se contuviera y no contaminara la escena del crimen. Los especialistas que analizaron el lugar aseguran que no hubo limpieza, con lo cual la posibilidad de que no haya habido sangrado externo es firme.

La motocicleta marca Brava utilizada por Rodríguez.

Genera una gran inquietud definir qué hizo Rodríguez a partir de las 21.09. En su declaración aseguró que estuvo solo y enfatizó que su hijo no tuvo nada que ver, en lo que se trata de una media verdad. Distintos testimonios y prueba acumulada por el fiscal Fernando Castro señalan que el hijo de Rodríguez se fue de la casa no antes de las 21.20. Pudo no haber advertido nada. De hecho, todas las personas que estuvieron con él hasta las 3.30 de la mañana no refirieron ninguna conducta extraña. Salir con amigos después de conocer un homicidio cometido por su padre y no mostrar un comportamiento singular es prácticamente imposible.

Se presume que Rodríguez permaneció en el PH de la calle Don Orione el resto de la noche del 1 de marzo. El reconoce haber considerado muerta a Claudia Repetto poco después de golpearla cuando asegura que “la encontré en el piso y la quise revivir y estaba muerta. No la pude revivir”. No puede saberse si de manera inmediata o tras tomar conciencia del crimen cometido horas después, pero antes de la 1 de la madrugada ya del lunes 2 de marzo envolvió a Claudia en una manta y luego con una bolsa verde terminó por “sellarla”.

Ese horario no proviene de una especulación azarosa sino del minucioso análisis telefónico que efectuó el personal de la DDI local en las primeras horas de investigación. Rodríguez se comunicó en ese momento con su hijo -que estaba con amigos y una novia- para pedirle la moto, para decirle que la necesitaba. Entre las 0.59 y las 3.23 fueron 26 mensajes telefónicos, la mayoría de ellos de solo un carácter. Recién poco después de las las 3.35, el joven regresó a la casa de la calle Don Orione y vivió una escena clave: Rodríguez le abrió la puerta apurado, le pidió el casco y las llaves de la moto.

Refiere el hijo en su testimonio que lo vio apurado al padre en su objetivo de hacerse de la Brava que estaba estacionada en la vereda de la casa. Lo que la lógica indica que pasó fue que Rodríguez fue a buscar el cuerpo envuelto de Repetto -¿a dónde? ¿al departamento de ella?-, fue a buscar la pala, se acomodó en la moto y salió. La cámara de seguridad lo capta a las 3.57 de la madrugada -en dirección a Tripulantes del Fournier- con el cuerpo sobre el asiento de la motocicleta y aunque no hay precisiones horarias porque no se puede comprobar que la hora de llegada del hijo sea la que dijo y porque la cámara tiene algún desfasaje, lo real es que le llevó varios minutos a Rodríguez irse con el cadáver.

Menos de una hora después, Rodríguez estaba saliendo de nuevo de su casa en la bicicleta para desaparecer de forma definitiva.

El destino final

Para los investigadores, entre la hora que indica la cámara que lo ve salir de su casa a Rodríguez con el cuerpo (3.57 ya del lunes) y el que marca un filetero que lo ve en bicicleta pasaron 45 minutos. Ese es el tiempo que tuvo Rodríguez para sepultar el cadáver.

La DDI hizo una reconstrucción del trayecto desde la casa de la calle Don Orione al 1500 hasta el sitio en el que apareció la pala, es decir, el lugar en donde también estaba el cadáver. Lo hizo con la misma motocicleta y con dos personas a bordo para saber el tiempo que le demandó ese recorrido a Rodríguez. Concluyeron en que no se puede hacer en menos de 14-15 minutos. Significa que los 45 minutos, se dividieron en tercios exactos esa madrugada.

El lugar del hallazgo.

Entre las 3.57 y las 4.13, Rodríguez condujo la moto hasta Los Maceteros, como se conoce el sector de Acantilados en virtud del negocio que está en el cruce con la calle 515.

Entre las 4.13 y las 4.30, aproximadamente, Rodríguez se ocupó de sepultar el cuerpo y de acondicionar el lugar para disimularlo. Contó con dos facilidades: la primera, su experiencia como jardinero, y la segunda el hallazgo de un gran hormiguero junto a un arbusto también de grandes dimensiones. En esos estimados 17 minutos hizo una excavación de casi 80 centímetros, profundidad que pudo tener el hormiguero originalmente. Eso le permitió hacer el espacio suficiente en poco tiempo y luego colocar encima las raíces de ese matorral. Rodríguez lanzó la pala con todas sus fuerzas para alejarla a casi 15 metros del foso.

El retorno a la casa de la calle Don Orione lo hizo entre la 4.30 y las 4.45. Dejó la moto estacionada, dejó el casco, agarró unas bolsas con algunas pertenencias, se subió a la bicicleta de horquilla celeste y desapareció. Un filetero lo vio a las 4.50 perderse por la calle Don Orione hacia Rosales.

