La Justicia Federal acordó llevar a juicio a un hombre oriundo de China y a sus dos presuntos cómplices por el secuestro de otro hombre de aquella nacionalidad. También fueron imputados en esta causa dos miembros de Prefectura por recibir sobornos a cambio de dar información o facilitar el accionar del trío.
Uno tiende a orientalizar todo cuando ve ojos rasgados, tan desconocedor de su cultura y de sus formas de establecerse en un país que también es distantes para ellos. Y tal vez haya sido en esa generalización, esa ignorancia, que en un principio no resultó extraña aquella “reunión” en el puerto de Mar del Plata. Pero esa reunión acabó siendo un secuestro por error para saldar una cuenta de 70 mil dólares tomada en algún lugar de China por los familiares del captor y otro compatriota.
La investigación del fiscal federal Santiago Eyherabide, con el aval del juez Santiago Inchausti, propició que en pocos meses se celebre un juicio en el que el chino Kang Chen y los argentinos Miguel Miranda Rodríguez y Javier Sanhueza deban responder por el secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas, mientras que dos miembros de Prefectura Naval Argentina, Raúl Dacal y Juan Fernández, afrontarán cargos por cohecho pasivo, es decir aceptar un soborno para brindar información sobre los movimientos internos en el puerto local.
Keng además está imputado de tenencia ilegal de arma de uso civil tenencia ilegal de arma de uso de guerra, encubrimiento y cohecho activo.
La cinematográfica historia tiene su inició en Fuquin, una ciudad de la remota República Popular China. Allí nació Keng y allí vive su padre Chen Gon Rui, quien se dedica a los préstamos de dinero. En Mar del Plata, Keng es el dueño de un bazar muy importante por la avenida Luro y, casi por mandato paterno, también hace operaciones de préstamos. Al parecer el padre de Keng prestó tiempo atrás 70.000 dólares a un hombre que resultó ser el padre de un marinero del buque Xin Shi Dai 28, con amarre fijo en el puerto de Mar del Plata.
Una trama de película en el Puerto de Mar del Plata
Un secuestro fallido, una deuda china, sobornos, videos y un asesino como mano de obra calificada.
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El 17 de marzo de 2025 Keng se subió a su camioneta Volkswagen Amarok gris, con cúpula, y junto a Miranda Rodríguez y Sanhueza se trasladó hasta el puerto de la ciudad. Días antes ya habían estado buscando al hijo de aquel hombre que había tomado el préstamo en China y habían contactado a los dos miembros de Prefectura Naval a quienes les habían transferido 20 mil pesos para “un cafecito” y un “sánguche”. La investigación confirmó, hasta esta instancia, que ese dinero fue a cambio de información y facilidades para actuar al momento de perpetrar el secuestro del hijo del deudor.
Cuatro días más tarde, en la noche del 17, cerca de las 22.30, Keng y sus acompañantes argentinos interceptaron frente a Chichilo, en la zona de las Terminales II y III, a dos marineros del buque Xin Shi Dai 28. Un video de cámaras de seguridad muestra el momento del secuestro de solo uno de ellos, llamado Ma Hai Liang.
Luego de subirlo a la camioneta se lo llevaron para la zona de Chapadmalal y comenzó un interrogatorio que se orientó rápidamente a enmendar un error: no era el hombre buscado, sino un compañero. Durante tres horas lo tuvieron dando vueltas, lapso en el cual tanto la víctima como Keng, se comunicaron con el capitán del buque, uno para decir que no volvería a tiempo y el otro para pedir disculpas por el “error”.
Cerca de las 1.05 las mismas cámaras de seguridad del lugar del secuestro mostraron la liberación.
La investigación
El análisis de los registros fílmicos del sistema de monitoreo permanente del Consorcio de Gestión del Puerto de Mar del Plata permitió reconstruir la secuencia previa y posterior al hecho. En las imágenes captadas el 13 de marzo de 2025, se visualizó el arribo de un patrullero de la Prefectura Naval Argentina en el que se desplazaban los agentes de la fuerza. Las cámaras registraron el momento en que se produjo un encuentro de diez minutos con el imputado de nacionalidad china y un acompañante civil, en cuyo marco se detectaron comunicaciones telefónicas cruzadas y maniobras compatibles con el uso de dispositivos móviles.
Posteriormente, a través de los informes remitidos por la Cámara Compensadora Electrónica COELSA y la firma Mercado Libre SRL, el fiscal federal Santiago Eyherabide constató que el comerciante remitió dos transferencias electrónicas por un monto de 20.000 pesos cada una hacia las cuentas de los dos funcionarios públicos. La operatoria se registró el mismo 13 de marzo a las 23.14 horas. Asimismo, las tareas de inteligencia criminal documentaron que, diez días después del secuestro, el Keng le entregó una botella de vino a uno de miembros de Prefectura en las inmediaciones de un local comercial de la avenida Independencia.
Ya iniciada la investigación, los dos miembros de Prefectura negaron conocer a Keng, pero luego el análisis de una cámara de seguridad logró lo que años atrás parecía imposible: con un zoom hacia el teléfono de uno de los miembros de Prefectura se distinguió un número y resultó ser el de Keng. Eso derrumbó la aseveración de que no lo conocían.
Durante los allanamientos posteriores la policía logró el secuestro de armas de fuego y LA CAPITAL descubrió la subtrama de Miranda Rodríguez, quien había sido condenado a 12 años de prisión por el asesinato de Claudia Yilella ocurrido el 7 de marzo de 2010. Yilella era la madre de una joven con la que Miranda Rodríguez había tenido un bebé poco tiempo antes del crimen, aunque el caso se investigó como un homicidio en occasion de robo. Asimismo, Yilella vivía de rentas porque había heredado propiedades de su marido Orlando Perdiz Durán, asesinado también en 2007.
El fiscal Eyherabide avanzó en las imputaciones, recogió mucha prueba y testimonios que le permitieron elevar la causa a juicio en marzo pasado. Sin embargo, se confirmó recientemente cuando el juez Inchausti rechazó nulidades y no hacer lugar al pedido de sobreseimiento de algunos de los imputados.