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Opinión 29 de junio de 2020

España, un proyecto compartido

Francisco Vázquez, ex alcalde de La Coruña, Galicia, España.

Por Francisco Vázquez (*)

El retablo cervantino de España, es el mismo que por aquellas fechas llevada a cabo, la posiblemente más importante página de nuestro destino colectivo como Nación: América. La colonización, que no conquista del Nuevo Mundo, representa la consecuencia más clara de la capacidad de los españoles como pueblo y es fruto no de la acción aislada de cualesquiera de las partes territoriales, sociales o económicas de España, sino del conjunto de toda la nación que durante cuatro siglos acometería una empresa, muchas veces superior a sus fuerzas y recursos.

Hasta América se fueron nuestra lengua y nuestra cultura, nuestra fe, nuestras instituciones, usos y costumbres, políticas, sociales, militares y económicas, nuestra propia esencia de pueblo, todo el capital común que había construido España y que ahora, serviría para construir una comunidad de naciones, integradas por los mismos valores que los nuestros.

Siempre me ha llamado la atención el casi nulo interés que en la Historiografía actual se le dedica a esta inmensa gesta y máxime cuando, perdonen ustedes el barbarismo, perdimos la batalla del “marketing” ante la pléyade de leyendas negras deformadoras de la realidad y que acuñaron la imagen de una acción de conquista genocida de aquellos pueblos y explotadora hasta la rapiña de sus recursos. Los excesos, que los hubo, no fueron mayores que los que llevaron a cabo otras potencias colonizadoras y siempre fueron menores que los frutos positivos y el generoso trabajo que nuestros antepasados llevaron a cabo en aquellas tierras.

La obra de España en América, es el más importante argumento a favor de su propia existencia histórica como una única nación, ya que allí los colonos, navegantes y explotadores, reflejan a la perfección su única condición de españoles, sin diversidades o realidades nacionales diferentes. Son los valores comunes los que allí se trasladan y sólo hay un origen común en todos ellos: España. Ello no empaña la mayor aportación en su inicio de extremeños y andaluces o de los marinos y geógrafos vascos y cántabros, pero todos ellos son copartícipes de una realidad superior, con la que todos se sienten identificados y en cuyo nombre actúan, que es España.

Nada de lo que hoy en las aulas de nuestras escuelas se oculta o se deforma, se puede mantener frente a la realidad, incluso actual, de un continente donde quienes estuvieron presentes eran simplemente españoles que hasta allí llevaban la realidad de la que ellos formaban parte y que era simplemente su nación de origen, la misma que las generaciones anteriores habían forjado y que es España.

La mejor comprobación de lo antedicho, lo representa el idioma. En torno a una lengua y a una cultura, lo Español se convierte en lo Hispano, concepto que trasciende más allá del marco físico y geográfico de la nación singular asentada en la península Ibérica, incidiendo en el mundo desde la realidad Americana. El español es el tronco común que cohesionó a los pueblos peninsulares y es el mismo tronco que desde el mestizaje y la colonización, identifica a todos los pueblos y naciones que conforman hoy la Hispanidad, entendida como las ideas, pensamientos e inquietudes, expresadas con las mismas palabras en dos hemisferios, los mismos sonidos articulados, que hacen a sus gentes capaces de expresar ideas y sentimientos. El más importante de los valores comunes que nos definen como Nación y que integra a todos los personajes del “Quijote”, sea cual sea su origen, en un único cuerpo argumental.

No quisiera en este punto, pasar sin más sobre la para mí más hermosa parte de nuestra aventura vital como pueblo y que es América. Y en este breve recorrido por los sucesos y acontecimientos que me llevan a reivindicar nuestra condición de una Nación única y nunca fragmentada, como hoy se intenta reflejar desgraciadamente, haré una breve parada en la aventura americana, simplemente para enumerar y recordar datos y hechos objetivos que expresan con rotundidad la bondad de la acción colonizadora de los españoles.

Siempre se ha exaltado la imagen de las Flotas de Indias, arribando a Sevilla, con sus galeones llenos de oro, de plata, esmeraldas y rubíes, galeones que por cierto también trajeron maíz, patatas, tabaco y tomates. Pero lo cierto es que frente a esta figura de expoliación, muy pocas veces nos preguntamos qué es lo que esos mismos galones llevaban para América en sus viajes de retorno, ¿qué hicimos además de explotar las riquezas de aquellas tierras vírgenes? ¿Cuál es la exacta dimensión de nuestra labor colonizadora?

Lo cierto es que tan solo dos años después de la arribada de Colón, en 1494 los españoles fundábamos la primera ciudad en América, la llamada La Isabela. En 1500 como expresión de nuestro alto nivel tecnológico, Juan de la Cosa, elaboraba el primer mapa de aquellas tierras. En 1503 los franciscanos establecían su primer convento en la Isla de Santo Domingo y dos años después los mismos franciscanos fundaban la primera escuela del Nuevo Continente, dedicada a la alfabetización de los indígenas, tan sólo 11 años después del descubrimiento de América. En 1507 se eligen los Alcaldes de las nuevas ciudades y asentamientos y en 1511 se crea la primera Audiencia para administrar justicia. En 1522 arriba al puerto de Sanlucar de Barameda, la expedición del vasco Elcano, después de lograr la primera circunvalación del mundo.

En 1535 en Méjico se crea la primera casa de la moneda. El 28 de octubre de 1538 los dominicos crean en la Isla de Santo Domingo la Universidad de Santo Tomás. Se inician los estudios universitarios a los 36 años del gripo de Rodrigo de Triana.

