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Opinión 28 de junio de 2020

Ex combatientes, una confusión injusta

Por Nino Ramella
En la Argentina el imaginario colectivo entroniza la idea de ex combatientes en un sitio de respeto y consideración como acaso no concitan otros colectivos por honrosos que sean. Se trata de un sentimiento forjado por las pérdidas -para la mayoría de nosotros muy recientes-, que produjo una guerra cuyo trauma no superamos aún.

No hay manera de no claudicar a ese dolor de otra forma que no sea un silencio de matices culposos que no admite controversias. Así lo sentimos todos. El recuerdo del regreso de los jóvenes soldados que sobrevivieron al horror es la evocación de las escenas más tristes de nuestra historia.

Hubo en aquella guerra distintos roles. Unos fueron protagonistas dada su condición de militares y otros simplemente por tener la edad en la que se convocaba a cumplir servicio. Los primeros formaban parte, por vocación o lo que fuere, de la estructura de las Fuerzas Armadas que en aquel momento ejercían el gobierno que habían arrebatado a la democracia años antes. Los segundos eran los hijos de argentinos que tuvieron la mala suerte de tener 18 años en 1982.

La guerra la decidieron las Fuerzas Armadas al mando de un dipsómano. Pero los dos tercios o más de quienes fueron a poner el pellejo en aquellas islas fueron jóvenes que nada tenían que ver con el mesianismo castrense.

Hay pues una diferencia entre ex combatientes que no es un matiz. Una cosa fueron los militares y muy otra los conscriptos. De las vejaciones en el “teatro de operaciones” no fueron víctimas los primeros sino los segundos. Es decir, los autores fueron algunos de los que se arrogan ser “la reserva moral de la Patria”.

Por eso no es justo considerar a los ex combatientes como un colectivo homogéneo. Es más, no hay simetría posible entre ellos.

En las últimas horas un ex suboficial de la Armada retiró la bandera arcoiris del mástil de la Plaza San Martín que había sido izada por la propia Municipalidad con motivo del Día del Orgullo y la llevó al Palacio Municipal amenazando con que “si vuelven a subir esta bandera la vamos a bajar mil veces más” y agregó en gracioso arranque de apego a la Carta Magna por parte de un militar que “ninguna Ordenanza puede modificar la Constitución Nacional”.

Agregó que otros ex combatientes harían un asentamiento frente a la Municipalidad en caso de que insistieran con el izado de la bandera.

Vale mencionar que el suboficial de marras es lo que se considera un “héroe de Malvinas”, que luchó valientemente y sufrió las consecuencias de su arrojo. En este caso su olvido fue que en Democracia existen las instituciones y la legalidad que nadie puede hacer valer mediante un arrebato.

El inconveniente radica en que al difundirse que ese acto fue hecho por ex combatientes la comunidad puede creer que sintonizan con la actitud del veterano ofendido por la bandera del colectivo LGBTIQ+ también los no militares, que como dijimos son mayoría.

No creo que sea una confusión que a los veteranos militares les incomode, pues así también ellos se ven alcanzados por la solidaridad afectiva del conjunto social.

No hace tanto se produjo otro hecho que tuvo los mismos alcances. En la anterior gestión el jefe comunal, de gran apego a las armas, les dio un espacio -que oportunamente la Municipalidad había cedido a la Fundación Papelnonos- a la Asociación de Veteranos Defensores de Malvinas (Avedema), quien de manera intempestiva se presentaron a tomar posesión del inmueble sin que la ONG ocupante tuviera previo aviso. Providencialmente el traspaso no pudo concretarse.

En aquel momento otra vez los ex soldados combatientes en Malvinas de Mar del Plata tuvieron que aclarar que ellos no tenían nada que ver con ese grupo de ex combatientes militares.

En el caso de la bandera arcoiris hay, claro está, un componente ideológico reaccionario y homofóbico, lo que es consustancial a la configuración mental de sus autores. Es decir, está dentro de lo previsible.

Y ya que hablamos del día en que se respeta y homenajea el derecho a la diferencia es justo que al hablar de ”ex combatientes” también la tengamos en cuenta.