La Ciudad

El frágil mundo que se abre tras el hisopado en un paciente sospechoso

Los contagios detectados en los pesqueros y la Clínica del Niño alimentan la controversia sobre cómo se detecta el coronavirus en Mar del Plata, cómo se retestea y cómo se ubican los nexos epidemiológicos.

 Por Fernando del Rio

El hombre llegó a la guardia angustiado como podría llegar a angustiarse cualquiera de los que comienza a leer este artículo. Unas líneas de fiebre y tos lo habían preocupado lo suficiente para decidir el viaje a la clínica en el asiento del acompañante. El cartel indicador de “Covid-19” lo dirigió hacia ese sitio en el que un doctor lo recibió, le hizo varias preguntas, sobre el olfato, el gusto, le tomó la temperatura y lo llevó a la sala de imágenes para hacerle una tomografía. Los estudios no lo descartaron y llegó la frase: “Vamos a hisoparlo”.

El hisopado es el primer cambio en la vida de un paciente. Pasa a ser un sospechoso de contagio y se inicia una intervención estatal que concluirá, con suerte, con el resultado negativo al día siguiente. Si es positivo, entonces arranca el otro gran cambio.

Cuando el 21 de abril se difundieron los dos casos positivos de coronavirus en tripulantes de pesqueros en el Puerto de Mar del Plata se supo, además, que había un mundo por delante a explorar, sometido a las reglas del ensayo y error, construido entre urgencias y protocolos. Maniatada por la tiranía de lo desconocido en la peor pandemia de los tiempos modernos, la nueva anormalidad no podía concebirse como un camino sin problemas.

La historia es conocida. El “patrón” del Scirocco y el jefe de máquinas del Atlantic Surf III dieron positivo a un test realizado a pedido de la empresa en un laboratorio privado y los retesteos ordenados por las autoridades sanitarias fueron negativos. “Se curaron”, fue el argumento oficial. Hubo imprecisiones a la hora de comunicarlo a la sociedad y la incertidumbre en torno a la eficacia de los test (en el mejor de los casos) creció en beneficio de los conspiracionistas, de los incrédulos de siempre, pero también de los honestos preocupados por las incongruencias.

El anuncio del caso positivo de la trabajadora de la Clínica del Niño y la Familia el pasado viernes y su posterior negativo, pese al cual surgieron otros cuatro contagios en el mismo nosocomio, volvió a alimentar la controversia sobre cómo se detecta el coronavirus en Mar del Plata, cómo se retestea, cómo se ubican los nexos epidemiológicos y cuántos laboratorios están habilitados en la ciudad para entregar con certeza un resultado.

 Los habilitados

En Mar del Plata, el laboratorio oficial es el del Instituto Nacional de Epidemiología (INE), donde llegan los pedidos de estudio sobre sospechosos de covid-19. Toda clínica u hospital envía a la sede de la calle Ituzaingó sus muestras luego de realizar el hisopado, aunque desde el domingo se agregó el laboratorio del Hospital Interzonal, que se limitará a testear a sus propios pacientes.

En el INE hay una capacidad de testeos diarios de 100, que incluye casos sospechados no solo en Mar del Plata sino en el resto de las localidades de la Región Sanitaria. Es un laboratorio de excelencia, reconocido en todo el país. Ahora podrá descongestionar lo que llegue desde el HIGA, cuyo director Gustavo Galbán confirmó que harán hasta 60 análisis por día. “Esperemos no ver colapsado a nuestro laboratorio, aunque sabemos que habría trabajo”, dice.

Desde hace algunas semanas hay un laboratorio privado, Fares Taie, que también hace el RCP para Covid-19. De hecho fue de donde salieron los positivos de los dos pescadores. A otros bioquímicos de la ciudad les generó inquietud esa acción profesional y llevó a que el Colegio de Bioquímicos de la ciudad emitiera un comunicado con su postura, justo al mismo tiempo que se confirmaba la contratación directa de Fares por parte de la Municipalidad para hacer tests a los marplatenses repatriados.

En el último fin de semana, pese que el HIGA se mostró a disposición para adelantar la apertura de su laboratorio y colaborar con la “grave” situación en la Clínica del Niño y su incalculable nexo epidemiológico, se optó por colaborar con el INE a través de Fares.

Más allá de los reproches, las autoridades sanitarias destacaron la importancia del aporte de los privados para una contingencia como la de una pandemia.

Los expertos aseguran que los tests son efectivos. El propio Alejandro Ferro, reconocido infectólogo y ex secretario de salud municipal, lo explica: “El positivo-negativo es factible. Puede hacerse el segundo test en el momento en que la carga viral de la muestra ha descendido lo suficiente para no ser captada por la sensibilidad del reactivo. Pero acá lo que no hay que decir es que Mar del Plata está libre de coronavirus. El virus está y seguramente hay mucha gente asintomática”.  

