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La Ciudad 8 de junio de 2017

El espectáculo de las ballenas ya llegó a la costa de la ciudad

Dos ejemplares fueron vistos ayer interactuando a 300 metros frente a Playa Grande en lo que se convirtió en el primer avistaje del año. El decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales explica el fenómeno.

Foto archivo.

Se registró ayer por primera vez en el año un hecho que se volvió familiar entre los marplatenses: un avistaje de ballena. Dos ejemplares de Ballenas Francas (Eubalaena australis) fueron vistos interactuando a 300 metros frente a la costa de Playa Grande por miembros del Grupo de Investigación Biología, Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

“Desde hace varios años es creciente la presencia de Ballenas Francas en las costas de Mar del Plata, constituyéndose en un atractivo turístico novedoso”, sostiene Diego Rodríguez, decano de la Facultad y director del grupo. En esta línea, afirma: “la Provincia de Buenos Aires se ha convertido en un corredor biológico de vital importancia, que conecta las dos únicas agrupaciones reproductivas de esta especie en el Atlántico Sur, ubicadas en el Sur del Brasil y Península Valdés. Su presencia en la región no sólo ofrece oportunidades educativas y turísticas, sino que también expone a las ballenas a potenciales peligros como colisiones con embarcaciones y enmalles”. Y agrega: “Por tratarse de un Monumento Natural, resulta imprescindible garantizar todas las medidas de conservación necesarias para proteger a esta especie durante su permanencia en aguas locales”.

Este Grupo de Investigación monitorea la presencia de Ballenas Francas Australes en la costa de Mar del Plata desde la década de 1970. En la actualidad se encuentra trabajando en conjunto con áreas municipales en el diseño de políticas públicas de conservación de esta especie en el sudeste bonaerense.

Tendencias de los avistajes

Hay algunos aspectos que ayudarían a comprender este fenómeno natural que se transforma en noticia cada vez con mayor frecuencia en la ciudad. Entre ellos, el aumento en el número de registros de manera sostenida en las últimas décadas; suba en el número de ballenas por avistaje (en la década del 70, el 70% eran animales solitarios; hoy el 70% son al menos dos ballenas por grupo); concentradas entre fines de mayo y principios de diciembre (Agosto-Octubre aproximadamente el 75%); aumento en la cantidad de días con ballenas visibles desde la costa; acompaña a las tendencias poblacionales de aumento en el número de nacimientos en Patagonia y Brasil.

La creciente presencia de Ballenas Francas plantea una serie de situaciones nuevas para Mar del Plata, la mayoría de las cuales nunca han sido abordadas. “Por su singular atracción, ofrece excelentes oportunidades para la promoción turística y la educación ambiental, pero a su vez – por tratarse de un Monumento Natural de la Argentina – conlleva una gran responsabilidad en cuanto a su gestión sustentable”, alerta Rodríguez. Además, el extenso frente costero de la ciudad, con una rica oferta de instalaciones y servicios, favorece la posibilidad de la observación directa de los ejemplares sin necesidad de embarcaciones, constituyéndose en una opción turística de mínimo impacto.

Otra de las cuestiones que destaca el Decano de la Facultad de Exactas es que esta circunstancia natural ofrece “una oportunidad única para educar en la conservación a través de la concientización y sensibilización de los marplatenses”, sobre todo si se tiene en cuenta que hay aspectos negativos como “el creciente tráfico naviero, que aumenta las posibilidades de dos de los impactos internacionalmente reconocidos como los más nocivos para las grandes ballenas: las colisiones con embarcaciones y en enmalle en material sintético (plásticos, sogas, redes, etc.)”.

Los avistajes representan un aspecto positivo con relación a la cantidad de ejemplares de la especie, teniendo en cuenta su contexto histórico. La Ballena Franca Austral se distribuye en aguas templadas a subantárticas del Hemisferio Sur, y estuvo sujeta a una explotación masiva e indiscriminada durante siglos. Finalmente en 1935 fue internacionalmente protegida, cuando sólo pequeños relictos de sus stocks originales sobrevivieron. Actualmente se estima que la población mundial no excede los 10.000 animales, cuyas principales áreas reproductivas son la Península Valdés (Argentina), Sudáfrica y Australia; otros pequeños grupos reproductivos se encuentran en Santa Catarina (Brasil) y las islas Campbell, Auckland y Tristán da Cunha.

La Argentina le otorgó a esta especie el máximo de protección legal, nombrándola Monumento Natural hace 30 años (Ley 23094), estando también listada en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES).

El sector costero de la Provincia de Buenos Aires juega un rol muy importante en el ciclo vital de esta especie migratoria, ya que se constituye en un importante “corredor” para el desplazamiento de ejemplares entre las áreas reproductivas del Atlántico Sur y, a su vez, su vinculación con territorios de alimentación en regiones subantárticas.