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Deportes 6 de junio de 2023

El gran objetivo de Leandro Romiglio

La raqueta número uno del squash argentino y 52° en el ranking mundial está enfocado en meterse en la elite y en ganar una medalla en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile.

Su paso por el Tour de las Américas resultó perfecto, con dos títulos en dos torneos disputados.

Luego de ganar dos torneos PSA seguidos, en Resistencia, Chaco, y en Asunción del Paraguay, el marplatense Leandro Romiglio pasó brevemente por su ciudad para recargar baterías antes de enfocarse en un nuevo objetivo. En esos pocos días en Mar del Plata, jugó y ganó una etapa del Circuito local, venciendo en la final a su amigo Juan Pablo Roude en el “patio” de la casa de ambos, “Casal” Squash.

La mejor raqueta de Argentina en la actualidad, ya está en Cartagena, Colombia, donde se desarrolla el Panamericano de este deporte, el cual se extenderá hasta el sábado 10 de este mes.

Si bien el equipo masculino ya está clasificado -como campeón de los Juegos Odesur- para los próximos Juegos Deportivos Panamericanos, en Santiago de Chile 2023, la cita colombiana es importante para conseguir una buena preclasificación y, por lo tanto, un mejor cruce para el debut en los Juegos. Sobre esa y muchas otras cuestiones, Romiglio -elegido como el jugador del mes de mayo en el PSA Challenger Tour- dialogó con LA CAPITAL:

-Viniste como primer preclasificado y ganaste dos torneos PSA, en Resistencia y en Asunción. No está nada mal, ¿verdad?
-La verdad es que estoy muy conforme. Al principio no iba a venir, porque el año pasado había jugado un torneo en Qatar de 30.000 dólares, y tenía que defender los puntos de haber llegado a semifinales. Pero se canceló porque el mejor jugador qatarí está lesionado, y entonces, si bien conocía esta gira sudamericana, yo tenía que jugar primero en Atlanta, luego en Saint Louis y también en Chicago, todos en Estados Unidos, y después estaban estos dos torneos. Me parecía mucho, con el viaje largo incluido. Pero decidí venir y me fue muy bien. En Paraguay había ganado en 2017 y en Chaco nunca había podido ganar, así que fue buenísimo. Había jugado finales y también había tenido actuaciones malas en Resistencia, así que le tenía un poco de recelo. Pero por suerte salió todo perfecto. Me sentí jugando bien, súper concentrado. Se nota que jugar los torneos previos me ayudó a seguir en ritmo. Cuando llegué a Chaco, en los primeros días ni me daba cuenta en dónde estaba. Ni idea. Estaba re-perdido. Le preguntaba a otros jugadores si iban para Argentina. Re-loco lo que me pasó (risas).

-¿Cómo te fue en los tres torneos en Estados Unidos?
-Bien. En Atlanta perdí en segunda ronda; en Saint Louis perdí la final, muy pareja contra César Salazar, el número uno de México; y en Chicago me tocó en primera ronda contra el egipcio Mostafa Asal, quien estuvo en Mar del Plata alguna vez. Fue número uno del mundo y ahora es el número tres. Fue una buena experiencia. Perdí 3 a 0 pero todos los parciales fueron parejos. Él tenía las de ganar y me ganó, pero me metió ritmo y eso se notó cuando vine para los torneos en Sudamérica. Hay que aprovechar los momentos.

