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Opinión 9 de enero de 2019

El vertiginoso mundo virtual, frente a una educación ciega

Por Gustavo de Elorza Feldborg

Los desafíos que como sociedades del mundo enfrentamos a diario, como la educación del futuro presente, nos debería comprometer a todos los ciudadanos y en especial a dirigentes, especialistas y expertos en este tema, a intentar vislumbrar posibles escenarios de cómo estará compuesta y cómo se configurarán los procesos educativos de este siglo. Hasta el momento parece ser una tarea en la que se han obtenido muy pocos resultados. Muchas son las teorías, metodologías y planes de acción que se esgrimen por distintos espacios y medios de opinión, donde se plantea sólo eso, las formas más adecuadas y convenientes para que nuestros estudiantes puedan aprender con éxito.

Pero la gran dificultad que enfrentamos, es que no nos estamos concentrando, en el verdadero problema, que es tratar de entender ¿cuáles serán los empleos del futuro?, que muchos de ellos todavía no se han creado y otros están en vías de desarrollo, pero la pregunta que no nos estamos haciendo debería ser ¿qué necesitarán nuestros jóvenes en los próximos tiempos del desarrollo de su humanidad, dentro de la tecnorealidad en la que tendrán que vivir?

En la actualidad, con una simple observación podemos ver a nuestros jóvenes y niños que están “anclados en los dispositivos interconectados y sus pantallas como imanes hacia la vida en línea” (Ierardo, 2018).

Vivimos en una era donde lo virtual no es lo irreal, sino una nueva forma de expresión y comunicación construida por el “homo sapiens”. Donde cada vez más y de forma creciente, nuestro interés, curiosidad y búsqueda cobran su forma en el Ciberespacio. No cabe duda que nuestras acciones cotidianas, le dan un valor cada vez más real a lo que existe en la virtualidad, prácticamente sin ningún cuestionamiento.

Nuestras formas de organización social, política, económica entre otras, responden con mayor fuerza y tendencia hacia estructuras de organización basadas en un capitalismo algorítmico, es decir, donde la mayoría de las actividades y decisiones pasan por programas informáticos de un gran ecosistema global compuesto y regulado por programas computacionales bajo estructuras algorítmicas digitales, sumado a procesos de evaluación de agentes de inteligencia artificial, expandidos a través del planeta sobre sistemas informáticos y millones de computadoras y dispositivos conectados en red.

“El progreso de la vida informatizada es incalculable. El humano accede y accederá a mejor conocimiento, servicios, oportunidad de negocios, creación de nueva vida por la biología sintética y el mejoramiento de la salud por la biogenética y la nano medicina”, (Ierardo, 2018).

El mundo se mantiene en pleno cambio, asistimos a formas de mutación de lo físico y mecánico, hacia formas virtuales y digitales.

Por lo tanto, no debemos, ni podemos negar el costado oscuro, es decir, el lado peligroso del desarrollo de la tecnorealidad, en lo que a empresas se refiere, por intentar controlar la información y donde los individuos son datos, lo cual les otorga un mayor poder económico sobre los deseos de sujetos digitalizados que hoy interactúan dentro de la ya consolidada Sociedad de la Información y el Conocimiento.

Sabemos que el mundo del futuro próximo, se configurará y desarrollará bajo formas de una sociedad hipertecnificada. Pero la pregunta que más nos debería inquietar como sociedad en vías de desarrollo, es ¿cómo vamos a conseguir todo este crecimiento, con las condiciones deficitarias y la desactualización de una educación que ni siquiera puede responder a nuestro presente y mucho menos a un futuro, que se consolidará bajo la forma de un mundo virtual?

Sin duda alguna, las nuevas tecnologías permitirán expandir nuestro poder cerebral, a través de la construcción de un nuevo cerebro global, digital e hiperconectado, cuya estructura se viene consolidando desde hace más de una década, pero claro que muchos ignoran esto.

Vivimos hoy en día bajo formas de una tecnorealidad, que lamentablemente es observada por una educación ciega, la cual no puede ver los nuevos escenarios que se aproximan, y a un ritmo vertiginoso. La vida se está desarrollando de forma inseparable de los múltiples dispositivos digitales, “vivimos dentro del magnetismo de las pantallas o entre ellas, alrededor de datos, archivos, aplicaciones, flujos de noticias y entretenimientos” (Ierardo, 2018).

Para la educación de estos tiempos, sería un buen ejercicio mental, poder enseñar a nuestros estudiantes a desarrollar prácticas basadas en el pensamiento crítico sobre los nuevos territorios y la expansión de escenarios basados en esta tecnorealidad que mencionamos; así de esta forma poder comprender y hasta cuestionar algunos de los sueños utópicos de los transhumanistas de Silicon Valley (Sadin, 2018).

En esta era virtual, asistimos a la expansión de escenarios digitales del yo, las redes sociales nos presentan el gran acto de millones de usuarios, en las que esos “yos”, andamiados en un “individualismo hedonista”, intentan construirse mediante imágenes muy bien elegidas, en un “yo virtual” mas espectacular que su verdadero “yo real”, consolidando de esta forma una “cultura del simulacro” (Baudrillard).

Entonces, ¿por qué la urgencia de insistir en un reclamo, que permita ocuparnos en estos tiempos de la mejora inmediata y la recuperación del sentido de la vista para la educación?, ¿qué acciones tendríamos que comenzar a pensar ante el escenario de este mundo virtual que ya esta en marcha?, y donde ha quedado eliminada toda posibilidad de volver hacia atrás.

No hace mucho tiempo, en el desarrollo de la revolución industrial las máquinas eran mecanismos para mejorar y ayudar al trabajo físico humano. Pero para que las mismas pudieran funcionar necesitaban la dependencia cognitiva procedente de la habilidad y conocimiento humano. Esa capacidad era aplicada del hombre a la máquina. En la actualidad asistimos al desarrollo de dispositivos digitales, que ya poseen incorporada una capacidad cognitiva propia a través de inteligencia artificial algorítmica, expandida y vinculada en millones de nodos a través del conectivismo de Internet (Siemens).

Por último, no pensar en una “educación de la anticipación” de estos escenarios de un mundo virtual y global, irremediablemente nos proyectará a un futuro de vulnerabilidad, muy desfavorable en términos humanos, dado que los modelos de un capitalismo algorítmico, sumado a las nuevas formas de “inteligencia sintética”, la conciencia ya no será necesaria. De este modo “los humanos corren el peligro de perder su valor porque la inteligencia se está desconectando de la conciencia” (Harari, 2016).

(*): El autor es profesor e investigador universitario – especialista en Neuroeducación (UNVM), especialista en Educación y Nuevas Tecnologías (Flacso), miembro de la Internet Society y de la Red Iberoamericana EDUTIC – autor del libro “Revolución del aprendizaje en tiempos de lo digital – Nuevos territorios educativos siglo XXI.