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Opinión 12 de marzo de 2024

El origen histórico de Mar del Plata es industrial y es el único camino para elevar el nivel de vida de sus habitantes

El último rancho del saladero sobrevivió hasta avanzada la década del '30 en la actual zona de Luro y Santiago del Estero.

Por Leonardo Z. L. Tasca (*)

 

Mar del Plata como ciudad y región, tiene que depurar la gestión de la política de captar y la técnica que es estructurar la demanda industrial, sin estructuración previa es imposible aplicar planes y proyectos a las empresas. De ello surge que debe tener un plan estratégico de desarrollo para anclar industrias e inversiones claves en el partido de General Pueyrredon.

A veces deberíamos preguntarnos si ¿realmente existe esa voluntad? Es probable que sí, lo que brilla por su ausencia es un proyecto institucional para asumir las formas de la realidad, que es que hay crisis profunda y en las crisis es cuando se ven las decisiones transformadoras y una de ellas es hacer de Mar del Plata un enclave industrial en la zona. Esto para nada es una utopía, porque tiene las condiciones y puede con poco, lograr la suficiente infraestructura o equipamiento para incrementar la radicación de industrias competitivas que hagan elevar la demanda de mano de obra calificada y de mejor remuneración, situación hoy más que nunca necesaria y palmaria.

Una comunidad que quiere aumentar el bienestar social y material de sus integrantes debe optar por el camino de la industrialización en temas prioritarios, porque su clase dirigente debe saber que ningún país lo ha hecho con el comercio y los servicios, y ni ha podido elevar el nivel de vida de sus habitantes. Transitar el camino de la industrialización, es una decisión política y partidaria. También los responsables institucionales deben saber que está demostrado que los países con calificado grado de industrialización y desarrollo tienen un mayor nivel cultural y social, por lo tanto, son más participativos y la gente vive mejor; en los países industriales es donde se han elevado las expectativas de vida y la ancianidad es mejor transitada por sus integrantes porque el desarrollo productivo genera excedentes económicos que pueden ser derivados a atender ese sector.

El origen ocupacional e histórico de la ciudad de Mar del Plata es industrial con agregaduría de mano de obra calificada, la mala conducción y la ignorancia sobre las auténticas ventajas del segmento productivo lleva a que los responsables adhieran al turismo y luego a los servicios, incluso con poca calida. Si se hubiera seguido los lineamientos que surgían del asentamiento primogénito, el saladero y su derivación de producción, otro sería el destino de la ciudad.

El primer núcleo fundacional industrial que nace con el saladero siguió las políticas de la época, las concepciones liberales, es decir, no constituir bajo ningún concepto a Argentina en un país industrial, sino ubicarla a remolque de Inglaterra que penetraba por todos lados con sus productos manufacturados maquinados en detrimento de las artesanías vernáculas. Lamentablemente los dirigentes que luego fundaron la ciudad y sus continuadores no visualizaron esa importante veta que colocaba a la toda la zona de influencia del sudeste en una posición optima para aprovechar esas enormes ventajas que sólo vieron el grupo esclavócrata e imperial que vino a depredar y a llevarse las ubérrimas materias primas que en demasía existían en la antigua zona.

El grupo empresario constituía un conglomerado depredador y advenedizo, aunque debemos reconocer que ellos vieron lo que los industriales argentinos de la época no vieron. Los extranjeros con su avaricia insaciable constituyen bases productivas en la antigua Mar del Plata. La lección de la historia es reveladora y de ella se puede aprender, estaban dadas las condiciones materiales e internacionales para constituir a la extensión territorial en una región exportadora de ramificaciones insospechadas por las derivaciones que hubiera podido alcanzar en el plano social.

Si se toma 1856 como una fecha histórica importante puede analizarse que en ese momento estaban dadas las condiciones locales y regionales para dar un impulso definitivo a la creación de asentamientos industriales en lo que era la antigua Mar del Plata. Faltó la decisión política de continuar lo que había nacido con el saladero y el puerto que construyó José Coelho de Meyrelles. Patricio Peralta Ramos intuye algo de la importancia de la industria, su idea de continuar con un molino harinero va en esa dirección, pero se notó la ausencia de concepciones industriales al no profundizar la industrialización de cueros y derivados de los vacunos y yeguarizos que era lo que el mundo demandaba en cantidades industriales.

Es claro que fue tomado por las ansias “loteadoras” o de frangir las tierras en pequeñas parcelas que era un negocio más fácil y con menos problemas que darle las bases a la ciudad para un proceso industrial. Pedro Luro fue un hombre con más visiones empresarias, corajuda y productiva, aunque también su conversión a los servicios es decisiva cuando descubre a sus peones muy alegres y bañándose en el mar, que opta por un negocio más rápido y con menos dificultades. A ambos fundadores no los conmovieron las posibilidades concretas que existían en la región y nunca vieron a una Mar del Plata industrial.

