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Opinión 6 de junio de 2018

El mundial de los gorilas

En redes sociales, en memes, en mensajes de whatsapp se viralizan opiniones sobre lo bueno que sería que Argentina vuelva de Rusia en primera ronda. ¿Tiene sustento esa postura?

por Agustín Marangoni

Esto ya se vio. En el mundial de Sudáfrica 2010, con Maradona como director técnico, las redes sociales explotaron con deseos para que Argentina quedara eliminada lo antes posible. Pasó exactamente lo mismo en el mundial de Brasil 2014. Los horribles de siempre festejaron que se haya perdido en la final, para que Cristina Kirchner no se adjudicara un mundial en su gestión de gobierno. Ahora, a días del inicio en Rusia, la situación es diametralmente inversa. E igual de horrible. Los opositores más duros al gobierno de Mauricio Macri quieren que la selección argentina fracase.

Es real que el fútbol es una cortina de humo de lo más eficiente. De ahí que el gobierno elige estos días para negociar con el fmi y poner en marcha cada cláusula de ajuste que se le exija. Pero también es real que se puede ver fútbol sin descuidar la actualidad, hay un caudal de información veraz y profesional al alcance de nuestra mano lo suficientemente amplio como para no perderse detalle de nada de lo que suceda por fuera del universo mundialista.

El fútbol es una herramienta social que impacta en el humor de las masas. Un país que consigue el campeonato mundial, en el mejor de los casos, incrementa su consumo interno casi tres puntos en los siguientes treinta días, según explican distintas consultoras internacionales. Así y todo, es un cálculo de corto alcance que sólo aplica para el campeón. El resto, no mueve la aguja ni un milímetro. Beneficios políticos, ninguno. En nuestro caso puntual: la Argentina organizó y ganó en plena dictadura el mundial de 1978, pero no le sirvió para tapar las aberraciones de aquellos años, y eso que la información crítica al gobierno de facto circulaba a cuentagotas. Algo similar pasó en 1986. Raúl Alfonsín comenzaba a dar sus primeros tropiezos y la victoria en México no le permitió reacomodarse como una figura sólida. Entonces, nada indica que ganar el mundial le permitiría a Macri recuperar el capital político que dinamitó en los últimos siete meses.

Desear un fracaso en el mundial es una postura mezquina: lo que en realidad se está deseando es un fracaso político. Y, para lamento de los horribles de uno y otro lado, no hay conexión entre esos dos territorios. Y si la hay es tan mínima y efímera que pierde todo peso específico. La postura de alentar el fracaso sólo deja en evidencia la inercia irracional de estar en contra de todo, incluso del festejo popular, sólo porque llega desde el otro lado. Además, una persona que está en desacuerdo con el modelo macrista no va a cambiar su esquema de reflexión por ganar una copa del mundo. Es ilógico por dónde se lo mire. No hace falta mostrar así la hilacha.