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Opinión 10 de junio de 2016

¿Es necesario mantener el desorden imperante en la pesca de Mar del Plata?

por Jorge Mario Raed

El presidente Mauricio Macri no deja de pregonar, no sin razón, la necesidad de construir unidad entre los argentinos y que esa unidad se vea reflejada en el accionar, principalmente, entre los organismos oficiales en todos sus niveles aprovechando que el mismo color político gobierna los tres principales estamentos del Estado.

No es en la pesca de la Argentina y mucho menos en Mar del Plata donde se debe dar ese accionar conjunto.

Bien es sabido que en nuestro país la pesca nunca ha sido tomada como parte importante de la economía y para ello basta comparar los ingresos por exportaciones de carnes rojas con los de la pesca, siendo que estas duplican los de aquellas.

Las conocidas frases: “La Argentina vive de espaldas al mar” o “La pesca es una moneda de cambio” dan razón a las mismas en los momentos actuales.

La nueva denominación del ex Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación por el de Agroindustria, demuestran de alguna manera la flaca presencia institucional de dicha actividad, aunque sea en lo semántico.

Bien conocida es la importancia que la pesca tiene en nuestra ciudad y la necesidad que la misma se desarrolle en las mejores condiciones posibles.

Sin embargo en Mar del Plata hay un gran desorden en la producción, control y comercialización de los productos pesqueros, lo que puede llevarnos, incluso, a perder mercados internacionales.

Volviendo a la proclama del Presidente en cuanto a la unidad, los actores oficiales de la pesca como Municipio de General Pueyrredón, Dirección de Pesca de la Provincia de Buenos Aires y los organismos nacionales con la Delegación del Ministerio de Agroindustria, SENASA, AFIP, PNA, y Ministerio de Trabajo, siguen cada uno haciendo lo suyo desaprovechando las condiciones que brinda la moderna tecnología en cuanto a comunicaciones y cruzamiento de información que, en un trabajo conjunto permitirían, al menos, mitigar el citado desorden en la pesca, especialmente con el afloramiento de plantas clandestinas.

Una amplia convocatoria

Estas últimas, también llamadas “truchas” o “cuevas” causan distorsiones tanto, sanitarias como comerciales y laborales entre otras. Su existencia obedece a dos causas esenciales; la provisión de pescado y la falta de control, una es consecuencia de la otra. La falta de control facilita la provisión, lo que hace mas rentable el negocio ya que la planta trucha no paga impuestos, generalmente esta “colgada” de la electricidad, trabaja un pescado que no tiene trazabilidad ni documentación ocasionando, cuanto menos, perjuicios por su deslealtad comercial, sin contar las condiciones higiénico-sanitarias y laborales en la producción de filet.

Cabe aclarar que el producido por este comercio informal esta destinado al consumo interno. Esto es facilitado por la emisión de Guías de Transito por parte de la Provincia de Buenos Aires, las cuales son consideradas, en su trayecto a destino, como documentación sanitaria sin que haya intervenido ningún organismo oficial al respecto.

Además se deberá tener en cuenta al personal que desarrolla tareas en la “cuevas” ya que los mismos están fuera de toda cobertura social engrosando la masa de obreros que trabajan en negro.

Por otro lado esta comprobado que hay plantas habilitadas que trabajan 1 ó 2 veces pos semana por falta de materia prima, sería posible aprovechar esa capacidad ociosa mediante acuerdos para que el personal clandestino desarrolle tares en las mismas.

Asimismo, esta Asociación considera, salvo mejor opinión, que la recreación del Mercado Concentrador de Pescado podría solucionar el problema que nos preocupa a los marplatenses, ya que en el mismo podrían intervenir todos aquellos actores relacionados integralmente con la actividad pesquera.

Además sería conveniente que la máxima autoridad del Ministerio de Agroindustria encargada de la pesca convoque a todos los involucrados; organismos oficiales, cámaras empresariales, sindicatos y asociaciones con el fin de lograr un acuerdo o pacto que sirva para ordenar la pesca de una vez por todas, no poner en peligro las exportaciones y apoyar al presidente de la Nación en su acertado pregón de unidad.

(*): Asociación de Actividades Pesqueras y Portuarias.



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