El año siguiente en 1539 se establece la primera imprenta en Méjico y en 1551 se fundan las Universidades de Lima y de Méjico. En el mismo año de 1605 en el que se publica la 1ª edición de “El Quijote” en España, los galeones llevan la novela cervantina a América, donde ya escribe el Inca Gracilazo, se edita la Araucana y se aplica toda la abundante y compleja legislación del cuerpo llamado “Leyes de Indias”.

Todavía tendrían que pasar quince años más, para llegar a 1620, fecha de la llegada en el buque “Mayflower” de los Padres Peregrinos, los puritanos que iniciaban la colonización de los Estados Unidos. Cuando los ingleses en 1636, por el mecenazgo de John Harvard fundan su primera universidad en las colonias de Nueva Inglaterra, los españoles teníamos 26 universidades en funcionamiento en todos nuestros Virreinatos Americanos, donde la actividad educativa y cultural era tan intensa que permitía que en 1701 en Lima se estrena la primera ópera escrita en América “La Púrpura de la Rosa”.

No se trata de hacer aquí un recorrido exhaustivo por la actividad de los españoles en América, pero los datos anteriores nos sirven para constatar el verdadero alcance de nuestra presencia en aquel hemisferio y como nuestra labor colonizadora fue anterior y superior a la de otros países europeos, como reflejo paralelo de la hegemonía, no sólo política y militar, sino sobre todo cultural y artística, que a la España imperial de los Austrias ejercía en Europa y en todo el mundo conocido, desde el Lepanto cervantino hasta la sumantina gesta de Rocroi.

EE. UU. Español

Antes de proseguir desearía brevemente completar este análisis, aportando una tesis que siempre he defendido, cual es el carácter hispano, en sus orígenes, de los actuales Estados Unidos de América, circunstancia que determina la condición hispana en su historia y su cultura en un plano al menos equivalente a su condición inglesa aunque el predominio económico, político y militar de la cultura anglo-americana, hace que hoy se considere que el gran país americano es únicamente una consecuencia de la colonización británica.

La realidad es muy distinta. El primer establecimiento inglés se llevó a cabo en la actual Virginia en el año 1607 y tuvo un carácter transitorio, no teniendo los ingleses una presencia permanente hasta la fecha antes citada de 1620 cuando llegaron los peregrinos del Mayflower, fecha que los norteamericanos marcan como la de la fundación de su país. Pues bien, más de un siglo antes, los españoles desde Méjico y desde Cuba, iniciaron primero la exploración y después los asentamientos en el territorio de los actuales Estados Unidos.

Ponce de León recorrió en 1513 Florida, buscando la fuente de la eterna juventud. Juan de Verrazano exploró y recorrió todo el litoral atlántico hasta Canadá, antes de la llegada de franceses y holandeses. En 1526, Vázquez de Ayllón fundó la primera ciudad, llamada San Miguel de Guadalupe y en 1528 Alvar Nuñez Cabeza de Vaca recorrió a pie los Estados Unidos de costa a costa, en una increíble gesta que relató en un libro donde aparece la primera descripción de los indígenas con los que convivió en los años de su proeza. Francisco Vázquez de Coronado descubre el Gran Cañón en 1540 y continúa su viaje hasta las Montañas Rocosas y las grandes praderas del Oeste, siendo el primer europeo en recorrerlas, entrando en contacto con las tribus de indios que allí moraban siguiendo la ruta del bisonte. Dos años después Hernando de Soto recorre el Misisipi y en 1565 Menéndez de Aviles funda en Florida, San Agustín, la ciudad más antigua de los Estados Unidos. Antes de terminar el siglo XVI, Juan de Oñate conquista Nuevo México, funda Santa Fe y explora Kansas, Sebastián Vizcaino funda en la actual California la ciudad de Monterrey. Aún tendrían que pasar 20 años más para la llegada de los primeros colonizadores ingleses, que limitarían su presencia a las colonias de Nueva Inglaterra en una pequeña franja de tierra del extremo nordeste de América.

Pero durante ese mismo siglo XVII, los españoles continuaron ampliado su presencia en el Norte de nuestras posesiones de América y así Alvaro de León explora y conquista Tejas y en 1770 Fray Junipero Serra coloniza la actual California, fundando las misiones que configurando el llamado Camino Real, dan nombre hoy a ciudades tan importantes y conocidas como San Francisco, Los Angeles, San Diego, Sacramento o San José.

Hasta tal punto es importante la presencia española que en 1783, cuando las 13 colonias se independizan del Reino de Inglaterra y constituyen la Nación de los Estados Unidos de América, España a través del Virreinato de Nueva España ejercía la soberanía sobre los territorios que hoy corresponden a los estados de Oregón, California, Idaho, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, Colorado, Texas, Florida y parte de Luisiana, que seguirían siendo españoles hasta muchos años después, incorporándose a Méjico, cuando este país obtuvo su independencia, salvo Florida y Luisiana que antes fueron vendidas al nuevo Estado Norteamericano.

Lo cierto es que hoy cuando asistimos al auge y crecimiento de la minoría hispana en los Estados Unidos, lo debemos considerar como una vuelta a sus orígenes y raíces, ya que el extranjero e invasor en la mayor parte de la extensión de ese gran país, fueron los anglos, que por guerras y bloqueos, usurparon a Méjico parte de su herencia española, sometiendo a los descendientes de los españoles a la expropiación de sus tierras y a la marginalidad social y económica.

(*) Ex alcalde de La Coruña, Galicia, España