-Más allá del recelo que mencionaste, ¿había una presión extra por ser el máximo favorito?
-Cuando estás sembrado de uno, y sobre todo en este torneo, ahora que estoy afuera y la gente quería verme jugar, te genera algo especial, más que nada por la expectativa de la gente. Y te lo dicen. “¡Qué bien estás jugando!”, o cosas así. Entonces es como que entrás a jugar y tenés un poquito de presión. Pero yo intentaba estar tranquilo. Por eso le dije a mi viejo (Marcelo Romiglio), que fuera para que estuviéramos juntos. Él dio unas clínicas para menores, compartimos el hotel tres o cuatro días y eso me vino bien porque contaba con él, disfrutaba con él, íbamos a comer. Estuvo bueno porque me alejé un poco de los jugadores. A veces estamos demasiado tiempo y ahora cambié un poco, estuve bien enfocado, más contenido, más tranquilo. No se pudo quedar a ver la final, porque se tenía que volver a Mar del Plata, pero el trabajo ya estaba hecho, digamos (risas). Hablamos un poco de cómo jugar ese partido, al suizo (Yannick Wilhelmi) ya lo tenía visto del día anterior, para saber cómo se movía y todo. Me vino muy bien que haya estado.

-Te vas para los Panamericanos de squash en Cartagena, Colombia, una cita que siempre es importante…
-Son importantes. Si bien ya estamos clasificados para los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023, en este torneo vamos a buscar una buena siembra. Esto sería quedar entre los cuatro primeros, lo que nos permitiría evitar a un adversario bravo de entrada en los Juegos. Y también hay dobles en Cartagena. En esa modalidad, el objetivo es el mismo. Conseguir un buen resultado para evitar a un adversario más duro de arranque, aunque igual en el dobles se equipara mucho, siempre es mejor enfrentar a un rival menos complicado.

Leandro Romiglio en Casal Squash, donde se siente más local que en ningún lado.

Leandro Romiglio en Casal Squash, donde se siente más local que en ningún lado.

-A los Panamericanos van ocho países nada más. El camino va a ser durísimo para los que no están clasificados…
-Sí, nosotros entramos como equipo campeón de los Juegos Odesur. Chile clasifica como anfitrión y una isla del Caribe, creo que bajo la figura de inclusión para que estén las tres regiones de América representadas. Entonces quedan cinco lugares para todos los países del continente. Está Perú, con Diego Elías, uno de los mejores del mundo, y otros dos más que son duros aunque se les puede ganar; con Colombia sucede lo mismo: están Miguel Rodríguez y Juan Camilo Vargas, y los otros pueden complicar; están Ecuador y Brasil, que tienen equipos equilibrados, Estados Unidos, Canadá, México. Va a ser tremendo. Igual con las mujeres. Argentina no tiene el cupo para los Juegos de Santiago y lo va a buscar en los Panamericanos de Colombia. Ya están adentro Colombia, por ser campeón de Odesur, Chile por anfitrión y una isla del Caribe. Quedan tres lugares. Estados Unidos tiene a sus cuatro jugadoras dentro del Top-20 mundial; las dos primeras raquetas de Canadá están entre las mejores 50; Ecuador tiene varias juniors o de 20 años que juegan muy bien; México, Guyana también tiene un buen equipo. Las chicas argentinas la tienen complicada pero van buscar el pasaporte en Colombia.

-¿Por qué elegiste Praga para proyectar tu carrera desde allí?
-Durante la pandemia, cuando iban abriendo las restricciones, tenía dos opciones. Una en Estados Unidos. Allá estaba Diego Elías y me había dicho que fuera a entrenar con él. Y después estaba Praga, la más conveniente y económica en Europa. Ahí estaban Juan Camilo Vargas y un inglés, Robert Downer, a quien conozco del Tour. Yo tengo pasaporte español pero se me venció en pandemia y no lo había podido renovar. Y tampoco tenía visado para entrar a Estados Unidos con el pasaporte argentino, así que me fui para Europa con la intención de ordenar mi documentación y después decidir. Pero me encontré con una muy buena organización en la Academia Squash Club Strahov. Tienen todo diagramado. Los entrenamientos, preparador físico, psicólogo, kinesiólogo. También forma parte de la Academia el francés Gregory Gaultier, ex número del mundo. Somos siempre 8 o 10 jugadores, entrenamos a la mañana y a la tarde todos los días juntos. Hay una estructura muy buena, bien armada y me quedé. La idea original era ir a entrenar para un Mundial por equipos que había en Malasia, el cual se canceló. Me habían mandado por 40-50 días, jugaba ese torneo, me quedaba otros 40 días y me volvía. Pero se canceló el Mundial y me quedé igual.

