La Ciudad

El mejor fin de semana de una temporada distinta, otro Carnaval “tempranero” y el crecimiento de la Mar del Plata industrial

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

Tras el fin de semana extralargo de Carnaval, y con el éxodo masivo de turistas en estas horas, la temporada prácticamente comienza a despedirse. En los cafés del microcentro, en los pasillos del Palacio Municipal y en las sobremesas empresarias de Mar del Plata, el comentario es el mismo, aunque nadie lo diga exactamente igual: “La temporada no fue mala… pero algo cambió”. Y lo que cambió no es menor. Enero dejó algo más de 1,2 millones de visitantes. Número importante, sí. Pero 7 % menos que el año pasado. No es un derrumbe. Tampoco es una anécdota. Es una señal. La postal de las playas llenas durante algunos días puede confundir. Porque la discusión ya no es cuánta gente se vio. Es cuánta gente vino en comparación, cómo vino y cuánto dejó. Y acá aparece el dato que, puertas adentro, incomoda: ocho de cada diez turistas no se alojan en hoteles. Ese número rompe el viejo libreto del verano marplatense.

Hoy el 80 % duerme en departamentos temporarios, viviendas propias o casas prestadas. Llega en auto. Decide el viaje más sobre la fecha. Ajusta la estadía al clima. Y mira el gasto con lupa. La hotelería tradicional cerró enero con una ocupación promedio cercana al 60 %, casi diez puntos menos que en 2025. En cambio, el alquiler temporario tuvo picos de hasta el 87 % en el centro y cifras altísimas en zonas del sur. Hay ganadores y hay perdedores. El negocio no desapareció: se redistribuyó. En el pasillo se escucha otra frase: “Hubo movimiento, pero no hay caja como antes”. Y no es solo percepción. En la ruta circularon más de 100.000 vehículos menos hacia la costa en la primera quincena de enero respecto del año pasado. En el teatro hablan de una caída cercana al 15 % de espectadores. La gastronomía trabajó, sí, pero con ticket promedio más bajo. El consumo reflejo murió. Ahora todo se piensa. Febrero, mientras tanto, venía más tibio. Mucho jueves y viernes. Caída marcada lunes y martes. Reservas de último momento. Dependencia total del clima. Hasta que llegó Carnaval. Y ahí sí: ocupación por encima del 85 %, hoteles rozando el 90 % en sus mejores días, rutas cargadas, trenes completos, balnearios a pleno. El mejor fin de semana del verano. El pico real de la temporada. Se celebró. Se respiró. Se facturó. Pero en privado, la conclusión fue más fría: Carnaval salva la foto, no cambia el modelo.

 

Como se especulaba en la previa, el fin de semana largo dejó en Mar del Plata el mejor registro del verano 2026. Según el Ente Municipal de Turismo y Cultura (Emturyc), entre el jueves 12 y el domingo 15 de febrero arribaron 232.989 turistas, un 17,2 % más que en los Carnavales de 2025. Si se toma la semana completa (del 9 al 15), la cifra asciende a 330.713 visitantes. La ocupación hotelera tocó un pico del 85 %, con fuerte incidencia de arribos de último momento que mejoraron las proyecciones iniciales. Pero el dato estructural sigue siendo otro: desde el 1° de diciembre al 15 de febrero llegaron 2.683.773 turistas, un 4 % menos que en la temporada anterior. Carnaval fue un alivio contundente, aunque todavía no alcanza para revertir la tendencia general del verano. Este año el feriado cayó en febrero, en plena temporada alta. A diferencia de 2025 –cuando se celebró en marzo y permitió estirar la actividad–, esta vez reforzó un mes que ya es naturalmente bueno. En el sector privado, con voces como la del productor teatral Carlos Rottemberg, la lectura es clara: para la ciudad, es más conveniente que Carnaval caiga en marzo, porque ayuda a sostener la ocupación cuando comienza la baja estacional.

 

En 2027, el feriado volverá a ubicarse en febrero: lunes 8 y martes 9. Y hay un detalle no menor: el 10 de febrero se celebra el aniversario de la fundación de Mar del Plata. Esa coincidencia abre una ventana estratégica. Hay un año completo para pensar una propuesta potente que encadene Carnaval y aniversario en una misma narrativa turística. ¿Por qué no una Fiesta del Mar renovada, con perfil contemporáneo, agenda cultural fuerte, identidad local y atractivo nacional? Si el calendario no ayuda a estirar la temporada hacia marzo, al menos puede aprovecharse para maximizar febrero. El desempeño local se dio en un marco récord a nivel país. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, viajaron 3 millones de turistas durante el fin de semana largo, con un impacto económico superior al billón de pesos. Sin embargo, el informe muestra matices: el gasto diario promedio cayó 7,7 % en términos reales, mientras que la estadía promedio subió a tres días. Más viajeros, pero consumo más prudente. Ese mismo patrón se observó en Mar del Plata: volumen alto, decisiones tardías y fuerte sensibilidad a promociones.

