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El nuevo horizonte de Ayelén Tarabini

Luego de anunciar su retiro, la gimnasta marplatense dejó entrever la posibilidad de representar a otra bandera en un par de años.

Por Marcelo Solari

Está abrumada -por el vendaval de las últimas 24 horas- pero al mismo tiempo, tranquila. “Sinceramente, no pensé que mis publicaciones en las redes sociales iban a tener tanta repercusión”, le confesó ayer la gimnasta marplatense Ayelén Tarabini a LA CAPITAL, en una extensa entevista desde Buenos Aires, tras el anuncio oficial de su retiro, a los 27 años, cansada de los desplantes del entrenador del seleccionado, el brasileño Roger Medina, y de la falta de apoyo de la Confederación Argentina de Gimnasia (CAG). Parece que eso fue todo en la carrera de la chica de las mil y una reinvenciones. Pero, ¿de verdad eso fue todo? Pasen y lean, que vale la pena saber cómo piensa.

– ¿Cómo vivís estas horas después de la “bomba” que activaste en las redes?

– Sinceramente, no pensé que iba a tener tanta repercusión. Me costó mucho tomar la decisión de poder sacarme todo lo que tenía acumulado. Eso creo que fue lo más difícil. No entreno desde que terminó el Mundial de Alemania (N. del R.: en octubre, en Stuttgart). Pero eso no me pone mal. Son cinco o seis meses. Mucho menos tiempo que el que me llevó recuperarme de varias de mis lesiones.

– ¿Te arruinaron la carrera?

– Totalmente. Yo lo creo así.  Y se los dije. Al head coach y los dirigentes de la CAG. Sufrí maltrato psicológico por parte de Roger Medina. Soporté que me contestara mal, que me hiciera gestos, que se me riera en la cara.

– Llegaste a decir que tenía la intención de lastimarte. Es un poco fuerte y también difícil de probar…

– Hubo muchas cosas inexplicables que me hicieron. Para mí era clarísimo. No dejar que una de mis entrenadoras estuviera conmigo para mi rutina en paralelas en el Mundial, es una muestra. Ellas son una guía para mí. He tenido muchas lesiones y me hace sentir más segura. Pero por un capricho de él… Cuando fui a hacer el salto, todos estaban en otra. Nadie me ponía la tabla. Y cuando la pusieron, lo hicieron mal. Casi me rompo la rodilla. Ya no quería ir a entrenar con él porque estaba todo el tiempo pensando que me iba a lastimar. A los 27 años y después de tantas lesiones, no podía entrenar 8 o 9 horas por día de la misma manera. Yo no quería entrenar menos. Quería entrenar distinto. Pero no me lo permitieron. Hay muchos testigos que no van  a hablar. Por miedo o por conveniencia. Pero yo lo voy a denunciar penalmente. Por abuso de poder y maltrato psicológico. Me estoy asesorando con abogados.

Ayelén Tarabini sobre la viga de equilibrio, uno de sus aparatos preferidos y en donde llegó a ostentar el “1” en el ranking mundial.

– ¿Cómo reaccionaron tus entrenadoras, que te conocen de toda la vida?

– Yo tomé esta determinación por mi cuerpo, por mi salud. Ellas saben cómo se fue dando todo. Pero también tienen alumnas más chicas que vienen atrás mío y no se pueden cerrar la puerta del seleccionado. El head coach, por tres años más es él. Está a cargo y decide. Ellas lo soportan. No tienen otra. Y las entiendo.

– ¿Qué pasó en la previa de los Panamericanos de Lima?

– El no me quería en el equipo. Por mis lesiones anteriores necesito estirar mucho después de cada aparato. Y por eso llegué unos segundos tarde a la entrada en calor. Me gritó, le pedí disculpas pero después volvió a pasar lo mismo cuando bajé de la viga. Me dijo que me fuera del gimnasio y otras cosas. Y cuando le recordé que tenía que cuidarme por mis lesiones, me dijo que me había lesionado en mi club. Ahí sí no aguanté y le contesté. Que mi desgarro había sido por sobreentrenarme, que su planificación era muy mala, que me había defraudado como head coach y que no quería entrenar más con él. Yo tenía razón, pero estuve mal porque él era la autoridad. Y por eso le pedí perdón. Sabía que no iba a estar en Lima, pero se venía el Mundial y la chance de clasificar para Tokio.

