Policiales

El perturbador método de captación de un proxeneta cuentapropista

El caso de Christian Bustos (48), condenado a 20 años de prisión, es una herramienta esclarecedora gracias a la mirada del juez Roberto Atilio Falcone en la fundamentación del fallo. Un escrito que puede servir para alertar a futuras y potenciales víctimas.

Por Fernando del Rio

No hubo mafia, no hubo red de trata, no hubo organizaciones internacionales detrás de Christian Bustos (48). Solo su aberrante manera de entender que tenía un derecho de posesión y poder sobre tres mujeres para obligarlas a ejercer la prostitución, esclavizarlas e incluso abusar de una de ellas cuando era apenas una niña.

El 22 de diciembre pasado la Justicia Federal le aplicó una condena a 20 años de prisión por explotación económica del ejercicio de la prostitución en perjuicio de dos exparejas, por el abuso sexual de una menor de edad, aprovechando su situación de convivencia dado que era hija de una de ellas, en cinco oportunidades. Bustos presenció el juicio con bastón blanco y lentes oscuros a causa de su ceguera.

Esta semana se conocieron los fundamentos del fallo y en ellos se explica el método utilizado por Bustos para la captación y posterior explotación de sus víctimas. El escrito detalla la “arquitectura del sometimiento” elaborada por Bustos y se transforma en una pieza jurídica de alerta para futuras y potenciales personas en vulnerabilidad. Su autor es el juez Roberto Atilio Falcone del Tribunal Oral Federal N°1, quien de esta manera votó por última vez en un juicio, ya que el próximo 27 de febrero cerrará con el retiro a jubilación su prestigiosa carrera.

“Bustos no formó parte de ninguna red sofisticada: fue un tratante cuentapropista, un proxeneta de cuatro paredes.”

La metodología que se distinguió en el accionar de Bustos atraviesa cuatro etapas: el aislamiento de la víctima, el control de expectativas, el ciclo de violencia y la explotación final.

Como se dijo, Bustos no formó parte de ninguna red de trata, ni de una asociación ilícita sofisticada, sino que lo hizo por su propia cuenta: fue un tratante cuentapropista, de puertas adentro, un proxeneta de cuatro paredes. Esto supuso una mayor efectividad en su faena, porque se ocultó todo en una suerte de núcleo familiar o de relaciones, donde las víctimas no logran identificar el negocio que hay detrás.

La captación inicial ocurrió cerca del 2000 cuando una adolescente de 14 años identificada en todo el proceso como SPG concurría al colegio en La Plata y Bustos se le acercó asegurándole que tenía 19 años. En realidad, tenía 21, pero activó una primera estrategia basada en la mentira. “A la brevedad, la aisló de su núcleo familiar y red de apoyo, y la llevó a (Mar del Plata) una ciudad alejada, donde no conocía a nadie, incrementando así su situación de vulnerabilidad. El hecho se llevó a cabo a través de una manipulación emocional progresiva y en un contexto de violencia física, psicológica, sexual y económica constante, en cuyo marco Bustos logró quebrantar la voluntad de SPG, quien recién pudo superar esta dependencia 18 años después”, explica Falcone.

Así comenzó la etapa de aislamiento, primero del grupo familiar y de amigos al mudarse de ciudad, y luego de la escuela, “a través de una manipulación emocional progresiva”. “Si bien Bustos no le había dado una orden expresa de dejar el colegio -dice el fallo-, ‘la fue llevando hacia eso’. Así fue como Bustos empezó a aislar a SPG de todo su entorno, quien fue perdiendo la expectativa poco a poco de finalizar los estudios secundarios y elegir a qué podía dedicarse, tal como lo habían hecho todos sus hermanos”.

Vale recalcar que SPG tenía recién 15 años y estaba enamorada de quien solo le llevaba tres años, según la mentira inicial. También Bustos le había ocultado que tenía dos hijos. En esos meses quedó embarazada y dio a luz a una niña en el Hospital Materno Infantil, donde Bustos trabajaba.

“La expectativa de mejora personal pasó a ser control exclusivo de Bustos, ya con el ciclo de violencia iniciado.”

Había comenzado así el control de expectativas que se agravaría con la llegada de una segunda hija cuando la víctima tenía 18 y la pérdida de una casa que Bustos pagaba a través de un préstamo. Entonces esa crisis económica derivó en que Bustos la obligara a introducirse en la prostitución. La expectativa de mejora personal, como madre proveedora o como proyecto de vida familiar en el marco de una “maternidad responsable” pasó a ser control exclusivo de Bustos, ya con el ciclo de violencia iniciado. Para graficar este aspecto, Falcone utilizó la declaración de SPG: “Era una persona que era violenta. Me acuerdo de cuando éramos novios de pegarme en la cara o de pegarme por cualquier cosa y después pedir perdón y más adelante, todo se fue tornando peor. Recuerdo de desfigurarme la cara y no salir por una semana de la casa o dos semanas. Eso fue cuando perdimos la primera casa y nos mudamos al centro cerca de la casa de su madre, un departamento que tenía su madre en el centro. Ahí fue cuando empezó la etapa más complicada, digámoslo”.

El ciclo de violencia se desarrolló más aún cuando la víctima se empezó a prostituir bajo amenaza de que iba a echarla de la casa y enviarla nuevamente a La Plata. “Bustos era el encargado de administrar el dinero, el modo, la manera y el valor de la actividad sexual rentada”, dice Falcone para agregar luego que la víctima “tenía que trabajar todos los días, de lunes a lunes, sin posibilidad de negarse porque, cuando lo intentaba, Bustos le recordaba que era una obligación y un trabajo, sin posibilidades de ausentarse. Asimismo, relató que no podía permitir que el acto sexual durara más de un determinado tiempo, porque, de ser así, Bustos creía que lo había disfrutado y, entonces, se enojaba y le pegaba”.

