La segunda escultura realizada por Juan Carlos Sacco se suma a la ya existente de la lechuza, emblema de la entidad.
Desde este Viernes Santo, en Acantilados Golf Club hay una nueva escultura que vigila y conjuga así el arte con el deporte y la naturaleza. Valores que distinguen a la entidad y que refuerza el significado de cuidar el ambiente y darle valor a los materiales reutilizables.
La autoría de la obra corresponde al escultor Juan Carlos Sacco, responsable también de la otra escultura que refleja la fauna que habita en el club y que además es su emblema: la lechuza.
“El tero es parte de la vida natural del club y la sumamos a la lechuza, nuestro emblema. Nos queda todavía otra escultura, con un significado similar y la haremos en cuanto podamos, para seguir promoviendo la relación entre el deporte y la naturaleza”, expresó Marisol Berengeno, presidenta de Acantilados Golf Club.
Tanto la lechuza como el tero fueron confeccionados con chapas y otros materiales reciclados, y se yerguen orgullosas en la geografía del club, al igual que el mural de la lechuza, obra de la artista María Paz Tirigall Caste.
El tero es uno de los habitantes más característicos de nuestras pampas y un compañero habitual en los fairways de Acantilados Golf Club. Su presencia atenta y su andar elegante reflejan valores que también forman parte del espíritu del golf: concentración, respeto por el entorno y una relación directa con la naturaleza.
Con su mirada vigilante, al igual que las hermosas lechuzas, nuestro animal emblema, el tero recuerda que cada sector del campo está vivo y que el juego se desarrolla en un paisaje compartido.
Esa actitud -siempre alerta, siempre presente- dialoga con la experiencia del jugador, que afina la percepción, interpreta el terreno y se conecta con el ambiente antes de cada golpe.
En continuidad con la identidad del club y su compromiso con la naturaleza, el arte y la historia, se rinde tributo a esta ave emblemática incorporando una escultura en metal del artista Juan Carlos Sacco, ubicada en el hoyo 4 del medio.
La obra celebra la convivencia entre deporte y vida silvestre, y reconoce a quienes habitan este territorio desde mucho antes que los golfistas, y pretende hacer honor a los valores la institución ha decidido abrazar.