-¿Cómo sobrellevás todo económicamente?
-Esto lo hacemos a través del Enard. De lo contrario, sería imposible. Mi nexo es Ricardo Hipólito, quien era vicepresidente de la Asociación, y lo planificamos con él. Vamos presentando proyectos y los van analizando. Básicamente, me cubren la mayor parte, casi todo lo que implica estar viviendo allá: alquiler de vivienda, alimentación, el costo de la Academia. Estoy buscando sponsors particulares para poder hacer frente a los viajes, que también son muy costosos.

-¿Cómo es la Academia?
-Es un club que tiene seis canchas de squash, una sala cómoda donde hay unas bicicletas fijas, una cocina, una heladera, unos sillones, un televisor, una encordadora. Ahí estamos prácticacmente todo el día. Entrenamos a la mañana, después generalmente me voy a mi casa, me queda a unos 20 minutos en transporte público, almuerzo, descanso un rato y vuelvo para el club. A veces se hace un poco tarde y me quedo directamente en el club.
rte voy y vuelvo porque como en mi casa y me tiro un ratito el sillón descanso, eh? A veces por ahí termina una tarde me quedo en el club.

-¿Aprendiste a hablar checo?
-(Risas) Es casi imposible. Muy difícil. Apenas digo “hola”, “buen día”, “gracias” y nada más. Nos manejamos en inglés y también en nuestro idioma, porque además de Juan Camilo y yo hay un chileno, un español y el entrenador es francés pero vivió en Guatemala y en El Salvador, así que habla español. Con el resto, en inglés. Tenemos una mezcla buena ahí. Franceses, checos, ingleses, un israelí y los sudamericanos. También vienen de Nueva Zelanda, Australia y Egipto.

-Más allá de lo deportivo, ¿está muy bueno como experiencia de vida y de desarrollo personal?
-Sí, ni hablar. Yo siempre viajé, o sea, no es algo nuevo para mí. Pero siempre era ir y venir, ir y venir, aunque igual viví tres años en España cuando terminé el colegio. Era más chico y era el mismo idioma, otra cosa. Ahora noto que también se abren otras oportunidades. Al ser más grande, más maduro y poder relacionarte mejor o distinto con las personas, está buenísimo. Yo lo disfruto pero siempre dije que cuando deje de disfrutar de viajar y subirme a un avión, largaré todo e iré viendo qué hacer. También es cierto que durante la pandemia estuvimos tanto tiempo encerrados que a mí, en particular, me dieron muchas ganas de volver otra vez a salir y recorrer porque estábamos como presos. Fue algo así como recuperar la libertad.

-La pandemia fue un escenario horrible. Especialmente para los deportistas…
-Total. Yo veía que se jugaba en otros lugares. En Estados Unidos había torneos regionales y en Praga se hacían torneos PSA. Por eso, cuando se abrió, decidí irme, casi sin pensarlo. Y enseguida entré en una rueda. De torneo acá, de torneo. Fui a un torneo en Francia, me fue bien. Fui a jugar otro, y lo gané. Cuando terminó el torneo, me mandó un mensaje un tipo de Francia, de otra ciudad, y me preguntó si quería jugar para su equipo de Liga. Le dije que sí. Era al otro día. Yo tenía pasaje para volverme a Praga y me quedé. Te pagan para jugar, me cambiaron el pasaje, me dieron hotel, comida, todo. A partir de allí fue rapidísimo. Me llamaron de otra Liga, te ven, te vas haciendo conocido. Surgen oportunidades porque hay mucha gente jugando.

-¿Las Ligas de squash serían como una especie de Interclubes en tenis?
-Es bastante parecido. Las Ligas tienen un peso muy fuerte en el squash. Te contratan para representar a un club. Hasta ahora he jugado en Francia y en Países Bajos, pero también estoy anotado en una en Alemania, en Suiza, en Polonia y en República Checa. Si conicide y podés ir a jugar, es muy bueno. Te pagan por partido, no importa el resultado, y además te mantenés todo el tiempo jugando contra rivales de tu nivel o mejores.

