Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
La decisión del Gobierno nacional de retirar el pliego de la candidata a jueza María Verónica Michelli, por ser cuñada de un periodista, lejos de cerrar un problema, abrió otro. Y de proporciones. En los pasillos del Senado ya hablan de un verdadero escándalo político e institucional que amenaza con volver a golpear a una administración que no logra apagar un incendio cuando ya tiene otro encendido. Pero hay un detalle que en Mar del Plata no pasó inadvertido. Entre las nueve firmas que avalaron el dictamen favorable para que la candidatura avanzara, aparece la del senador marplatense Maximiliano Abad. Y no es un dato menor. Abad ya dejó trascender que de ninguna manera está dispuesto a acompañar un eventual retiro del pliego. Su posición adquiere especial relevancia porque no solo firmó el despacho favorable, sino que no está dispuesto a retirar el pliego sin una justificación clara. “De ninguna manera puede ser el argumento para retirarlo que Michelli sea la cuñada de Hugo Alconada Mon”. Abad forma parte del grupo de legisladores que consideran que el trámite ya cumplió las etapas correspondientes y debe ser resuelto por el pleno de la Cámara.
Junto al senador bonaerense firmaron también Carolina Losada, Carlos Espínola, Enrique Goerling Lara, Flavia Royón, Beatriz Ávila, Mariana Juri, Carlos Arce y Sandra Mendoza. Nueve firmas. Nueve voluntades políticas que dejaron al descubierto que el oficialismo no controla el tablero como imaginaba. El problema para la Casa Rosada es doble. Por un lado, enfrenta una fuerte resistencia a la decisión política de retirar el expediente. Por otro, distintas voces dentro del Senado recuerdan que el pedido de retiro no sería un simple trámite administrativo, sino que debería ser tratado por el cuerpo, abriendo una discusión pública que el Gobierno intentaba evitar. En ese contexto, crecen además las interpretaciones políticas sobre los motivos reales de la decisión. En distintos ámbitos parlamentarios comenzó a instalarse la idea de que el caso constituye un nuevo capítulo en la tensión entre el Gobierno y el periodismo crítico. “La quieren bajar simplemente por ser cuñada de un periodista que ha denunciado numerosos hechos de corrupción no solo de este, sino de otros gobiernos”, aseguró una alta fuente del Senado consultada sobre el tema. La frase, pronunciada en voz baja pero repetida en varios despachos, agrega un componente explosivo a una controversia que ya de por sí venía escalando.
Y como si faltara volumen político para el conflicto, en las últimas horas Patricia Bullrich, la principal espada de la Libertad Avanza en el Senado, también tomó distancia de la decisión oficial. Su mensaje en redes sociales, desmarcándose del Gobierno en medio de la polémica, fue leído en el Congreso como una señal de que las diferencias ya no se limitan a la oposición o a sectores dialoguistas, sino que empiezan a aflorar dentro del propio universo que hasta ahora respaldaba a Milei. Mientras tanto, el oficialismo enfrenta una situación incómoda: cada movimiento destinado a clausurar la discusión parece producir el efecto contrario. Lo que pretendía ser una salida rápida terminó transformándose en una nueva disputa política, con final abierto y con un marplatense ocupando un lugar inesperadamente central en la trama. Porque si el Gobierno buscaba unanimidad, la firma de Abad en el dictamen favorable terminó convirtiéndose en algo más que una formalidad parlamentaria: se transformó en una señal política. A eso ahora se suma el ruido generado por Bullrich, cuya toma de distancia amplificó un escándalo que lejos de apagarse sigue sumando protagonistas y costos políticos para la Casa Rosada.
Hubo un auspicioso “cambio de figuritas” (no las del Mundial) en el más que concurrido agasajo por el Día del Periodista realizado en el hotel Costa Galana con decenas de hombres y mujeres de prensa de Mar del Plata y de la Ciudad de Buenos Aires. Una fiesta que en esta nueva edición congregó a los periodistas en un encuentro distendido, en un alto en la tarea laboral, y en la que de los informales encuentros y diálogos surgieron datos más que interesantes para cualquier columna. Se estableció así, entre otras cosas –mientras circulaba el sushi y los buenos tragos en uno de los sectores del salón–, que al final los rumores tenían fundamento. Aquello que semanas atrás circulaba por los pasillos del poder político y empresarial de Mar del Plata empieza a encontrar confirmaciones: el proyecto de concesión y reconversión del estadio José María Minella fue acercado al grupo encabezado por Marcelo Figoli, uno de los empresarios con mayor presencia en los negocios del entretenimiento, los medios y el deporte.
