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Deportes 17 de noviembre de 2016

Hablar en la cancha

por Vito Amalfitano

Tìtulo de respetable colega: “Las modificaciones de Bauza fueron el mejor complemento para la gran noche de Messi”. Irreprochable. Solo si antes queda claro que el armado equivocado del equipo por parte del técnico nos trajo a este ridículo de tener que celebrar como una redención que entremos en zona de repechaje y que ahora sí podamos jugar contra Nueva Zelanda o Tailandia.

Vieja verdad relativa desde que existen los cambios en el fútbol: si el entrenador acierta en ellos es probable que antes se haya equivocado en los jugadores que tuvo que reemplazar. Eso, en las variantes que se hacen durante el mismo partido. Ahora, cuando se trata de un DT de Selección, que puede elegir entre todos los futbolistas, el concepto sirve también para el armado inicial del equipo.

Acá la cuestión es aun más evidente. La Selección estaba primera en las eliminatorias con Gerardo Martino. Y Ever Banega había sido la gran revelación y el jugador más rendidor en la etapa del “Tata” como DT de Argentina. El volante de Sevilla había conseguido descomprimir la presión de Messi cuando Lío estuvo en cancha y había logrado erigirse casi en conductor en los partidos en los que él mejor jugador del mundo no fue de la partida.

Es cierto que aun con Banega la Selección no pudo coronar en la Copa América, y que Messi tiene una carga de antes que, como ya fue dicho, la arrastró en el momento de tirar el penal contra Chile en New Jersey. Haberle hecho creer que puede ser conductor, líder, capitán, enganche, delantero, todo junto y todo solo. Los “sí messistas” que le hicieron mal y que cada vez le hicieron más pesada la mochila.

Lo cierto es que en San Juan Banega recuperó la titularidad que nunca perdió en la cancha y solo en el atribulado pensamiento de Bauza. Y entonces Mascherano y Biglia dejaron de interrumpir para recuperar. Porque una vez que se hicieron de la pelota no la volvieron a dividir con pelotazos inciertos ni salieron a buscar desesperadamente por dónde andaba Messi. Por el contrario, enseguida lo tuvieron a Banega cerca mostrándose como salida y descarga en tres cuartos. Esos movimientos, por la simple y lógica ubicación de un jugador que todos sabíamos que tenía que estar, liberaron a Messi. En el pensamiento, en la responsabilidad, y en los espacios. Porsupuesto que después todo lo más trascendente lo hizo Lío. Y que él es mago, Pero no fue precisamente magia el contexto que le posibiltó sacar los conejos de la galera.

Nada de esto debe servir para engañarse. Ni Banega es Riquelme, o Gallardo, o Bochini, ni Messi podrá siempre brillar al nivel de San Juan, ni todos los rivales serán tan tibios y endebles como esta Colombia, la peor de la versión Pekerman . Lo más contraproducente que puede deparar este resultado es el conformismo . Es más, si había un cambio de timón en marcha, la idea de apuntar a un proyecto en serio (improbable, si se tiene en cuenta la falta de conducción de la Comisión DESnormalizadora), convendría no desecharlo, más bien activarlo en todo el tiempo que queda por delante hasta marzo.

Párrafo final para la decisión corporativa (pero no unánime, atención, y objeto de fuerte debate interno) de los jugadores de la Selección de no hacer declaraciones a la prensa. La verdad es que a los periodistas que no vivimos de sus declaraciones “de casette” nos da absolutamente lo mismo. Los más perjudicados serán ellos. Ya vivimos una experiencia similar en L’Etrat, en el 98, por una publicación de Noticias sobre Veròn, de tenor parecido a esto de Lavezzi. Lo que único que se logró es que se salieran de eje ellos y que le dieran más importancia a eso que al objetivo que tenían por delante, que era el Mundial en disputa.

Lo ideal sería que cada uno decidiera por sí mismo y no en forma corporativa. Pero, en realidad, lo que realmente interesa es lo que digan en la cancha.