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Policiales 18 de septiembre de 2017

Una causa expone a la “liga de compradores” de propiedades en subastas

La Cámara de Apelación decretó la nulidad de la subasta de una cochera en la que un grupo de personas alteraron la puja para favorecer a una compradora. Aprietes, ofertas ridículas, un martillero cómplice y la connivencia del consorcio, claves del modus operandi.

En Mar del Plata existe un secreto a voces conocido por todos: en la ciudad opera una liga de compradores de subastas judiciales, una suerte de mafia en la que se reparten propiedades a un precio por demás bajo y sin posibilidad de que otras personas puedan pujar libremente.

Este secreto a voces quedó expuesto tras un fallo de la sala dos de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial en el que los jueces Ricardo Monteresi, Roberto Lostaunau y Alexis Ferrairone decretaron la nulidad de una subasta ocurrida en 2014 por una suma de irregularidades que quedaron registradas en un video y que van desde aprietas a un oferente y ofertas ridículas para desestabilizar la puja para favorecer a una compradora, todo bajo la cómplice mirada del martillero.

La nulidad, impulsada por el abogado de la víctima, Esteban Freile, afecta a la compra de una cochera del edificio Semar XI -Arenales 2329- que había llegado a remate judicial el 12 de septiembre de 2014 por una deuda de expensas. Un hombre denunció aprietes e irregularidades durante la puja, a la que perdió contra otro sujeto que ofreció $266.666 y que luego, como no pudo pagarla, la misma se realizó de nuevo hasta que fue vendida por $10.000 a una mujer.

Para los jueces, quedó en evidencia que varios hombres, incluido el martillero, actuaron para favorecer a la mujer en la compra de la cochera a un precio bajo y no permitieron la libertad de puja del otro comprador.

Según pudo corroborar el juez Monteresi en un video aportado por el Colegio de Martilleros, la subasta había comenzado en $4.000 y fue subiendo de $1.000 en $1.000. La oferta del denunciante siempre era aumentada por un sujeto que es habitué de las subastas, que curiosamente se lo vio muy cercano a la mujer que luego ganaría la cochera. Este sujeto, empezó a subir de manera “ilógica” los montos de la subasta, hasta que la ganó por $266.666, un dinero que, claro, no tuvo para poder comprarla.

La forma de operación de esta “liga de compradores” quedó en evidencia: favorecen a una persona que quiera comprar la propiedad, prácticamente sin pujar por el valor de la misma. Cuando un “extraño” quiere participar, la situación se vuelve diferente: lo arrinconan, lo intimidan, lo rodean entre varios, le hablan, lo aprietan, suben el precio de manera ridícula y “voltean” la subasta para que se realice de nuevo.

En este caso particular. Una mujer quiso comprar una cochera en una subasta, pero un hombre ajeno a esa “mafia” participó en el remate. La mujer llegó a ofertar $42.000, el hombre superó esa suma hasta que otro sujeto, en clara connivencia con la mujer, se metió en la puja y llevó el valor de la propiedad a $266.666. Finalmente, la “liga de compradores” logró su propósito: la mujer se llevó la cochera en una nueva puja, por $10.000, menos todavía de o que había ofrecido antes.

Se afectó seriamente la libertad de puja”, afirma el juez en el fallo y agrega que “el proceder del martillero fue irregular, ya que sin orden judicial recomenzó el remate. Esto compromete gravemente la actividad y seriedad del acto. La decisión de realizar una nueva subasta corresponde a un juez y esa reapertura de la subasta es una anomalía que justifica decretar su nulidad”.

Conclusiones de La Cámara de Apelación

El juez Monteresi asegura que la situación que quedó demostrada en la sentencia se ha evidenciado en otros expedientes y esto “permite verificar que existe algo más que una mera yuxtaposición casual de irregularidades o conductas sospechosas en el marco de un cobro ejecutivos de expensas debidas por el dueño de una cochera de un edificio local”.

La mirada sobre el árbol no debe impedirnos advertir la existencia del bosque: no se trata aquí de un martillero que se equivocó al gestionar una subasta en la que, solo por casualidad, uno de los asistentes había promovido el accionar de una o más personas que alteraron la puja para provecho personal, logrando -en un segundo acto que nunca debió hacerse- comprar una propiedad céntrica por una suma muy baja que representaba menos de un cuarto de lo que había ofertado, y todo ello con la sugestiva aquiescencia de los socios de la firma administradora del consorcio acreedor ejecutante, uno de los cuales es la pareja de la adquirente”, concluyó el juez Monteresi.

“No estamos aquí -continúa el juez- en el ámbito de las casualidades sino de las causalidades. La lectura conjunta e interrelacionada de los comportamientos de los apelantes, permite dar cuenta de la verdadera naturaleza y magnitud de las conductas que aquí son objeto de reproche. Esa mirada sistémica y comparativa es la única que permite advertir que todas las conductas que he calificado de extrañas, sospechosas o irregulares, en verdad, se explican recíprocamente a la perfección cuando son interpretadas en su conjunto. Se advierte una interacción coordinada de circunstancias muy específicas que se repiten una y otra vez en forma de patrón (el mismo letrado, el mismo martillero, el mismo edificio, el mismo tipo de propiedad, el mismo adquirente, el mismo tipo de defectos en los actos procesales de comunicación previos al remate e incluso previos a la sentencia); y en un contexto como el descripto, entiendo que el rol que cada uno cumple en este esquema así como también la finalidad que su accionar persigue deben ser investigados por las autoridades competentes”.