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La Ciudad 13 de octubre de 2026

El finde largo que quedó corto, ¿habrá anuncios de Monteoliva? y un calamar cada vez más chino

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

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En medio de la preocupación que genera la inseguridad en Mar del Plata, hay una visita que comienza a despertar fuertes expectativas. La ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, estará este miércoles en la ciudad, en medio de un marcado hermetismo sobre las actividades que desarrollará y, fundamentalmente, los anuncios que podría realizar. Aunque todavía no se conoce una agenda oficial detallada, no se descarta que la funcionaria ofrezca una conferencia de prensa. Y todas las miradas están puestas en una cuestión concreta: el reclamado desembarco de fuerzas federales para reforzar la seguridad. La presencia de Monteoliva no aparece en cualquier momento. Llega después de semanas particularmente difíciles, con episodios delictivos que provocaron preocupación, reclamos vecinales y pedidos de medidas concretas. La inseguridad se convirtió en uno de los asuntos centrales de la agenda pública y la llegada de refuerzos nacionales aparece como una de las alternativas que se vienen analizando para enfrentar el problema.

 

 

Hay un antecedente que no puede pasar inadvertido. Durante el último Coloquio de IDEA, Patricia Bullrich advirtió que Mar del Plata atravesaba una “crisis de seguridad muy fuerte” y reveló que había conversado con Monteoliva sobre la posibilidad de enviar efectivos federales. Incluso dejó una frase sugestiva: “Eso implica pensar un desembarco, que no lo quiero anunciar yo porque no me corresponde”. Aquellas declaraciones, formuladas en Mar del Plata, cobran ahora una dimensión diferente ante la inminente visita de la ministra. Según trascendió, Monteoliva llegará acompañada por Martín Ferlauto, secretario de Seguridad Nacional, y Gustavo Jara, director de Fiscalización y Despliegue Territorial del ministerio. Ambos conocen especialmente la realidad marplatense, ya que ocuparon responsabilidades en el área de seguridad local. Su presencia alimenta las expectativas de que la visita no sea meramente protocolar. Por estas horas, el hermetismo es casi absoluto. Se espera alguna novedad vinculada con las fuerzas federales, pero todavía no se conocen públicamente detalles sobre la cantidad de efectivos, las características del eventual despliegue ni los plazos de implementación. Tampoco está confirmada una conferencia de prensa. Lo que está claro es que la expectativa crece.

 

 

Y hay otro dato que merece atención. Mar del Plata se prepara para recibir a cientos de miles de visitantes durante el verano y la seguridad también forma parte de las condiciones necesarias para garantizar una buena temporada. Hoteleros, comerciantes, gastronómicos y empresarios turísticos saben que no se trata solamente de ofrecer buenos precios y servicios. También importa que vecinos y turistas puedan circular y disfrutar de la ciudad con tranquilidad. Por eso, más allá de las fotografías y las declaraciones que pueda dejar la visita, la expectativa estará puesta en los anuncios concretos. Cuántos efectivos podrían llegar, qué tareas desarrollarían, cómo se coordinarían con las fuerzas provinciales y durante cuánto tiempo permanecerían en Mar del Plata. Mañana pueden comenzar a despejar algunas de esas incógnitas.

 

 

El fin de semana largo de octubre no terminó de entregar en Mar del Plata la cantidad de visitantes que muchos esperaban. El mal tiempo jugó decididamente en contra y la ocupación hotelera se movió, según las estimaciones difundidas durante el fin de semana, entre el 45% y el 50% de las plazas de los establecimientos abiertos. Hubo reservas que se cayeron a último momento y un movimiento bastante más tranquilo del que habitualmente despierta este feriado. Pero el dato más preocupante llegó desde el comercio: según informó la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), las ventas cayeron un 4,2% respecto del mismo fin de semana largo del año pasado. Una señal que nadie debería pasar por alto cuando faltan apenas unas semanas para que comience a jugarse buena parte del año económico de la ciudad.

 

 

En medio de ese panorama, Daniel Scioli llegó este lunes a Mar del Plata para participar de los actos por el Día de la Hispanidad y la entrega del premio Quijote al empresario Florencio Aldrey. El secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación destacó que, según datos de CAME, el movimiento turístico nacional aumentó un 3,5% respecto del año pasado, a pesar del mal tiempo. El contraste con los indicadores locales resulta interesante. Mientras el funcionario nacional resaltó el crecimiento de los viajes en el país, en Mar del Plata la hotelería no logró superar la mitad de su capacidad abierta y los comerciantes volvieron a registrar una caída en las ventas. Dos fotografías diferentes de un mismo fin de semana, que también muestran que el movimiento de turistas no necesariamente se traduce en mejores resultados para todos los destinos.