El juez Falcone al momento de leer el veredicto, junto a su colega Fenando Minguillón.

Los detalles brindados por SPG son escalofriantes, no solo de la explotación sexual y los métodos coercitivos, sino de la violencia. El juez los expone para construir más sentido a sus afirmaciones sobre la estrategia y mecánica del proxeneta. “Bustos, para establecer cuánto debía cobrar por el acto sexual, realizó averiguaciones y después se fue fijando en razón de lo que veía y de lo que cobraban el resto de las chicas que trabajaban de lo mismo. SPG tenía que llegar a un monto diario para poder solventar sus gastos cuando Bustos la controlaba, pero cuando él no estaba alrededor se retiraba antes. A veces, ella misma quería llegar a determinado monto porque pensaba que ese dinero estaría destinado a pagar la casa que estaban construyendo juntos, pero luego se dio cuenta que eso no era así”, se describe.

El juez Falcone cita en su voto al sociólogo Evan Stark, de la Universidad de Oxford, que define el control coercitivo como un “proceso generalizado en el que algunos hombres dominan a sus parejas femeninas usando una línea estratégica de conducta malévola y calculada, diseñada para establecer su dominio y conservar sus privilegios mediante el miedo, la dependencia y la privación de la libertad y derechos básicos. Esa estrategia incluye el uso de violencia física entretejida con tácticas de aislamiento, la explotación sexual, la explotación económica, y la regulación de muchas actividades cotidianas, dando lugar a una situación de aprisionamiento”.

El tratante envalentonado

Bustos continuó con sus acciones contra SPG incluso después de que ella lograra separarse y, al mismo tiempo, extendió el sometimiento a su nueva pareja, NC, a quien conoció en 2010 en el boliche Sobremonte. La joven venía de una relación violenta, tenía hijos, y estaba en vulnerabilidad. Durante el juicio NC llegó a decir que “al lado de lo sucedido con Bustos, lo de su pareja anterior no era nada”.

Al igual que había hecho con SPG, Bustos le mintió a NC al no decirle la cantidad de hijos que tenía. Antes de eso, -resalta Falcone- NC ya había completado la escuela secundaria, y tenía experiencia laboral en locales de ropa, jugueterías y como cajera de carnicería. Concretamente, antes de conocer a Bustos, tenía la capacidad de mantenerse sola, sin perjuicio de que también recibía ayuda económica de su madre y hermano.

Pero a los 4 meses de conocer a Bustos, NC quedó embarazada, gestación que transitó sufriendo agresiones constantes, a través de cachetadas, zamarreos de brazos, entre otras formas de violencia física. Y entonces comenzó el ciclo: aislación, control de expectativas, violencia y explotación.

Bustos alquiló una casa alejada, cerca del Hospital Regional, y apartó así a NC de su familia. Cierto día de 2014, NC descubrió mensajes en el teléfono de Bustos que lo contactaban con su ex SPG, y allí le reveló que ella se prostituía para él. A partir de entonces y a pesar de sus negativas, empezó a convencerla de que hiciera lo mismo. Una noche, luego de salir a bailar, Bustos insistió en que ella se bajara en una esquina, cerca de la terminal vieja. Le indicó cómo era la forma que trabajaba con SPG: dónde se paraba, de qué manera, cuánto cobrar y qué decir. NC se opuso a la indicación de Bustos y, consecuentemente, él la agredió físicamente, le pegó un cachetazo y la empezó a golpear por todo el cuerpo con la mano. A la mañana siguiente, el domingo, se levantó y se fue, sin dejar plata para la comida, desapareciendo por 3 días. “Mediante una manipulación emocional progresiva y en un contexto de violencia física, psicológica, sexual y económica constante, Bustos logró quebrantar la voluntad de NC”, resume el fallo.

“Vos ya sos puta, date cuenta. Ya no hay vuelta atrás. Esto lo vas a hacer siempre y vos a mí me tenés que obedecer.”

La degradación como instrumento de poder fue constante y se reflejó en la frase que, no sin dolor, recordó NC: “Vos ya sos puta, date cuenta. Ya no hay vuelta atrás. Esto lo vas a hacer siempre y vos a mí me tenés que obedecer”.

El proxenetismo de Bustos fue indiscutido y sus actos de abuso sexual contra la hija de una de ellas también. Los ataques sexuales se iniciaron cuando la niña tenía 9 años y continuaron hasta sus 15. Para Falcone no fueron hechos aislados sino partes de un sistema de dominación e incluso vinculados a la explotación sexual de la madre: uno de esos cinco hechos de abuso se produjo como represalia de Bustos hacia la madre. “Ahora vas a vivir lo peor” y la obligó a mirar.

El círculo de esclavitud emocional se consumó cuando la madre le dijo a la hija si quería denunciar esto y la menor no pudo siquiera avanzar en esa dirección por el miedo.

Bustos fue condenado y la Justicia encontró en ello una mínima reparación. Trató de ampliarla con la restitución de una casa hacia SPG que había sido “pagada con su cuerpo” y que se había apoderado Bustos. Y con indemnizaciones fijadas para cada mujer de 20 millones de pesos y para quien fuera abusada, de 30. Se decomisaron tres vehículos de Bustos y se investigan más bienes no declarados.

Si alguna persona es víctima de trata o detecta algunas de las señales o indicios detallados en su fallo por el juez Falcone puede comunicarse con los números telefónicos 145, 144, 108 o directamente al 911.

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