– ¿Y entonces?

– Volví a entrenarme al máximo. Con Rosa Ishkova y las hermanas Lucía y Marina Lamanda. Me presenté a todos los controles para demostrar mi compromiso, en las dos pruebas físicas quedé primera. Estaba bien para el Mundial.

– Y en Alemania te chocaste contra la realidad…

– Sí, cuando me dijo que tenía que competir en barras y salto, en ese segundo, mi vida se arruinó por completo. No podía competir en All Around y encima tampoco me dejaba mis dos aparatos más fuertes: suelo y viga. Mi sueño olímpico volvía a esfumarse. Creo que me pasaron la factura.

– ¿Y cuándo volvieron del Mundial no presentaste ninguna queja?

– Sí, por supuesto. Lo único que le pedí al presidente de CAG (Sergio Wurch) era salir del sistema y tener igualad de competencia en un selectivo. Pensaba irme a entrenar a Estados Unidos con Rosa Ishkova y jugarme todas las chances en el Panamericano.  Me dijo que sí, que se podía hacer, que me quedara tranquila. Pero no me llamó más. Y cuando llamé, me dijeron que no era posible. Que era el proyecto de Medina y sus reglas. Y él no aceptaba lo que yo proponía.

– La pregunta es inevitable ¿Qué le hiciste para que te tratara de ese modo?

– Me encantaría saber, sinceramente. Yo lo conozco desde los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, en 2007. Pensé que me iba a llevar súper bien con él. Es muy complicado. No comprendo qué pasó.

– ¿Que dice tu familia?

– En casa están tranquilos. Felices de que yo esté bien, porque les dolió muchísmo toda la situación. Para ellos también es importante. Para los padres no es agradable ver que un hijo está mal. Pero las cosas no se tenían que saber. No había que decir nada. Por suerte me hicieron caso.

– Te tomaste tu tiempo para hacer público todo…

– Es que no podía decir nada. Me tenían amenazada con enviar una al Tribunal de Disciplina de la CAG. Una vez que tomé la decisión de alejarme, eso ya no me importaba. Pero me costó encontrar las palabras adecuadas.

– Con visión de futuro cercano, ¿te planteaste ser entrenadora? ¿Te gustaría?

– Me gustaría tener mi propio gimnasio. Pero no sería viable porque se necesita mucha plata para eso. Enseñar lo llevo adentro. Hace bastante que yo cuido a mis compañeras más chicas, las oriento, las corrijo. Me encanta.

– Pero… ¿todavía no te sacaste el chip de gimnasta?

– Puede ser. Por ahora estoy replanteándome un montón de cosas. Di un paso muy importante dejando salir todo eso que tenía adentro. Ya veré qué hacer. No descarto que en un par de años pueda volver a competir.

– ¿Cómo es eso?

– Para otro país. Se puede. Tengo que esperar un año y medio sin representar a Argentina y podría hacerlo para otro país, obviamente después de obtener la nacionalidad correspondiente. He estado mucho tiempo parada y sé lo que es. Así que puedo volver tranquilamente a competir más adelante. Hay países que me quieren aceptar. Y sería una gran motivación para los Juegos de París 2024. Pero falta mucho todavía. Además, ahora las cosas cambiaron. Tengo 27 años, no tengo más la beca deportiva y tengo que generar mis ingresos. ¡No sé qué puede pasar dentro de dos años!

– Una lástima que no puedas hacerlo por la Confederación Argentina…

– Demasiado le di a la gimnasia y me respondieron con muy poco. Me arruinaron por completo y a nadie le importó.

– ¿Qué respuestas recibiste en las redes sociales?

– Estoy sorprendida por la cantidad de gente que me escribió. Algunos conocidos, pero la mayoría no. Casi todos me dicen cosas buenas, aunque unos pocos me cuestionan. Está bien. Cada uno es libre para expresarse. Me estoy tomando el tiempo para ir respondiéndoles a todos. Es gente que se preocupa o está atenta cuando una compite, así que se merecen que les escriba.

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