 

 

Scioli aprovechó su visita para confirmar una noticia que venía anunciando desde hace varios meses: el próximo martes 20 de octubre llegará a la Base Naval de Mar del Plata el crucero de expedición Seaventure, de la compañía 66 Expeditions. “Quiero confirmar algo importante con lo cual me había comprometido: el 20 de octubre llega el primer crucero aquí a la Base Naval Mar del Plata”, afirmó. La embarcación tiene previstas otras dos escalas, en marzo y octubre de 2027, y su llegada representa un paso importante en el intento de incorporar a la ciudad al circuito internacional de cruceros, particularmente al turismo vinculado con los viajes hacia la Antártida. Una apuesta que, si logra continuidad, puede abrir nuevas posibilidades para el puerto, los servicios turísticos y la gastronomía local. Pero Scioli no se quedó solamente con el anuncio del crucero. También dejó una definición sobre el verano que se viene. “De cara a la temporada tenemos confianza porque, aparte, Brasil se encareció mucho, que era una de las alternativas para muchas familias argentinas. Está un 30% más caro. Así que viajen por Argentina y vengan a Mar del Plata”, expresó. Y agregó una advertencia dirigida al sector privado: “Ahí tenemos la responsabilidad con los formadores de precios del sector. Si somos más competitivos, vamos a tener una buena temporada”. El funcionario también destacó el crecimiento de los visitantes brasileños a la Argentina y anticipó promociones conjuntas con YPF y el Banco Nación para incentivar el turismo receptivo.

 

 

La revalorización del real puede jugar a favor de los destinos argentinos. Durante las últimas temporadas, Brasil se convirtió en una competencia durísima para Mar del Plata, con miles de familias que eligieron sus playas atraídas por una relación entre precios y servicios difícil de enfrentar. Ahora esa brecha podría achicarse. Pero sería un error imaginar que el solo encarecimiento de Brasil resolverá los problemas del turismo nacional. Porque hay una variable que sigue siendo determinante: el bolsillo de la clase media argentina. Y allí aparecen las mayores incertidumbres. No fue casual, entonces, que durante una reciente reunión de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados de la Nación se escucharan diagnósticos bastante menos alentadores que los de Scioli. La subsecretaria de Turismo bonaerense, Soledad Martínez, lanzó una frase contundente: “La temporada va a ser lamentable”. Fundamentó su preocupación en la caída del consumo y en los malos resultados de los últimos veranos. Según los números que expuso, durante la temporada pasada el consumo retrocedió un 34% en la Costa Atlántica, mientras las vacaciones de invierno dejaron uno de los peores registros desde la pandemia.

 

 

También participaron intendentes de distintas localidades costeras. Sebastián Ianantuony, de General Alvarado, contó que Miramar pasó de ocupaciones cercanas al 95% hace cuatro años a temporadas del orden del 65%. Gustavo Barrera, de Villa Gesell, advirtió que el problema no es solamente cuántos turistas llegan sino cuánto consumen, mientras Walter Wischnivetzky, de Mar Chiquita, reclamó políticas para fomentar el turismo nacional y recuperar herramientas como el Previaje. Desde Mar del Plata, el presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica, Hernán Szkrohal, resumió la preocupación de los empresarios con una definición que merece ser tenida en cuenta: “Cuando los costos se mantienen o aumentan y el consumo baja, no hay eficiencia que alcance”. También reclamó reglas similares para todos frente al crecimiento de alojamientos no registrados, ‘dark kitchens’ y otras actividades que compiten con establecimientos que deben afrontar impuestos, salarios, habilitaciones y servicios durante todo el año. El exintendente y actual concejal Gustavo Pulti llevó su propio diagnóstico al Congreso y apuntó directamente contra la política económica nacional. Sostuvo que el modelo “inclina la cancha hacia el exterior” y recordó que, según las cifras que expuso, salieron del país casi 11,9 millones de personas mientras ingresaron poco más de 5,3 millones.

 

 

De todos modos, octubre todavía tiene algunas cartas para mostrar. Las finales de los Juegos Bonaerenses volverán a movilizar a miles de chicos, profesores y acompañantes de toda la provincia, mientras la Feria del Libro aportará otra convocatoria importante. Pero nadie debería confundir estos acontecimientos con una garantía de éxito para el verano. Habrá que agudizar el ingenio, promover bien la ciudad, ofrecer servicios de calidad y, fundamentalmente, precios razonables. Ya no alcanza con esperar que llegue diciembre y confiar en que la gente venga sola. La temporada se jugará en los precios, en la promoción, en la calidad de los servicios y, especialmente, en la capacidad de gasto de las familias. Quizás el desafío no sea conseguir un verano extraordinario, sino trabajar mucho y bien para lograr, al menos, una temporada digna. Porque Mar del Plata puede tener playas llenas y, al mismo tiempo, cajas flacas. Y esa película ya la conocemos.

 

 

 

Una de esas reuniones que se arman sin demasiada planificación y terminan convirtiéndose en una interesante sobremesa se produjo en Chichilo, el tradicional restaurante del puerto marplatense. Allí coincidieron periodistas y empresarios de distintos rubros, y entre rabas, langostinos y algún café que se fue estirando, la conversación terminó recorriendo buena parte de los temas que preocupan a la ciudad. Desde las perspectivas de la temporada turística hasta la situación económica, pasando por la actividad pesquera, los negocios y las inversiones. La escena tuvo, además, un condimento especial. A pocos metros de aquella mesa, Dyango almorzaba con su familia, después de recibir el afectuoso saludo de Franco Di Leva, propietario del tradicional establecimiento gastronómico. El reconocido cantante español, de visita en Mar del Plata, aportaba así una postal diferente a una jornada en la que no faltaron las conversaciones sobre el presente y el futuro de la ciudad.

