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Arte y Espectáculos 31 de marzo de 2023

Grabó ahora las canciones que compuso en 2002, mientras caminaba con su walkman y “el país se venía abajo”

"Quizás la música sea un ensayo para escapar del mundo", dijo el compositor Leonardo De Angelis, quien se reencontró con un material inédito y propio que cumplía 20 años de guardado. Lo reflotó y así nació el disco "No hay cuestión que no conduzca al mar".

De Angelis y Avellaneda. "La vida nos formó musicalmente a través de una amistad", dijo el primero.

 

 

Músicas épicas y de cierta heroicidad conviven con otras sutiles e introspectivas, siempre instrumentales. Así es el disco “No hay cuestión que no conduzca al mar”, del compositor marplatense Leonardo De Angelis y Roque Avellaneda, quien se desempeño en la dirección musical.

Aunque no forman un grupo, ambos componen el proyecto Lanza del Vasto, un nombre que remite al pensador italiano y militante de la no violencia que “intentó introducir a Gandhi en Occidente”, de acuerdo con lo que indicó De Angelis a LA CAPITAL.


Podés escuchar una de las canciones acá:


 

“No formamos un grupo musical, más bien la vida nos formó musicalmente a través de una amistad”, contó sobre esta sociedad artística que dio vida al disco de curiosas ocho canciones y que el sello Viajero Inmóvil distribuye a nivel global.

Acaso la asimetría musical que recorre el disco obedezca al momento histórico en que fueron compuestas: 2002, en Argentina. Se trató de un conjunto de canciones que parió De Angelis y que “quedaron en la nada”. Al cumplirse veinte años de aquel nacimiento, su propuesta fue grabarlas, finalmente.

“Retrotrayéndome a aquel 2002, decepcionado del death y el black metal, caminaba escuchando ‘Tester de violencia’ de Spinetta. Fue un lenguaje de renovación. ‘No ves que no hay cuestión que no conduzca al mar’, decía Luis en ‘La bengala perdida’, mientras yo andaba por la costa viviendo las últimos momentos del walkman y pensando que el país se venía abajo”, rememoró el artista.

“El disco es testigo de una crisis en donde las nuevas búsquedas musicales lo encuentran. Ya no está ni el rock liso, ni el metal ni la música mediterránea solamente”, definió.

Consultado sobre las asimetrías musicales que se apoderaron de este material, De Angelis defendió la “conciliación de opuestos o al menos que entre polos opuestos fluyan convergencias”.

Y explicó: es “algo así como buscar lo dulce y lo amargo en un agridulce. Porque una torta solo de merengue y dulce de leche es impasable. Lo más rápido y duro y lo más lento y cálido comienzan así a tener lenguaje. Nos interesa combinar diferentes tiempos y espacios, algo tan usado en la pintura o arquitectura. Algunas casitas marplatenses combinan atributos de diferentes regiones y siglos, pero nuestra visión musical nace en el siglo XX y apenas parece dialogar con dos o tres países en forma desigual”.

-¿Qué te generó revisitar estas canciones, después de veinte años?

-Un reencuentro positivo con el pasado. Un pasado recuperado y que nos disparó seguir con la música. Las memorias deben ser trabajadas, desde lo narrativo, lo visual, lo expresivo o lo corporal. En este caso, desde lo musical.

-Algunas canciones parecen estar hechas para ir a la guerra, metafóricamente, o para grandes momentos. ¿Puede ser?

-Quizá hablás de “Desasosiego”. También nos comentaban algo en el canal de YouTube. Comienza con un fraseo de jazz, para avanzar en un leitmotiv romántico, hay diferentes claroscuros, aparecen cambios de ritmos, fraseos diversos y minisinfonías metidas en la misma canción. Todo ello con una descabellada pretenciosidad. Llegamos al grand finale, tipo fanfarria: culminación de un momento único. Al finalizar el tema es posible que pueda derivar en una profunda emoción del oyente o en una sencilla carcajada.
Sin embargo, el nombre de la canción alude a Bernardo Soares, un empleado administrativo gris que para escapar del mundo comenzó a escribir ensayos metafísicos sobre las minucias de su vida. Un antihéroe por naturaleza. Esos apuntes se recopilaron en el “Libro del desasosiego” (de Fernando Pessoa). Así, entre Bernardo Soares y Lanza del Vasto hay conexiones: quizás la música sea un ensayo para escapar del mundo.

-El disco combina lo digital con lo contundente de la guitarra eléctrica ¿por qué eligieron esta instrumentación?

-La instrumentación se adapta bastante bien para lo que pide una música tan cambiante, en paralelo a esos riffs. Así son la canciones. Vale decir que se grabaron bajos, teclados, palmas, guitarras acústicas y eléctricas y pianos. Roque toca muy bien. Ha ayudado mucho en esto nuestro lugar de trabajo, Alan Parkinson Studios. Luego de tal registro, estábamos conformes.

-¿Qué ideas, lecturas y músicas nutren el disco?

-Lanza del Vasto fue un pensador que intentó introducir a Gandhi en Occidente. Su fracaso es interesante, introduce la pregunta de qué hubiese pasado si Gandhi fuera nuestro guía intelectual. Nuestra lógica nunca fue la de la no-violencia, sino la del ojo por ojo. Al día de hoy es una rara excepción esa exitosa revolución hecha por un hombre desnudo. Sobre todo de cara a esa fuerza condensada en el matar o morir, que es la cara de nuestro fracaso. Es interesante citar a Lanza del Vasto: un pensador por fuera del canon de la historia de las ideas. ¿Ideas y libros? Puede haber varios. No hemos estado escuchando música o leyendo para el disco. Es probable que la música y la lectura la llevemos con nosotros. Sería como una carga residual que afecta nuestra percepción. Está ahí. Como un reflejo que se aparece en los momentos más inesperados nutriendo la vida. Estos reflejos formatean la vida cotidiana, mueven las cosas, una experiencia, una charla o a un disco.

 

 



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