Mar del Plata será la primera parada de la gira nacional de “Las Hijas”, una obra que acaba de despedirse de la temporada porteña con localidades agotadas.
La propuesta escrita por Ariadna Asturzzi y dirigida por Adrián Suar, reúne a Soledad Villamil, Florencia Peña y Pilar Gamboa en la piel de tres hermanas que deben decidir juntas cómo acompañar a su madre, Elena, ante el avance del Alzheimer.
Inés (Villamil), una tarotista de renombre, María José (Peña), una psiquiatra forense y Roberta (Gamboa), una artista plástica de carreras inconclusas se encuentran en uno de los momentos críticos de muchas hijas, de muchos hijos. Ese en el que se enfrentan, no solo al futuro de sus padres, sino también a comenzar a pensar cómo será su propia vejez.
Tras consagrarse como la mejor comedia dramática del año en la primera edición de los Premios Pinti, tendrá este fin de semana tres funciones en Mar del Plata: viernes 11, sábado 12 y domingo 13, a las 20, en la sala Radio City del Centro de Arte MDQ (San Luis 1750).
“Vamos a hacer una gira de dos meses, con esta obra y estamos recontentas. Hacía mucho que no hacía gira; está bueno conectarse con otra gente, que te agradece que hayas ido hasta su lugar. Y en Mar del Plata, tres días, fuera de temporada. Nunca fui en otra época que no sea el verano. Amo Mar del Plata, me parece una de las ciudades más hermosas que tenemos. Las últimas dos veces que estuve la pasé tan bien que mi familia y yo nos llevamos grandes recuerdos en el corazón”, destacó Florencia Peña en una charla con LA CAPITAL antes de comenzar este tour.
“Fue una patriada”
En la nota, también reflexionó sobre la alegría de reconectar con las bases de su larga trayectoria y en un papel “contenido”, alejado del humor, con “un gran arco de transformación”. Y también aseguró que “todas mis batallas las peleo desde arriba del escenario”.
—Este proyecto te llegó de sorpresa, no lo tenías en tus planes y en tiempo record.
—No lo tenía en mis planes porque venía de hacer “Pretty Woman”, “Mamma Mía”, “Casados con Hijos”, “Cabaret”, mucho teatro. Cuando me llamó Adrián, la verdad que todas las respuestas a las preguntas que me hago siempre antes de decidir —si me va a divertir, si voy a ser feliz, si me va a hacer crecer— eran sí. Dos compañeras que admiro mucho pero con las que nunca había trabajado, y un proyecto que me ponía en otro lugar, porque venía de cosas muy grandes, con mucho despliegue, y esto era volver a lo chiquito. No me la podía perder. Nos metimos en la locura de estrenarla en seis días, algo que va a quedar en el recuerdo de todos como algo muy inusual, porque es una obra que nos tiene todo el tiempo en escena, con mucho diálogo y mucha precisión. Fue una patriada que nos dio seguridad, risas y también miedos. Ahora somos las tres mosqueteras en una obra que nos da muchísima satisfacción.
—El tema es como el cuco de todos los que tenemos la suerte de tener a nuestros padres: llegar a ese punto.
—Sí, porque lo vamos a atravesar también. Empezás a pensar en la finitud. Yo empiezo a pensar cómo quiero envejecer, voy a intentar cuidarme y tener hábitos saludables para no cagarle la vida a mis hijos. La vejez de nuestros padres no la conocemos hasta que sucede y el Alzheimer es una de esas enfermedades que uno no quisiera pasar con ningún familiar. En la obra, mi personaje es psiquiatra y en un momento dice: “el Alzheimer es una enfermedad horrible, sobre todo para alguien como mamá, que es muy poderosa e independiente”, pero que en realidad es horrible para cualquiera: la ves apagarse, consumirse, y no hay nada que puedas hacer más que acompañar. Por eso la obra genera tanta identificación.
—¿Cómo funciona en tu personaje lo objetivo de su conocimiento del tema, con lo emocional, que sea su propia madre, su familia?
—Es espectacular, porque Majo no tiene nada que ver conmigo. Es la que cree que tiene que contener a los demás, la que tiene los pies en la tierra, pero tiene un arco de transformación tremendo, se la va comiendo la situación. Fue muy interesante para mí como actriz.
—¿Cómo armaste el personaje con tan poco tiempo?
—Fue como hacer terapia conductista: no me iba a centrar en el pasado, sino en el presente, con tips muy concretos. La búsqueda la fui haciendo en el escenario, con mis compañeras; fue soltar completamente el control y dejarme llevar. Fue vértigo, un proceso muy distinto, lleno de adrenalina. Después terminábamos y ellas me decían “eso que encontraste ahí está buenísimo”, y ahí seguíamos construyendo, quedándonos con lo que nos funcionaba a las tres y a la platea. Estoy en un registro muy económico de la actuación, no trato de hacerme la graciosa y eso también está bueno.
“Reconectar”
—¿Sentiste que volvías a las bases, a lo que te enamoró de la actuación?
—Después de más de cuarenta años haciendo esto, hay que renovar los votos, no podés entrar en automático. Cuando surgió “Las Hijas” sentí que podía reconectar partes que se habían desconectado de mi actriz y salir a jugar por otros lugares. Es un registro que hace años no usaba, y mucha gente se sorprendió; los que me conocen bien me decían “qué bueno que hayas vuelto a estos lugares”. Fue todo ganancia. A esta altura las cosas las hago por mí y para mí: si yo soy feliz, si la estoy pasando bien, ya está, no necesito más.
—¿Cómo se preparan emocionalmente para subir al escenario con un material así?

—Nosotras trabajamos con nuestras emociones, con cómo estamos ese día. Tenemos historias familiares diferentes, pero a las tres nos interpela mucho este material, entonces hay que estar fuerte porque es como estar constelando, viste. Hablar de la madre, de los orígenes, de la hermandad, de ponerse de acuerdo con el otro, hace que tengas que llegar al escenario lo mejor posible. La fortaleza radica en estar en el aquí y ahora. Y también, quienes elegimos esta profesión, y somos de ADN actrices, volvemos a lo chiquito, a salir a actuar y apoyarnos entre nosotras. Yo siempre pienso que uno se potencia, que hay que rodearse de geniales actores para ser un gran actor, y Sole y Pilar son unas genias, me encanta actuar con ellas, me da mucho placer.
—¿Sentiste que esta obra fue también una especie de respuesta, de decir “soy esto, pero también soy esto otro”?
—Sí, yo soy muchas, porque soy curiosa, porque me gusta experimentar y probar, y voy a seguir siendo así. Soy una persona receptiva, aprendo de todo y cometo errores, como todos. A veces hay algunos acontecimientos en la vida que yo he ido atravesando, algunos han sido muy expuestos, los he sufrido, pero me han enseñado a fortalecerme para bancar las embestidas. Soy un ser humano. Y en este momento de mi vida, después de tanto camino recorrido, lo mejor que tengo para dar hoy es estar arriba del escenario. Ahí peleo todas mis batallas y, por suerte, las gano porque la gente me elige.