Más allá de las noticias

El día que Messi, Nino y sus hijos marcaron un gol para Alvarado

La historia de un marplatense que emocionó a todos.

Ricardo Giménez es un marplatense que envió una carta al programa Perros de la Calle (Radio Metro) para poder cumplir su sueño.

“Nino” jugó en Alvarado en 1992, en la temporada posterior a la derrota con Arsenal por el ascenso a la B Nacional. En esos años tuvo dos hijos, Matías y Martín. Pero una pronta lesión le impidió seguir jugando.

Los Giménez compartieron un montón de cosas, pero nunca un partido de fútbol. Para cumplir ese anhelo el padre escribió a El Buzón de Perros, una sección del programa radial que encabeza Andy Kusnetzoff.

Allí, con los relatos del “Pollo” Vignolo, el preferido de los Giménez, y con participación de Lionel Messi, un ídolo de la familia, “Nino” convirtió el gol del campeonato para Alvarado

La carta y el emocionante relato:

“Hola soy Nino, los escucho desde 2004 y hoy me animé a escribirles al Buzón de Perros. Desde mi niñez pocas cosas me importaban tanto como patear la pelota. Ese es un buen resumen de los juegos que coparon mi infancia. Me recuerdo como un pibe de rodillas difíciles de limpiar, negro de potrero, con el flequillo transpirado pegado en la frente.

No recuerdo bien como me animé, fui solo a probarme a Alvarado y quedé. En ese momento las cosas pasaban como algo espontáneo que solo el tiempo y el diario del lunes me permitieron dimensionar.

Tenía 17 años, corría el verano de 1992. Llegué a entrenar con el plantel que en la temporada anterior se topó con la derrota en la final por el ascenso contra Arsenal.

Pero la gran noticia no fue que quedé en el equipo. Esa noticia se llama Matías y en unos pocos días va a cumplir 24 años. Nunca tuve tanto susto, tanto ‘cagazo’. Cuando lo tuve en mis brazos por primera vez supe que fue mi mejor gol. Tres años y medio después marqué mi segundo mejor gol de mi vida. Se llama Martín”. Yo solo lo llamo así a diferencia de su hermano.

Martín amó la redonda desde siempre. El primer camión de juguete que le regalé lo puso en el piso y le pegó flor de viaje. Lo hacía andar a las patadas, lo trataba de pelota.

Largué todo. Ser padre me desbordó. Le metí más horas de ‘laburo’ a la fabrica y volvía corriendo para estar con ellos, nada era ni es más importante que estar ahí para los dos.

Debo decir que esa decisión no me perturbaba ni mucho menos. Ser un padre joven me da la ventaja de disfrutarlos más tiempos.

Cuando todavía eran dos ‘mocosos’ me rompí la rodilla jugando un partido de fútbol 5 con amigos y una mala praxis me la cagó para todo el viaje.

Me despedí del fútbol de forma definitiva a los 25 años y esa rodilla va para prótesis en un par de años.

Ahora que crecieron tanto y tan rápido caigo en la cuenta de que puedo compartir el fútbol en la tele, pero no una jugada, un partido, solo algún que otro peloteo en la plaza hasta que la rodilla me empieza a decir basta. Nunca pudimos jugar un partido juntos.

La locura del más chico por Messi, se tatuó su nombre en la ‘gamba’. Se paraliza su mundo cuando juega el Barsa

Les cuento que me cansaba de hacer goles. Jugaba de 11, zurdo hasta la médula. Si no hubiese sido por la ‘gamba’ les pinto la cara a los dos juntos. Ellos se me cagan de risa. Hace dos días Martín me dijo ‘viejo los goles que hubieras metido jugando con nosotros. Mati de ‘5’ recuperando en la mitad de cancha, yo de ’10’ distribuyendo y vos arriba definiendo con clase.

Ahí me agarraron recuerdos de nostalgia de lo no vivido. De lo que pudo ser. Ahora si me dejan soñar un rato sería una locura compartir algo de cancha con ellos. Algo épico, una jugada gloriosa, el gol del campeonato, con el más grande, Messi. Me lo imagino y se me hace un nudo en la garganta.

La realidad es que a mí no me da el cuerpo, pero sí el anhelo. Mi sueño es relagarles y regalarme esa jugada. La única, la más grande, la soñada, en la voz del ‘Pollo’ Vignolo, nuestro relator preferido.

El relato de ese partido que no pudimos jugar juntos, el estadio vibrando, los Giménez dando la vuelta, el pasto casi temblando por el griterío de la hinchada. Un relato que emociona hasta las lágrimas.

Desde ya muchas gracias por poner cada mañana desde hace 13 años mucha alegría y solidaridad a mi vida”.

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