La novedad no es menor porque ratifica lo que esta columna había anticipado cuando todavía era desmentido en voz baja por algunos protagonistas de la operación. La búsqueda de nuevos socios o inversores aparece hoy como una necesidad evidente para apuntalar un emprendimiento que, lejos de transitar aguas calmas, sigue rodeado de interrogantes financieros.Y es allí donde la otra cara de la historia adquiere relevancia. Mientras se exploran alternativas para sumar respaldo económico, los actuales concesionarios, Minella Stadium y su socia brasileña Revee, continúan enfrentando dificultades para regularizar compromisos con proveedores marplatenses que participaron de distintas instancias vinculadas al proyecto. Las quejas siguen circulando en ámbitos empresariales de la ciudad y alimentan las dudas sobre la fortaleza financiera de la iniciativa.
Por eso, más que una simple gestión comercial, el acercamiento a Figoli es leído por varios observadores como una señal de que el esquema original necesita reforzarse para garantizar la viabilidad de una inversión que fue presentada como histórica para la ciudad. En política, muchas veces la mejor confirmación de un trascendido es el paso del tiempo. Y en este caso, el tiempo parece haberle dado la razón a Radio Pasillo. Lo que era un comentario reservado en algunos despachos hoy aparece bastante más cerca de convertirse en un dato. La incógnita ahora ya no es si hubo conversaciones con el grupo de Figoli. La pregunta es qué lugar estaría dispuesto a ocupar en un proyecto que todavía busca despejar más dudas que certezas. Y, por sobre todas las cosas, que va a suceder con el estadio José María Minella teniendo en cuenta que los atractivos y coloridos renders con el que se anunciaban las obras, hoy lamentablemente van camino a convertirse en piezas de archivo.
Muchos periodistas de medios capitalinos llegaron a Mar del Plata para participar del agasajo y disfrutar de la ciudad el fin de semana. Y en los posteos en las redes sociales de los visitantes, no solo se reflejó lo sucedido en la fiesta en la que la presidenta y CEO de Álvarez Arguelles Hoteles resaltó la “profunda tradición periodística de Mar del Plata”, sino que se difundieron imágenes, paseos y otros atractivos de la ciudad. Fernando Bravo, María Isabel Sánchez, Hugo Macchiavelli, Lorena Maciel, Mariano García, Pilar Smith, Ceferino Reato, Gonzalo Aziz, Willy Kohan, Mariano Yezze, Ignacio Otero, Maru Duffard, Daniel Fava, Edgardo Alfano, Paulino Rodríguez, Guillermo Poggi, Juan José Moro, Daniel Gómez Rinaldi, Fabián Doman y Paulo Kablan, entre otros, coincidieron en resaltar las bellezas de Mar del Plata en una más que bien recibida campaña de promoción de la ciudad.
En tanto, gran cantidad de periodistas marplatenses –hombres trajeados, mujeres de largo y con sus mejores galas– también celebraron su día en forma adelantada. Los más valientes hasta se animaron a cantar en el karaoke, tras el show musical de Pablo Rabinovich y en la previa del ingreso de una murga mundialista, con reparto de souvenires celestes y blancos a horas del Mundial. Fabián Medina Flores y Guillermina Moreno, quienes en la alfombra roja entrevistaron y destacaron los looks, vieron pasar por allí a Daniel Álvarez, Martín Kobse, Indy Marini, Majo Garufi, Maira Pilas, Ana Marino, Marcelo Marcel, Rubén Ferrari, Eduardo Zanoli, Jorge Zanier, Beto Mena, Beto Miraglia, Darío Palavecino, Adrián Barbarulo, Alberto Spognardi, Marisol Herbon, Maricel López, Patricia Garciarena, Martín Sala, Matías Copy, Marcelo Gobello, Martín Terriaca, María José Laguarda, Brenda Careto, Ezequiel García y Juan Pablo Mozo.
