En las entrañas de Cerro Rico: una película narra la vida en la mina de Potosí
El film del marplatense Luciano Paciotti es el resultado de un viaje que el director hizo por Bolivia. Sin planearlo, en Potosí conoció a Carlos, protagonista de su película y minero desde los 14 años. "Minero hina kawsakuni" llegará a la sala Nachman.
Paciotti antes de ingresar a la mina.
“Hace varios años yo viajaba de mochilero por el noroeste del país. Luego de cruzar a Bolivia decidí ir a Potosí, pero sin una idea preconcebida”. Eso es lo anterior a encontrarse con Carlos, un minero orgulloso de su trabajo que lo guió, primero en plan turístico, por las entrañas de la célebre mina Pailaviri, en el imponente Cerro Rico de Potosí.
Tal fue la fascinación que sintió Luciano Paciotti (@lucianoepaciotti y @minerohinakawsakuni.film), realizador audiovisual y actor de Mar del Plata, que entendió que ahí radicaba una historia documental. Así surgió el mediometraje de 28 minutos “Minero hina kawsakuni”, que tuvo un recorrido por pantallas internacionales y que ahora se estrenará en esta ciudad.
Mañana miércoles a las 19 se lo podrá ver en la sala Gregorio Nachman del Auditorium. El entusiasmo por ver el documental superó las expectativas del director y debido a que no quedaron espacios libres en la sala, ya piensa en otra función para quienes estén interesados en conocer cómo vive y en qué cree un minero boliviano.
Recordó Paciotti: “En Potosí conocí a la compañera de quien luego sería el protagonista (Carlos), que me condujo al hospedaje donde decidí parar esos días”. La pareja tenía “una especie de agencia” y él se embarcó en un “tour aventura” para conocer una parte de la mina.
“Carlos decía diferenciarse de otros que hacían tours, porque mientras otros solo sabían por los libros, él transmitía su propia experiencia de minero desde los 14 años”. Y un minero comprometido: “hina kawsakuni significa en quechua ‘Como un minero vivo yo’”, repasó en una entrevista con LA CAPITAL.
En ese primer tour vio que su protagonista “no solo contaba acerca de los rituales y toda la cosmovisión que tienen como grupo los mineros cooperativistas, sino que mientras hablaba de ellos, los realizaba”.
Conectó con Carlos y su historia. “Me pareció un personaje muy especial y tan fascinante como ese submundo, había conocido a la persona que podía representar a su pueblo, según el documentalista Jorge Prelorán”, citó.
– ¿Cuán dificultoso fue grabar este documental?
– La verdad es que filmarlo fue como una aventura. Yo sentía más miedo por la cámara que por cualquier otra cosa. Porque adentro de la mina cae continuamente polvillo de las paredes del socavón. En cuanto al hecho de bajar nuevamente a la mina, me producía cierta fascinación, pero a la vez una sensación un poco inquietante. Sabía, además, que llevaría su dificultad, estaría trabajando para que saliera lo mejor posible y no tenía certeza de cómo quedaría ese material, ni qué haría exactamente con él en caso de que el resultado fuera correcto a nivel técnico. Era todo bastante incierto. A partir de bajar nuevamente, confiaba en Carlos. Confié en él y también confió en mí, porque se abrió completamente. A los tres minutos de estar abajo, por comodidad retiré la bolsa con la que había resguardado a la cámara del polvillo y me dediqué a grabar y dialogar con Carlos. Me dejé llevar por ese mundo.
– ¿Qué encontraste en la mina?
– Hay personas que trabajan todos los días ahí adentro sin salir hasta que no termina la jornada laboral. Utilizan métodos arcaicos para poder seguir extrayendo el poco mineral que le queda a una mina completamente vaciada, primero por los españoles a partir del siglo XVI y luego, durante la década del ´90 por empresas multinacionales. En todo caso, lo que yo quiero es que se conozca esa realidad y a Carlos, una persona que con su cosmovisión y la de su pueblo, ha encontrado una forma de sobrevivir y vivir en un contexto tan hostil y lograr transmitir la dignidad de un pueblo con todos sus matices.
– ¿Cómo hiciste con la iluminación y el sonido?
– Tuve que abastecerme de los pocos elementos con los que disponía, así que hice algunos malabares con las luces que usan los mineros para ver con la cámara. Finalmente, el resultado fue buenísimo. Estoy super contento de haber contado con esa limitación, porque se transmite mejor el ambiente opresivo de la mina y la profunda oscuridad. En cuanto al sonido también fue precario, pero tal vez por lo hermético de mina y un esfuerzo por capturarlo de la mejor manera con lo que tenía, sumado al excelente trabajo de postproducción de Gabriel Virga, el resultado fue buenísimo. La banda de sonido fue completada por el delicado trabajo de Fernando Toyos. Trasladó lo que yo imaginaba de manera formidable. Como el proceso llevó su tiempo, en un momento ni siquiera sabía si llegaría a terminarlo. Y cuando lo logré, no me imaginé que sería tan difícil dar con Carlos y su familia nuevamente, a quienes, lamentablemente aún no puedo ubicar. Estoy pensando volver a Potosí.
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