Es tan insólito lo que pasa que nadie ha advertido que para Mar del Plata el concepto de mercado global no es nuevo, es decir, hace tiempo que la necesidad de expansión y crecimiento de los proyectos empresarios se abrió “al mundo” para que se puedan hacer negocios a grandes escalas. Los empresarios que llegaron en 1856 a fundar el puerto y saladero vinieron a ampliar los mercados, significaba entre otras cosas, que querían bajar los costos para poder competir en el marcado internacional y cuando se quiere competir, en verdad, lo que estaban haciendo era empujar a desarrollar nuevas estrategias de globalización que aseguraran el éxito de aquellos. Hoy el país, puede asegurarse está entrando en esa etapa, es decir quienes dirigen las empresas han incorporado ya el nuevo concepto de ámbito económico mundial en el cual las empresas han de desarrollar sus actividades. ¿Mar del Plata lo está haciendo?

En el fenómeno de la globalización las empresas industriales de grandes portes e innovación tienen un protagonismo de complementariedad fundamental compartido con las pequeñas y medianas empresas. Las tareas de unas y otras se complementan donde el momento en que las grandes empresas tercerizan o derivan una parte relevante de la provisión que requieren de bienes y servicios. Para ello resulta indispensable que cuenten con proveedores entrenados, crecientemente actualizados, planamente orientados hacia normas de calidad internacional y, por lo tanto, cada vez más competitivos.

Hesíodo, autor de “Los trabajos y los días”, era un poeta griego que vivió en siglo VII antes de Cristo, tuvo el mérito de ser un gran innovador y didáctico al plantear para hacer comprender al hombre de su tiempo de la superioridad social y de los apacibles beneficios de la agricultura en oposición a las discordias comerciales y a las ambiciones sangrientas de la militarización. Ya hemos pasado la época de las ambiciones sangrientas y la militarización; sin embargo, el hombre de hoy debería ver y asimilar los apacibles beneficios de la producción, saber que sólo con mayor producción y empleo va a vivir mejor. Es necesario que el hombre de hoy se convenza al analizar las ventajas, ya no está entre nosotros ese notable poeta griego como guía político, que en la medida que avance por los caminos de la industrialización conseguirá lo que hoy le falta: dignidad social y material para mantener a su familia, no ser un paria en una zona que lo tiene todo.

Surge, entonces, una necesidad de articular la participación de tareas complementarias y asociativas para convertir a Mar del Plata y la región en una zona industrial. La estrategia es promover la creación de ámbitos de actuación y desarrollo, fomentar el crecimiento con equidad, incentivar la sana actuación e interacción empresaria; es decir, crear un núcleo ideológico que ayude a materializar las ideas industrialistas. El desarrollo industrial romperá la estructura de servicios que hoy aparece como insuficiente para dar cabida a toda la mano de obra local disponible, pero por sobre todo la posibilidad de anclar inversiones industriales dinamizará y establecerá una movilidad social cimentada en el empleo industrial bien remunerado, que además de ser mejor pago, es muy superior a otros estamentos por tender a agotar la desocupación, como resultado de todo ello eleva, sin dudas, el nivel social y efectivo de la población.

La variante industrialista fundacional está en la historia de Mar del Plata, los factores que se han venido oponiendo son siempre los mismos, los responsables que defienden “el proyecto tradicional de la ciudad”, pero se trata de una supina equivocación, por cuanto es fácil advertir la falacia de esa estructura ocupacional, no ha podido dar respuesta ni a la demanda de mano de obra ni a la satisfacción tan necesaria de elevación social.

Seguir en la senda actual es generar “condiciones reaccionarias” socialmente, porque en verdad, termina imponiéndose, pero no por lo buena, sino porque encarna un contrasentido histórico, no tiende a resolver las cuestiones fundamentales de su estructura social. ¿Esto qué quiere decir?, que la ciudad tradicional, turismo, servicios y agro, se impone en medio de una pobreza extendida de miles y miles de compatriotas que buscan trabajo por la temporada “para pasar el largo invierno”. Así no podemos continuar, ser una localidad con niveles alarmantes de desocupación.

Comprender el proceso histórico que opera en la formación de las ideas políticas y/o partidarias es fundamental, es saber que el pasado perfila, va modelando este presente. Aunque hay un peligro latente que asoma al revisar el pasado histórico, puede existir la fácil tentación de quedarse en él y, en consecuencia, al quedar atrapado es imposible avanzar. La alquimia histórica y política en el proceso formativo ha influido de manera profunda y negativa, pero la dirigencia local debe escapar a ese destino de quedarse prisionero del ayer. Nunca la historia vivida debe avergonzar, la vergüenza existe cuando el individuo queda “detenido” en el pasado sin saber responder a los desafíos del presente.

La variante industrialista está en la historia de Mar del Plata, quedará como una responsabilidad de la actual clase dirigente política y comunitaria hacer de ese legado transformador un instrumento de superación social de las innumerables contingencias que colisionan con la comunidad

Mirar la historia y analizarla es evitar la confusión, es despejar el camino y abrirse a paso firme a los desafíos políticos, es saber que quien conoce el presente domina el pasado, pero quien conoce las lecciones del legado histórico, es decir, el pasado, domina el porvenir.


 

  • El autor es historiador y ensayista. Su último libro es “Preceptivas sobre San Martin y el libre cambio pirático”, editores de América Latina.