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Opinión 30 de agosto de 2020

Hacia una nueva normalidad con responsabilidad individual

Por Federico J. Cermelo*

Nada será igual post pandemia. Habrá dejado huellas por todos lados, además de innumerables infectados, fallecidos y problemáticas de todo tipo a lo largo del mundo. El trayecto hacia una nueva normalidad, además de largo, presume una convivencia colectiva que no volverá a ser igual a la que estábamos acostumbrados y que requiere de mucha responsabilidad individual.

Rápidamente, la pandemia golpeó fuerte en el mundo y de entrada, no dio respiro. Cuando el enemigo es invisible y desconocido, combatirlo se vuelve casi imposible. De hecho, se ensayaron respuestas sanitarias, sociales y económicas, con mejores y peores resultados. Medicamentos y tratamientos que un día asomaban como la solución y que luego la ciencia desestimaba. La vacuna, como el anhelo sagrado, del que aún no hay precisiones de cuando podría dar a luz y estar masivamente disponible pero que, al menos a estas alturas, ya lo vemos más cercano.

En este contexto y desde que arrancó la pandemia, los gobiernos han debido dar respuestas ante esta amenaza nueva y desconocida. Europa y Estados Unidos –“el mundo desarrollado” han sufrido terribles consecuencias. De hecho, la Canciller Alemana, Angela Merkel, consideró que el Covid-19 representaba el mayor desafío para su país desde la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el popular diario americano, New York Times, impactó con una tapa semanas atrás, con las identidades de los más de 100.000 fallecimientos que ha provocado la pandemia. España, por ejemplo, con una población similar a nuestro país, superó las 27 mil muertes.

Por supuesto que el fenómeno relatado, llevó a ensayar respuestas que restringieran la acumulación de personas para evitar la propagación del virus y en consecuencia, se afectó el comercio, el transporte, la educación; en fin cambió drásticamente la vida de la humanidad.

Realmente, han sido momentos muy traumáticos para la población mundial, contemplar desde hace meses cuantas personas se infectan y fallecen diariamente. El miedo y el estupor, cuando no el oportunismo y el individualismo extremo, generó todo tipo de reacciones: desde las más humanas a las más miserables, desde cuidar la vida a proteger la economía y que todo siguiera igual, hasta incluso instalar teorías conspirativas de falsa pandemia.

Lo paradójico de ello, es que quienes dicen priorizar la economía, también han sufrido daños económicos inmensos por la enorme cantidad de fallecidos e infectados que -de por sí- paralizan toda actividad productiva. No hay fábrica ni comercio sin trabajadores y clientes sanos.

Por su parte, en nuestro país, se ha intentado desde un primer momento, hacer todo lo posible para cuidar la vida de las personas. El gobierno Nacional reunió a expertos sanitaristas de vasta trayectoria, discutió las medidas a realizar con gobernadores e intendentes de distintos espacios políticos, el Congreso funcionó por primera vez de manera virtual y se adecuó a la circunstancias estando perfectamente a la altura.

A su vez, nuestro presidente Alberto Fernández, quien asumió a solo tres meses de decretarse la cuarentena y con una situación socioeconómica muy delicada, transitó este proceso complejo hablándole a la gente periódicamente, haciendo docencia al explicar los alcances de las medidas, apuntando también con ayudas concretas a los sectores más vulnerables y a todos aquellos que no han podido o han visto mermada su actividad laboral.

Hoy por hoy, cabe destacar que en gran parte del país, diversas limitaciones que habían comenzaron a ceder tras bajar la circulación viral, volvieron a incrementarse como está sucediendo por estos días en Mar del Plata. Por lo cual, el mensaje debe ser claro e invitarnos a no relajarnos porque los rebrotes suceden y cualquier descuido puede pagarse caro, desde lo sanitario ante el estres y ocupación del sistema de salud y en lo económico, con las actividades y sectores que no pueden desempeñar su labor.

En definitiva, para avanzar hacia la normalidad es indispensable la guía y apoyo del Estado pero también, la responsabilidad individual y eso hoy, representa nuestro mayor desafío como sociedad.

Claramente hay luz al final del túnel y estamos más cerca que la vacuna llegue y el virus ceda. No obstante, la pandemia se irá pero nos dejará hábitos que no debemos olvidar como el lavado de manos, la limpieza de las superficies y el distanciamiento social, tips sencillos e indispensables en la transición a la nueva normalidad, la que no será igual a la que estábamos acostumbrados.

*El autor es abogado y Director del Observatorio de la Juventud de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.



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