Hace 45 años, “El Increíble Hulk” causaba furor en visita a la ciudad
En aquel verano de 1981 fue una gran atracción la llegada a Mar del Plata de Lou Ferrigno, el gigante verde de la televisión.
En el verano de 1981, cuando Mar del Plata todavía era sinónimo de multitudes, espectáculos internacionales y temporadas que parecían no terminar nunca, “El Increíble Hulk” caminó por la ciudad. No era una metáfora ni un delirio infantil: Lou Ferrigno, el actor que encarnaba al monstruo verde más famoso de la televisión mundial, visitó la ciudad en pleno auge de la serie y se convirtió en una de las grandes atracciones de aquella temporada.
Para miles de marplatenses y turistas, Hulk no era un personaje más. Era parte de la rutina doméstica, del televisor encendido a la noche, de una ficción que se repetía semana tras semana y que, sin efectos digitales ni universos compartidos, lograba algo hoy difícil: conmover.
El increíble Hulk, emitida entre 1978 y 1982, fue una rareza incluso para su tiempo. No proponía épica ni triunfo. David Banner –así rebautizado el personaje en la serie, interpretado por Bill Bixby– era un científico errante, condenado a vagar de pueblo en pueblo huyendo de sí mismo. Cada transformación era una tragedia. Cada final, una despedida.
Hulk no salvaba al mundo: ayudaba a desconocidos, reparaba injusticias mínimas y luego desaparecía. La serie funcionaba como un western moderno, con un héroe solitario, una música melancólica y una idea central: la furia como maldición.
Para encarnar físicamente a Hulk, la televisión necesitaba algo que no podía fabricar con trucos. Así apareció Lou Ferrigno, fisicoculturista nacido en Brooklyn, hijo de inmigrantes italianos, casi sordo desde la infancia y dueño de un físico descomunal. Medía casi dos metros, pesaba más de 130 kilos y ya era una celebridad del culturismo tras haber sido Mr. Universe.
Ferrigno no era actor profesional. Su Hulk no hablaba. Se expresaba con el cuerpo, con la mirada, con la furia contenida. Pasaba horas maquillándose de verde, usando prótesis y lentes de contacto, soportando jornadas extenuantes bajo focos que convertían el set en un horno. Esa incomodidad permanente terminó siendo parte del personaje.
El resultado fue un Hulk profundamente humano. No un monstruo invencible, sino una criatura dolorida.

Enero de 1981: Hulk en la ciudad
En ese contexto de popularidad global, Lou Ferrigno llegó a Mar del Plata el 3 de enero de 1981, acompañado por su pareja de entonces. Su visita fue parte de una temporada en la que la ciudad todavía se permitía traer figuras internacionales como atractivo central del verano.
Ferrigno se presentó en la Feria Internacional del Atlántico, organizada por la UCIP, donde firmó autógrafos, habló con la prensa y se mostró cercano al público. No hubo escenografías espectaculares ni despliegues hollywoodenses: bastaba su presencia física para generar impacto. En aquella oportunidad fue presentado por el cantante Donald. En esa feria, un mes más tarde se presentaría Diego Armando Maradona para patearle penales a los chicos.
Para muchos chicos –y no tan chicos– fue la confirmación de algo increíble: Hulk existía y estaba ahí, caminando por Mar del Plata, sacándose fotos, hablando de la serie y explicando que su personaje no era un villano, sino alguien “dulce y sensible”, atrapado en su propia fuerza.
La visita de Ferrigno hoy funciona como una postal de otra Mar del Plata. Una ciudad que se pensaba a sí misma como capital cultural del verano argentino, capaz de atraer figuras internacionales y convertirlas en parte del paisaje urbano por unos días.
También habla de otra televisión. De una época en la que un personaje podía convertirse en mito sin franquicias, sin marketing digital, sin saturación. Hulk era famoso porque conectaba con algo esencial: el miedo a perder el control, la sensación de no encajar, la bronca que no encuentra salida.

El Increíble Hulk” junto al cantante Donald.
El legado del gigante verde
Con el tiempo, Hulk se transformó en una marca global y en una pieza central del universo Marvel. Pero para quienes crecieron con la serie original, el Hulk verdadero sigue siendo el de Bill Bixby y Lou Ferrigno: el de la camisa rota, la mirada triste y el final en la ruta.
Ferrigno, lejos de renegar de ese pasado, lo abrazó. Volvió a interpretar al personaje con su voz en películas recientes y transformó su historia personal en un relato de superación. Nunca dejó de ser Hulk. Tampoco quiso hacerlo.
Que Lou Ferrigno haya estado en Mar del Plata no es solo una curiosidad de archivo. Es la confirmación de que la cultura popular también deja huellas locales, de que los mitos globales, a veces, pasan por casa.
En aquel enero de 1981, Hulk no destruyó nada. No rompió autos ni paredes. Se sacó fotos, firmó autógrafos y dejó un recuerdo imborrable en una ciudad que, por un momento, también fue parte del universo Marvel, mucho antes de que existiera.
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