-¿Praga es tan linda ciudad como dicen?
-Es hermosa. Yo no la conocía. Cuando llegué era como estar en un cuento. Todo muy antiguo, muy medieval, todo prolijito. Invierten mucho dinero en infraestructura y en mantenimiento. Todos los edificios están impecables, todos los frentes pintados, de diferentes colores, cero inseguridad, súper tranquilo, el transporte público funciona de maravilla y es barato. Yo creo que pago 50 euros cada tres meses. Y tenés la opción de pagar 120 o 150 euros al año y te dan un pase libre que podés utilizar para el tren, el bus y hay un barquito que pasa por el río y te va llevando de estación en estación. Pasa a cada rato y funciona perfecto, siempre a horario, cada cuatro minutos. Y dentro de todo es barato para comer en relación con el resto de Europa. Es bastante más barato. Todavía ellos tienen su moneda, la corona checa, y conservan algunas características de la Europa del Este. La gente es muy educada y es segurísimo.

Foto: Juan Pablo Magarola. En la final de la reciente etapa de la Liga Marplatense, en Casal Squash, ante Juan Pablo Roude.

Foto: Juan Pablo Magarola.
En la final de la reciente etapa de la Liga Marplatense, en Casal Squash, ante Juan Pablo Roude.

-¿Cuál es tu hoja de ruta después del Panamericano de Cartagena?
-Me vuelvo a Praga. Entre junio y julio no voy a jugar ningún torneo de la PSA. Recién voy a arrancar en agosto, tal como hice el año pasado, y terminé con el torneo en Asunción. Me voy a tomar dos semanitas de descanso y empieza entrenar con la pretemporada, más o menos durante un mes y medio. El año pasado mi primer torneo fue en Egipto, en agosto, pero este año no se hace, y en cambio hay otro similar en Malasia. Y después hay uno en París, en una cancha de vidrio en el parque, al lado de la Torre Eiffel, algo que nunca se hizo. Es un torneo grande, un Platinum, de los más importantes. Con mi ranking actual, estaría al borde de entrar, quedaría como segundo reserva o algo así, porque son cuadros de 48 jugadores y los primeros 16 salen adelantados y empiezan en 16avos de final. Ya no hay más rondas de “qualy”, aunque a criterio del organizador se pueden entregar un par de invitaciones (wild-cards). Por eso es importante meterte en el Top-50. Una vez que entrás directo a todos los torneos, tu media de puntos es siempre alta y te mantenés ahí. Al menos hasta que cambie la norma y vuelvan a hacer “qualy” o algo distinto, porque de lo contrario es como que se hace muy difícil que te saquen de ahí. Es por eso que ahora cuesta tanto avanzar en el ranking. En mi caso, cuando llegué a Resistencia, estaba 58°. Gané dos torneos y apenas subí 6 puestos. No es tan significativo el ascenso para todo lo que cuesta ganar un título.

-¿A los Juegos de Santiago de Chile vas por una medalla?
-Es el gran objetivo. Ganar una medalla individual sería buenísimo. Pero hay que tener en cuenta que va a estar Diego Elías, que hoy por hoy está un escalón más arriba que todos. Y el resto son buenos pero jugables. Se puede ganar o perder, no veo a ninguno más que sea immposible. No es un cuadro grande y enseguida te podés cruzar con un rival pesado. Y si no es individual, tenemos la chance en el dobles o por equipos. Tenemos un equipo competitivo, con Robertino (Pezzotta), que está viviendo en España, está jugando bien y está en ritmo, y Jeremías (Azaña), quien está en un buen momento, es más pibe pero va sumando experiencia. Va estar bueno. Tenemos opciones, obviamente, pero también los demás, porque van a estar los mejores del continente.



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