12 de julio de 2018
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El músculo y el cerebro

por Vito Amalfitano

Luka Modric.

Desde Moscú, Rusia

El músculo duerme, la ambición descansa.
Todavía late el corazón futbolero bien fuerte por las emociones que dejó Croacia. Por como dio vuelta el partido ante Inglaterra en Luzhniki y se metió en la gran final de la Copa del Mundo. La que se jugará aquí en el mismo escenario en Moscú, en el mediodía de Argentina, a las 18 de Rusia, nada menos que con el árbitraje de Néstor Pitana.

Después de convertirse en el primer equipo que llega a una final de un Mundial tras salir airoso de tres tiempos suplementarios, el plantel de Croacia se tomó un descanso total en el día posterior en Moscú a la heroica victoria sobre Inglaterra en Luzhniki. El músculo duerme, la ambición descansa, reposa, crece. En total el equipo que dirige Zlatko Dalic llega a la final con Francia con un partido completo más disputado, si se suman los tres tiempos añadidos, y sin contar el “stress” de los penales.

Francia, en cambio, ya tuvo un día de entrenamiento normal en Istra, a 60 kilómetros de Moscú, tras su arribo desde San Petersburgo, dónde logró el pase ante Bélgica.

¿Tendrá peso esa diferencia física en la definición? Todo dependerá de lo futbolístico. Alguna vez el profe Pizzarotti, el preparador físico de Menotti en la Selección campeona del mundo del 78, contó una parábola, para demostrar que siempre lo físico depende de lo anímico, de lo psicológico, de lo motivacional. Siempre dando por sentado que se parte de una base de preparación de excelencia para la alta competencia. La fábula la volcaron en su libro “Fútbol sin Trampas” el propio Menotti y Angel Cappa. El profe decía que si un hombre llega extenuado a su casa, sin resto para nada, si incluso tiene algún problema físico de arrastre, y de repente se encuentra con que se está incendiando el edificio y su familia está en el piso 22, saca fuerzas de dónde no las tiene para subir por la escalera y rescatar a su gente.

El ejemplo es cruento pero cabe para demostrar que papel juega la cabeza en esta cuestión.

Croacia saca fuerzas de dónde no las tiene porque le viene una gran motivación por delante y porque se dio una inyección anímica con su prueba de coraje futbolero en el vuelco ante Inglaterra. Y ahí se cae en que, en el fútbol, lo psicológico y anímico, a su vez, va de la mano de lo futbolístico. Croacia se agrandó porque tuvo caudal de juego, ante todo por eso. Esa es la esencia. Después se añade el resto. La cabeza funciona porque te sentís superior, y las piernas aguantan porque el cerebro manda a partir de la autoridad futbolística.

Además, Croacia sabe a que juega y quien la conduce, Luka Modric. “Es nuestro líder y lo que necesitamos. Nosotros tuvimos a Boban en el 98 y ahora a Luka. A veces necesitas gente como él para llegar lejos”, expresó un exultante Davor Suker, el presidente del fútbol croata, en la zona mixta, al cabo de la victoria ante Inglaterra.

En fútbol, saber quien te guía es un gran paso. En Argentina durante diez años le hicieron creer a Messi que eso lo tenía que hacer él y él se lo creyó aunque no lo sienta. Cuentan que la arenga de Modric en el vestuario del entretiempo en el Luzhniki emocionó a todos sus compañeros. No lo imaginamos a Lío en igual situación. A él lo necesitábamos para otra cosa. El también se empecinó en ser lo que no era. Y no dejó, en su momento, que lo siguiera liderando quien debía, para cargar con todos los pesos, Riquelme, quien fue su Iniesta en la Selección hasta que se tuvo que ir.

Los grandes equipos necesitan un cerebro en serio. Croacia lo tiene a Modric.

@vitomundial

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