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Más allá de las noticias 16 de enero de 2022

El Hospital de Muñecas de Lisboa, camino de dos siglos

Cuando llega el "paciente", se abre una ficha para conocer su problema, se le examina para elaborar un diagnóstico y se le asigna un número de cama.

El Hospital de Muñecas, entre las múltiples operaciones se encuentran trasplantes de ojos, manos o dedos.

El Hospital de Muñecas de Lisboa lleva casi dos siglos curando a pacientes especiales que pasan por la sala de espera y el quirófano con la idea de mantener intacto el sentimiento y el cariño que les profesan sus dueños.s curando a pacientes especiales que pasan por la sala de espera y el quirófano con la idea de mantener intacto el sentimiento y el cariño que les profesan sus dueños.

“Es un sitio donde se curan “la nostalgia” sobre todo y memorias que se tienen de la infancia, y donde se traen a veces muñecas muy viejecitas y mimadas a las que intentamos dar una segunda vida”, cuenta Manuela Cutileiro, la “médica general” de este particular centro sanitario que este año cumplirá 192 años, uno de los más antiguos de este género en todo el mundo.

Cuando llega el “paciente”, se abre una ficha para conocer su problema, se le examina para elaborar un diagnóstico y se le asigna un número de cama, donde esperará hasta ser transferido a uno de los dos quirófanos en función de la antiguedad y de los síntomas.

Entre las múltiples operaciones se encuentran trasplantes de ojos, manos o dedos: “cogemos la pieza más parecida posible y lo arreglamos”, explica Cutileiro, quinta generación de la familia que fundó el centro.

Después de la operación, ya curado y recuperado, se traslada al paciente a la sala principal, donde esperará a ser recogido junto al resto.

Por el hospital pasan todo género de muñecas y peluches, “desde los más viejitos a los más actuales” e, independientemente de su edad, “todos tienen el mismo valor”.

El sueño de Carlota

La historia se remonta a 1830, cuando una mujer llamada Carlota decidió confeccionar muñecas de trapo mientras vendía hierbas secas en una pequeña tienda ubicada en el mercado de la céntrica plaza de Figueira en Lisboa, actual sede del Hospital de Muñecas.

“Las personas se acostumbraron y como era el sitio donde se encontraba el Hospital de Todos los Santos, destruido por el terremoto de 1755, empezaron a asociarlo al hospital, luego a las muñecas y poco a poco nos fuimos quedando con ese nombre”, relata la descendiente de Carlota.

De manera simbólica aún hoy en día venden hierbas, pero el trabajo principal consiste en curar a “pacientes” procedentes de todo el mundo -la mayoría de Europa del Este, pero también de Israel, Estados Unidos o España- que llegan por correo o son traídos por los “familiares” cuando visitan Portugal.

Además de curar, en el Hospital confeccionan todas las ropas de los seres inanimados, así como trajes de carnaval para los niños y trajes típicos portugueses, porque no venden nada antiguo ni de segunda mano, “una norma rígida” que cumplen al máximo.

Un museo con más de 4.000 muñecas

El centro se completa con un museo que cuenta con más de 4.000 muñecas pertenecientes a la familia, bien compradas, muchas de ellas en España, o donadas por los visitantes.

La colección alberga muñecas de todo tipo y talla, desde las de porcelana del siglo XIV a las alemanas de los años treinta, las Mariquita Pérez de los años cuarenta, imágenes religiosas, “barbies” o peluches recientes.

De este modo se muestra la evolución de las muñecas a lo largo de la historia y la forma de crearlas en cada país, un “reflejo de la sociedad” presente en la calidad de la pintura de las caras, en los cabellos o de los materiales empleados.

A este curioso atractivo turístico de Lisboa llegan curiosos, clientes y niños con excursiones de los colegios que, por una entrada de 3,5 euros, aprenden la importancia que tuvieron las muñecas en la vida de las personas.

De la historia vivida durante los casi dos siglos del Hospital de Muñecas, Cutileiro se queda con la felicidad regalada a los clientes todo este tiempo: “Tal vez sea ese el motivo por el que duramos tantos años, el hecho de que no trabajamos con cosas sino con sentimientos”.