El camino del paciente

Cuando un paciente llega a la guardia de una clínica privada en Mar del Plata con síntomas compatibles al de un infectado de COVID-19 (tos, fiebre, dolor de garganta, por ejemplo) se le realizan varios estudios que funcionan como si fueran retenes. Si no se queda en ningún de ellos y sigue siendo sospechoso finalmente se lo hisopa: uno de fauces y dos de las fosas nasales. Por criterio médico se decide si el paciente queda internado o si espera el resultado de manera ambulatoria.

El kit para hisopar que poseen las clínicas es entregado por el INE (Instituto Nacional de Epidemiología) y consiste en una caja de cartón, dentro de la cual hay otra y dentro de ella, como en un juego de cajas chinas, está el receptáculo sellado en el que se colocarán las muestras. El personal bioquímico del laboratorio carga los datos del paciente en el SISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentina) y por eso es que existe un registro de los casos “sospechosos”. Por tratarse de información confidencial, no cualquiera tiene acceso a dicha base de datos y los profesionales de las clínicas recién obtienen un usuario y contraseña tras un intenso curso de 6 meses que luego tiene que refrendarse en una evaluación. A causa de la precipitación de la realidad al irrumpir el COVID-19 ese curso fue de algunas semanas.

El paso siguiente es enviar de manera física la muestra al INE (ahora se exceptuará al HIGA, por lo ya dicho de su laboratorio activo), donde el laboratorio le hace el test de RCP.

El proceso bioquímico para verificar la existencia del Covid-19 es, sencillamente, el reconocimiento de su ADN. Para esto se aplica la misma técnica que en otros virus (VIH, Ébola, Hepatitis C, etcétera) llamada RCP (Reacción en cadena de la polimerasa), la cual necesita de una serie de reactivos in vitro aprobados por la ANMAT. Esos insumos son importados al igual que los empleados en las pruebas serológicas a excepción de uno llamado COVID Ar IgG que fue desarrollado por el laboratorio Lemos con científicos del Conicet.

El método RCP es de alta sensibilidad y es el que confirma la presencia del virus en un paciente. El serológico (anticuerpos) se orienta a saber quién lo tuvo, (personal sanitario, contactos cercanos a un paciente para rastrear nexos epidemiológicos) ya que no detecta el período precoz del proceso virósico. De modo que el test serológico puede dar negativo a un persona que está ya contagiada porque lo que halla es el anticuerpo defintivo IgG, no el IgM que es el primero que genera el organismo. El test serológico, no obstante, es importante para un “mapeo” del virus en un sistema (ciudad, provincia, comunidad sanitaria, etc) y para saber cómo “se comportó” ante el gran flujo previsible de asintomáticos.

Los nexos

Frente al positivo de covid-19 se desencadena aquel segundo gran cambio en el paciente y su entorno. Por un lado el monitoreo propio de la evolución y su tratamiento, y por otro lado la pesquisa casi detestivesca de hallar a todas y cada una de las personas con las que hubo contacto estrecho.

El aporte del paciente y su honestidad al momento de hacerlo constituye el pilar esencial en esta búsqueda. “Debemos conocer todo para saber dónde y cuándo cerrar lo epidemiológico. Por ejemplo, si hay 10 contactos estrechos con 1 contagiado tienen que ir a aislamiento y recién al décimo día de esa interacción se le realiza el hisopado. Porque si se hace antes puede dar negativo”, explicó una infectólogo.

Desde el INE se hacen las comunicaciones telefónicas correspondientes y cuando los recursos se agotan se le pide ayuda a quienes tienen otras herramientas: instructores judiciales del CATI (Cuerpo de Ayuda a la Instrucción Técnica) de la Fiscalía General de Mar del Plata. Son quienes, como sabuesos, trabajaron desde mediados de marzo localizando a los que llegaban de zonas de riego y debían ser notificados.

Una vez cerrado el círculo, y con la seguridad de que no hay contagiados se libera a ese grupo, pero si, en cambio, se produce un contagio, todo el proceso comienza una vez más con cada uno de los contactos del nuevo paciente. Eso puede dar una dimensión del esfuerzo de todos los involucrados desde el infectólogo al técnico bioquímico.

En las últimas horas se supo del positivo de un obstetra de la clínica Pueyrredon y el temor se esparció más rápido que el virus. Y varios de sus más cercanos, acostumbrados a sostener el hisopo, se transformaron en los hisopados.

Así es el covid-19. Un mundo nuevo se puede abrírsele a cualquiera de un momento al otro.

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