 

 

A la hora del análisis turístico, hay un elefante en la sala que ya nadie evita mencionar: el exterior. Con un dólar relativamente bajo y mayor previsibilidad cambiaria, 2025 marcó récord histórico de argentinos viajando fuera del país: casi 12 millones. Brasil volvió a ser competitivo. Chile también. El Caribe dejó de ser una fantasía inalcanzable para ciertos sectores medios. Mar del Plata ya no compite solo con la costa. Compite con el mundo. Cuando la ecuación precio-calidad se empareja, el consumidor compara. Y si el exterior aparece posible, algunos eligen cruzar la frontera. A eso se suma el cambio generacional. El turismo joven representa más de un tercio de los visitantes. Viaja con amigos. Organiza todo online. Decide tarde. Prioriza experiencia antes que estructura. No es un segmento marginal: es parte central del nuevo ecosistema.

 

 

La temporada dejó otra evidencia: ya no es lineal. Noviembre fue fuerte por eventos y fines de semana largos. Casi la mitad de los 8,2 millones de visitantes anuales llega fuera del verano clásico. Enero dejó de ser el único termómetro. En el fondo, lo que sobrevuela el debate es más profundo. ¿Está la ciudad preparada para un modelo donde el hotel pierde centralidad y el alquiler temporario manda? ¿Está lista para competir en serio con destinos internacionales? ¿Está leyendo que el turista ya no gasta por tradición, sino por decisión racional? La temporada 2026 no fue un fracaso. Tampoco fue para festejar en balcones. Fue una advertencia. Mar del Plata sigue convocando. Sigue siendo líder. Sigue teniendo volumen. Pero el libreto del “enero lleno y todo resuelto” ya quedó viejo. Y en los pasillos, cada vez más, se escucha una pregunta que suena menos retórica y más urgente: ¿la ciudad va a adaptarse al nuevo turista o va a seguir celebrando números que ya no explican el negocio? Ese es el verdadero saldo del verano. Y recién empieza a discutirse.

 

Pero no solo de turismo vive Mar del Plata. La reinvención industrial irrumpe con vigor. En el último encuentro organizado por Forbes Argentina, el mensaje fue claro aunque no todos lo dijeron de forma explícita: Mar del Plata está atravesando una transformación silenciosa pero profunda. Durante años, la ciudad fue sinónimo de turismo. Temporadas buenas o malas marcaban el pulso económico. Pero en los salones del encuentro comenzó a instalarse otra narrativa: la ciudad empieza a consolidarse como polo industrial y logístico, con dinámica propia y menos dependencia del verano. Uno de los motores más mencionados fue el crecimiento sostenido del comercio electrónico. Empresas como Mercado Libre ampliaron operaciones y volumen de envíos desde la región, lo que genera una demanda logística que hace algunos años no existía. El dato que circula entre empresarios es contundente: cada vez más compañías del interior eligen operar desde Mar del Plata en lugar de centralizar todo en el Área Metropolitana de Buenos Aires. ¿Por qué? Ubicación estratégica, mercado propio de escala considerable y costos operativos relativamente competitivos. No es solo consumo local. Es distribución regional.

 

 

Pero no todo es euforia. En conversaciones fuera del escenario apareció una preocupación compartida: la infraestructura empieza a quedar ajustada frente al ritmo de expansión. Desarrollar nuevos parques logísticos o ampliar los existentes requiere tiempo, financiamiento y coordinación público-privada. Los proyectos industriales no se resuelven en meses. Son decisiones de largo plazo que exigen previsibilidad económica y reglas claras. También hay desafíos en conectividad vial y accesos para transporte pesado. Si la ciudad quiere consolidarse como nodo logístico, necesita planificación acorde a esa ambición. Otro elemento que suma volumen a esta transformación es el puerto local. Con mayor actividad y proyección exportadora, el entramado productivo empieza a tener un soporte logístico más robusto. Si esa tendencia se sostiene, Mar del Plata podría posicionarse como punto clave dentro de la provincia de Buenos Aires para operaciones industriales y comerciales. A propósito del Puerto, hay mucho “ruido” en la provincia por el tema de la Terminal de Contenedores y una licitación que ya atravesó todas las etapas y que ya huele a futuro cercano con fuerte polémica.

 

La pregunta que flota es inevitable: ¿estamos ante un cambio estructural o frente a un rebote pospandemia? Algunos empresarios sostienen que el proceso es irreversible. El comercio electrónico, la digitalización y la descentralización productiva modificaron para siempre la lógica territorial de las operaciones. Otros, más cautos, advierten que sin estabilidad macroeconómica el crecimiento puede frenarse. Lo que parece indiscutible es que Mar del Plata ya no quiere depender exclusivamente del turismo. La industria, la logística y los servicios asociados comienzan a ocupar un lugar central en la conversación económica. “La oportunidad está planteada y el desafío es sostenerla”, coincidía en señalarse. Si la infraestructura acompaña y la previsibilidad económica se consolida, la ciudad podría estar entrando en una nueva etapa histórica. Si no, el impulso podría diluirse antes de consolidarse. Ya no se habla solo de temporada alta. Se habla de producción, logística e inversión. Y eso, en Mar del Plata, ya es una señal de cambio.

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