Solitario hasta

su detención

Rodríguez a las 5.18 de la madrugada del lunes se fue con rumbo indefinido (una antena de la zona de la casa captó actividad en su teléfono) y nadie más supo de él hasta su detención salvo por sus comunicaciones. A las 7.35 su hijo le preguntó dónde le había dejado la tarjeta verde y Rodríguez le respondió que se la dejaba a su otro hijo. Luego a las 9.42 le envió el audio en el que le explica que la había dejado en la Reserva del Puerto, donde finalmente fue hallada.

Estos datos confirman que Rodríguez estuvo en la zona de los balnearios de Punta Mogotes entre ambos mensajes y luego sí se esfumó.

La causa judicial se inició en la tarde, cuando la familia de Repetto denunció su ausencia evidentemente involuntaria. Desde entonces varios factores se conjugaron para diluir todo el esfuerzo, en especial de las tareas de investigación. Cerca de 2.000 horas de video fueron analizadas, se peritó el teléfono del hijo de Rodríguez tras una orden judicial y se chequearon decenas de teléfonos de testigos voluntarios, como amigas de Claudia, familiares y vecinos. Esa intensa labor investigativa -sumada a la gran cantidad de testimonios- fue la que permitió conocer todos los datos de horarios tan precisos y también sacar a la superficie la actitud hostil de Rodríguez hacia Repetto, la cual nunca antes había sido denunciada.

Al mismo tiempo se desplegó una gran cantidad de personal para rastrillar la zona que fue insuficiente y tal vez haya sido éste el gran punto débil de toda la causa. A la vista de cómo acabó la historia, los rastrillajes fueron un fracaso, excepto por el hallazgo de la pala. Pero el hecho de que el cadáver estuviera enterrado a solo 15 metros de allí le agrega un elemento de difícil justificación.

Esto es así aún cuando el 5 de marzo policías, el propio fiscal, testigos, periodistas y familiares de Claudia Repetto estuvieron a menos de 10 metros del lugar donde estaba sepultada y nadie lo advirtió. Existe la explicación científica de que visualmente no había tierra removida, de que las condiciones de humedad y la actividad de las hormigas proponen un proceso térreo diferente y que el cuerpo presentaba una envoltura casi hermética que impidió que los olores se esparcieran. De hecho, los peritos forenses se sorprendieron con el estado de conservación del cadáver al realizar la autopsia: parecía un cuerpo sepultado un par de días y no 27.

La búsqueda de Rodríguez también fue un fracaso, si bien el 17 de marzo se interceptó una comunicación realizada a su hermana en la que pedía que lo viniera a buscar a los Acantilados. “La puta madre Ricardo, ¿qué hiciste!? ¿Dónde está Claudia?”, le pregunta la mujer. “Claudia no está conmigo y no me voy a entregar porque si me meten preso me van a matar los amigos de los hijos”, le responde.

Un amigo de los hijos de Repetto fue quien localizó a Rodríguez y lo retuvo.

El viernes 20 se activó en todo el país la cuarentena y el sábado en una nueva comunicación la mujer le dice, ya en un tono más de reproche, no solo que no puede viajar sino además da a entender que no le cree que no le hiciera nada a Claudia.

Mientras todo esto sucedía la familia Repetto ya había montado recorridas paralelas para buscar a Rodríguez, pero sin ningún respaldo investigativo. Sólo contando con los datos que la gente le aportaba.

El domingo 22 Rodríguez salió a recorrer la zona sur ya desesperanzado por no haber podido acudir su hermana al rescate. Varias cámaras de seguridad lo registraron, algo que la DDI pudo obtener por una dato que una mujer aportó: una cliente de Rodríguez dijo que había estado en su casa y que le pidió 300 pesos. Dio el horario exacto, se inspeccionaron las cámaras más próximas y se lo detectó en el video que luego se difundiría por los medios.

Durante la última semana no hubo avances investigativos. El fiscal Fernando Castro ya estaba cuestionado por la familia y por la abogada Noelia Agüero, que incluso lo recusó por considerar que no había actuado con visión de género. Al fiscal se le reprocha no haber pedido la detención de Rodríguez en los primeros días (recién lo hizo cuando Rodríguez se comunicó con la hermana), no acusarlo de femicidio y otras incidencias jurídicas que si bien no hubieran cambiado el hecho, sí la percepción de la familia de una Justicia acompañante.

Finalmente, en la noche del viernes 27, Rodríguez fue interceptado en la calle por amigos de los hijos de Repetto. La forma en la que llegaron a él es un misterio, ya que trascendió que no fue sólo que alguien lo vio y actuó.

A la mañana siguiente frente al fiscal Castro, Rodríguez confesó el crimen y dio precisiones sobre dónde había enterrado a Claudia. Los investigadores no pudieron asumir el golpe que les propinó las coordenadas.

Cuando excavaron el hormiguero, corrieron raíces y hallaron la bolsa, el brutal crimen de Claudia Repetto descubría su último gran misterio.

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