La Ciudad

El llamado telefónico a un futuro beato

Monseñor Eduardo Pironio estaba en Colombia cuando fue designado obispo de Mar del Plata. LA CAPITAL lo entrevistó telefónicamente y obtuvo declaraciones que se resignificaron con el paso del tiempo. A continuación, la entrevista, publicada el 3 de mayo de 1972.

Secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano, remplazante algunos años atrás de monseñor Jerónimo Podestá en la difícil diócesis de Avellaneda, considerado uno de los más lúcidos promotores del “aggiornamento” de la Iglesia Católica en la Argentina, equilibrado y progresista, monseñor Eduardo Pironio es aguardado con expectativa amplia y con inédito interés por su nueva diócesis.

Designado para ocupar el cargo de obispo local, vacante desde el fallecimiento de su primer titular, monseñor Enrique Rau, el prelado se encontrará con panorama por demás crítico: sacerdotes sancionados con el retiro de sus licencias por su actividad social en villas de emergencia, religiosos salesianos trasladados por pedido del administrador apostólico, disolución de organismos (la secretaría de Pastoral, ejemplo), estructurados por monseñor Rau. En resumen. un cúmulo de problemas que monseñor Pironio deberá resolver una vez instalado en la curia.

Una historia intermedia

Interrumpimos aquí el texto original del artículo para contextualizarlo históricamente.

El primer obispo de Mar del Plata, monseñor Enrique Rau, falleció el 20 de agosto de 1971 y la diócesis quedó a cargó de un administrador apostólico:: monseñor Antonio José Plaza, que era arzobispo de La Plata y quedaría asociado al “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983).

Como administrador apostólico, Plaza sancionó o dispuso el traslado de varios curas que se desempeñaban en esta ciudad.

Vecinos de villas de emergencia de los barrios Martillo Chico, Parque Palermo y Las Heras ocuparan la capilla “Nuestra Señora de Luján” en apoyo a tres curas sancionados. Uno de ellos era el capuchino Antonio Puigjané (1928-2003), quien formaría parte del MTP y sería condenado a 20 años de prisión por el ataque al regimiento de La Tablada, ocurrido el 23 de enero de 1989.

Retomamos, ahora, el texto original del artículo periodístico.

 

“Descarto, quiero aclarar, todo tipo de violencia: tanto la violencia armada como otro tipo de opresión que engendra esa violencia”.

 

Llamado telefónico

LA CAPITAL mantuvo una conversación telefónica con el nuevo obispo, actual residente en Bogotá, Colombia, donde está a punto de abandonar su cargo de secretario general del CELAM. Anticipó que asumirá sus funciones casi seguramente antes de fin de mes, probablemente el 26 o 27.

¿Conoce usted la situación de su nueva diócesis?

-No. No conozco más que los problemas externos, y los que he podido conocer siguiendo las cosas desde afuera, nomás.

-Nos interesa conocer su opinión con respecto a la situación del país, a la realidad argentina.

-Yo la sigo con mucho interés, pero no puedo dar juicio desde afuera, evidentemente, porque hace prácticamente cuatro años que estoy fuera del país.

-¿Y con respecto al problema de la violencia, tan común a América Latina?

-Deploro todos los episodios de violencia, y la juzgo como dice su Santidad el Papa, que no es cristiana ni evangélica. Descarto, quiero aclarar, todo tipo de violencia: tanto la violencia armada como otro tipo de opresión que engendra esa violencia.

– ¿Qué otro tipo, monseñor?

-Bueno, pues, situaciones de injusticia que provocan a veces reacciones, así, explosivas, de desesperación, como decía Paulo VI.

-¿Es Ud. partidario de la actividad de curas obreros en su diócesis?

-Eso depende de circunstancias muy concretas. Yo no descarto ninguna posibilidad puesto que eso dependería de circunstancias muy concretas y muy locales. Según el Concilio Vaticano, todo debe responder a las exigencias de cada lugar.

-¿Piensa usted que la Iglesia debe cumplir un rol activo en la vida de la comunidad, es decir, insertada en la comunidad?

-La Iglesia tiene una misión que es esencialmente religiosa. Sin embargo, tiene derivaciones o consecuencias que hacen al orden temporal. Pero no más. Corresponde a la Iglesia anunciar y predicar el Evangelio de Cristo.

-¿Cuál es su opinión acerca del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo?

-No podría decirle absolutamente nada más que hay una intención muy buena, muy evangélica, aun cuando muchas veces pueden discutirse ciertas actitudes, ciertas expresiones. Lo que importa es ser siempre fiel a la totalidad del Evangelio, y no parcializarlo.

-Quisiéramos un mensaje suyo para el pueblo de Mar del Plata.

-Todo esto es muy de sorpresa. Lo único que quiero decir es que voy como hombre de paz, que quiere realmente predicar y establecer la paz por los caminos de la justicia y del amor. Quiero formar verdaderos cristianos comprometidos con su Evangelio, y una comunidad que viva en la justicia, en el amor, y por consiguiente en la paz.

El augurio incumplido

Sus augurios de paz quedarían truncados. Pironio asumió como obispo de Mar del Plata el 26 de Mayo de 1972. Corrió peligro, sufrió amenazas, lo acusaron de “obispo rojo”, mataron a una estrecha colaboradora -la licenciada María del Carmen “Coca” Maggi- y se da por cierto que fue rescatado por el Vaticano. Partió de la ciudad el 1° de diciembre de 1975 y murió el 5 de febrero de 1998 en la Ciudad del Vaticano. Fue beatificado el 16 de diciembre de 2023.


Aquel día

– La Municipalidad informaba que “en el verano” habían llegado 2.402.305 turistas a Mar del Plata. La estadística se difundía en mayo porque los datos se tomaban desde diciembre hasta abril.

– Los docentes anunciaban para el jueves 4 de mayo un paro nacional de 24 horas en demanda de aumento salarial y pedían una audiencia con el presidente de facto Alejandro Lanusse, que se negaría a recibirlos.

– Los Estudiantes de la Universidad Nacional de Tucumán mantenían por decimotercer día la toma de todas las facultades, en desacuerdo con la estructura del calendario académico y el régimen de exámenes.

– En portada, se informaba el fallecimiento, a los 77 años, de John Edgard Hoover, quien tuvo un papel decisivo en el desarrollo del FBI, organismo que dirigió durante 48 años, hasta su muerte.

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