 

 

Entre los asuntos que se analizaron apareció la preocupación por el verano. El optimismo de Scioli contrastó con los números del último fin de semana largo y con las dificultades que atraviesan los sectores vinculados al turismo. Porque una cosa es que llegue gente y otra que los números cierren. Y sobre ese punto hubo coincidencias: habrá que trabajar mucho en promociones y precios para conseguir que el visitante no solamente venga, sino que pueda quedarse y consumir. Pero la charla no se quedó allí. También se habló del creciente peso de los capitales chinos en la pesca del calamar y de una pregunta que comienza a repetirse en los ámbitos portuarios: quiénes son los verdaderos dueños de los barcos que explotan uno de los recursos más valiosos del Mar Argentino. La reducción de los controles estatales, las operaciones en la Milla 201 y las últimas investigaciones sobre la propiedad de la flota potera alimentaron buena parte de los interrogantes. Una sobremesa típicamente marplatense, de esas en las que se empieza hablando de una cosa y se termina hablando de todas. Y que, esta vez, dejó varios temas para seguir de cerca.

 

 

El calamar argentino, cada vez más chino y cada vez menos controlado. Dos investigaciones conocidas en los últimos días pusieron sobre la mesa una realidad tan inquietante como poco discutida: la creciente presencia de capitales chinos en la pesca del calamar argentino y la debilidad de los controles del Estado sobre una actividad que mueve cientos de millones de dólares. Una combinación que debería encender luces de alerta en todo el sector pesquero, particularmente en Mar del Plata, principal puerto pesquero del país. Un estudio del investigador Milko Schvartzman reveló que el 63,1% de los buques poteros que operan bajo bandera argentina están controlados por empresas vinculadas a capitales chinos. Dicho de otra manera, 53 de los 84 barcos autorizados para capturar calamar dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina responderían, según la investigación, a intereses del gigante asiático. Detrás de buena parte de esa flota aparecen cinco grandes corporaciones chinas que, además, contarían con beneficios fiscales y subsidios que les otorgan ventajas comerciales frente a las empresas de capital nacional.

 

El estudio también plantea que los beneficios fiscales chinos generan ventajas competitivas estimadas en 45 millones de dólares anuales y advierte sobre las dificultades para identificar a los beneficiarios finales de algunos permisos de pesca. A eso se suman los riesgos de mezclar capturas realizadas dentro de aguas argentinas con otras provenientes de la denominada Milla 201, complicando la trazabilidad del producto y la identificación de su verdadero origen. Un asunto especialmente sensible para las exportaciones destinadas al mercado europeo. Pero hay más. Un segundo informe, elaborado por el Círculo de Políticas Ambientales y Sin Azul No Hay Verde, bajo el sugestivo título “El mar como caja negra”, reveló que durante 2025 el 85% de las mareas pesqueras se realizaron sin inspectores a bordo. Fueron 6.322 viajes sin fiscalización presencial sobre un total de 7.437. Durante el primer semestre de 2026 la situación apenas se modificó: el 84,8% de las mareas volvió a desarrollarse sin inspectores embarcados. En el caso del calamar, el panorama es todavía más preocupante. Apenas el 9,1% de los viajes contó con fiscalización presencial durante 2025 y ese porcentaje cayó al 8,2% durante los primeros seis meses de este año. Es decir, más de nueve de cada diez viajes de la flota calamarera se realizaron sin un inspector estatal a bordo. Todo esto mientras la dotación de inspectores embarcados se redujo de 94 en 2021 a solamente 64 en 2025. Y mientras las exportaciones pesqueras argentinas alcanzaron los 2.010 millones de dólares el año pasado, uno de los mejores registros históricos.

 

 

Hay otro detalle que los especialistas consideran delicado. Según el informe, ni siquiera se cumple de manera generalizada con la presencia de inspectores en embarcaciones de gran porte, pese a las exigencias establecidas por la normativa pesquera. La distancia entre las obligaciones de fiscalización y lo que efectivamente sucede en el mar aparece como uno de los problemas centrales. La situación adquiere otra dimensión cuando se observa lo que sucede fuera de las 200 millas. Allí, en la denominada Milla 201, centenares de embarcaciones extranjeras, muchas de ellas chinas, operan sobre un recurso que constituye una de las principales riquezas del Atlántico Sur. La paradoja es demasiado grande para dejarla pasar: mientras empresas extranjeras amplían su participación sobre uno de los recursos más valiosos del Mar Argentino, el Estado dispone de menos inspectores para controlar lo que sucede a bordo. El mar argentino produce riqueza. Lo que parece bastante menos claro es quiénes se están quedando con ella y quién controla cómo se obtiene.