La barra local contó también con las presencias de Marina Enrico, Candela Feuer, Guillermina Ruiz, Alejandro Almirón, Nicolás Vellini, Clara López Tonon, Cristina Zaragoza, Samuel Zamorano, Luz Doubedut, Oscar Caballero, Germán Ronchi, Bianca Britos, Hernán Klosterman, Adrián Maucci, Agustín Amaya, Jimena Paternoster, Fabrizio Zotta, Mariela López Brown, Claudio Laciar, Jorge Penin, Esteban Salinas, Federico Bruno, Analía Elefante, Valeria Figueroa, Patricia Montagna, Miguel Avellaneda, Santiago Greco, Juan Cruz Faguaga, Mía Breg, Blanca Britos y Alejandro Heuguerot, entre otros. En un aparte, cuatro de los locales se referían a una historia que tiene todos los ingredientes de una buena trama marplatense: un club de barrio con músculo social, un pliego hecho a medida de privados, una pelea judicial silenciosa y, finalmente, una marcha atrás del municipio. El dato político no es solamente que Once Unidos podrá competir por la concesión de Playa Acevedo. El dato político es que el gobierno municipal terminó cediendo después de meses de resistencia. La secuencia merece contarse, reflexionaba el colega radial ante su par televisivo capitalino que se acercó al informal encuentro, ya pasada la medianoche.
Recordó entonces que el año pasado el club había anunciado durante su 85° aniversario que quería desarrollar una “Playa Deportiva” en el norte de Mar del Plata: beach volley, handball, tenis, actividades recreativas y un esquema abierto a socios y vecinos. Pero cuando apareció el pliego del Emturyc, irrumpió también una cláusula curiosa: quedaban excluidas las asociaciones civiles sin fines de lucro. Traducido al castellano político: afuera los clubes. Desde Once Unidos denunciaron que la medida era “inconstitucional” y apuntaron contra una licitación diseñada para actores empresariales. Horacio Taccone sostuvo entonces que no querían que el club compitiera porque podía presentar una propuesta “difícil de superar”. El conflicto escaló, hubo presentaciones administrativas, recursos judiciales y un ruido político que empezó a crecer más allá de Punta Mogotes y Playa Acevedo. En el medio, el municipio suspendió la licitación argumentando “cuestiones topográficas”. Pocos en la política local creyeron que el problema fueran los médanos. El expediente siguió avanzando y el Emturyc llegó incluso a defender formalmente que la concesión requería un perfil “empresario o comerciante”, dejando afuera a clubes y entidades sociales.
Pero algo cambió. Y cambió ahora. El municipio relanzó la licitación y eliminó la cláusula que prohibía participar a entidades sin fines de lucro. A diferencia del pliego original, ahora podrán participar “personas humanas y personas jurídicas legalmente constituidas”. Dicho menos jurídicamente, el municipio corrigió la letra chica después de la presión política y judicial. Resultado: Once Unidos podrá presentarse oficialmente a la compulsa por Playa Acevedo. La nueva licitación contempla una concesión de 20 años, con opción a cinco más, un canon base de 45 millones de pesos y autorización para instalar hasta 300 unidades de sombra en un predio de 72 mil metros cuadrados sobre el corredor norte. El proyecto apunta a combinar gastronomía, deporte, recreación y nocturnidad, con uso durante todo el año. El propio club eligió comunicarlo con un tono sereno, casi sin pasar factura. “Creímos en una idea y la seguimos defendiendo”, señalaron en sus redes. Y agregaron una definición que también funciona como mensaje político: “Imaginamos un espacio abierto al deporte, al encuentro y a la vida saludable, con actividades para todas las edades durante todo el año”.
En Once Unidos entendieron que era el momento de mostrarse institucionales y evitar el tono triunfalista. Por eso también remarcaron que “seguramente habrá otras propuestas y será el municipio quien elija la mejor opción para la ciudad”. Aunque debajo de esa prudencia aparece otra lectura, el club logró doblarle el brazo a una decisión que parecía escrita para excluirlo. En el fondo, la discusión excede una playa. “Lo que se terminó discutiendo –reveló periodista luego beneficiado con uno de los principales sorteos de la noche– fue quién puede administrar espacios públicos en Mar del Plata: solamente privados con lógica comercial o también instituciones sociales con arraigo territorial. Y ahí el gobierno tuvo que retroceder”.