Dirigió a figuras de Hollywood como Meryl Streep, Daryl Hannah, Jack Nicholson, William Hurt, Willem Dafoe y, entre otras, a la estrella brasileña Sonia Braga. Obtuvo una nominación para los Premios Oscar como mejor director por “El beso de la mujer araña”.
Llevó al cine obras de escritores como Manuel Puig (el título antes mencionado); de Alan Pauls filmó “El pasado” y algunos de sus guiones los coescribió junto a Ricardo Piglia, en el caso de “Corazón iluminado”, y a Jean-Claude Carrière en la famosa “Jugando en los campos del señor”.
Este filme fue considerado “una obra épica”, porque se filmó en el Amazonas, con un elenco formado por actores y actrices estadounidenses y por intérpretes de diversas etnias indígenas de Brasil. Durante ese rodaje, contrajo cáncer, enfermedad que terminó con su vida en 2016.
Héctor Babenco, de él se trata, nació en Mar del Plata. Fue hijo de un comerciante, se crió en una casa de Avellaneda y Güemes, pasó por la primaria N° 10 y “casi termina la secundaria” en el Mariano Moreno, de acuerdo a las palabras de su hermano Marcelo.
En plena adolescencia, descubrió el teatro independiente que se gestaba en esta ciudad y también el cine. Esta última disciplina empezaba a ser una de sus pasiones. Por eso se “rateaba” para ir a las salas locales y mirar películas “unas ocho o nueve veces”, rememoró.

Gabriel Lerman, Myra Babenco, Esmeralda Mitre y el nieto del cineasta, Pedro.
Una beca para estudiar en los famosos estudios Cinecittá de Roma, Italia, cuando apenas tenía 17 años, cambió su vida para siempre. A su regreso de Europa, se radicó en San Pablo y se convirtió en el artista argentino más brasileño de todos.
Con excepción de las personas vinculadas al cine, poco se sabe de este marplatense apasionado que murió hace 10 años, justo dos meses después de terminar la película “Mi amigo hindú”.
Su trayectoria es casi desconocida si se la compara con la de Astor Piazzolla –el otro marplatense famoso–. El nombre Piazzolla titula escuelas, salas de teatro, un aeropuerto y monumentos en las plazas. De Babenco no hay nada que lo evoque. Sin embargo, su talla como artista es, acaso, igual de trascendente, igual de internacional que la obra del autor de “Adiós Nonino”.
El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata decidió, este año, reconocer su trayectoria de manera póstuma. Se llevó a cabo este sábado un homenaje que contó con la presencia de sus familiares. Y tuvo la moderación de Gabriel Lerman, codirector artístico del festival.
En el espacio Chauvín, su hija Myra Babenco, su nieto Pedro Babenco, su hermano Marcelo, el director de cine Alberto Gieco, quien fue su asistente de dirección en “Jugando en los campos del señor”, y la actriz Esmeralda Mitre (actuó en “El pasado”) repasaron su figura, reflexionaron sobre su aporte al cine y trazaron un perfil que estuvo atravesado por la emoción, por los recuerdos y por las anécdotas.
Como parte de este homenaje, la programación incluye este año a cuatro de sus películas. Se pueden ver “Pixote”, “Jugando en los campos del señor”, “Corazón iluminado” (con pasajes rodados en Mar del Plata) y “Mi amigo hindú”. En 2004 había presentado en este festival su consagrada producción “Carandirú”, oportunidad en la que fue reconocido en persona.
De la actualidad y del humanismo de su obra se refirió su hija Myra, galerista de arte y encargada en la actualidad de difundir y cuidar la obra de su padre. “Lo increíble de Héctor es que todas las películas abordan temas actuales”, dijo.
“Héctor fue el primero en abordar estos temas. ‘Lucio Flavio’, que fue una película anterior a ‘Pixote’, trataba sobre un mendigo… Todas sus películas tienen una cuña social, una cuña personal, del hombre. No son películas solo de entretenimiento. Es importante para Brasil, para Argentina y para el mundo que la sociedad de hoy mire lo que él hacía hace 45 o 50 años, porque es lo que vivimos hoy”, agregó sobre la impronta humana de sus filmes.
El hilo que conecta con los más desposeídos se ve en “Pixote”, por ejemplo, en la que abordó el drama de la infancia callejera. En tanto, “Carandirú” es una historia que transcurre en una de las cárceles más pobladas de Brasil, por citar algunos ejemplos.
Ya enfermo y muy delgado por el mal que lo aquejaba, filmó “en el mismo hospital en el que murió”, según contó su hija, a Willem Dafoe, quien interpretó a un director de cine muy cerca de la muerte, una autorreferencialidad difícil de soslayar. “Siempre encontraba fuerzas porque lo que más amaba hacer” era filmar, reflexionó Myra.
“Extremadamente obsesivo e intenso”, así definió Gieco a su amigo cineasta, con quien caminó y caminó para poder elegir las locaciones exactas para “Jugando en los campos del señor”, ese filme monumental que llevó muchos meses de preparación y que, según Lerman, no resultó un éxito de taquilla.
Siempre gustoso por filmar planos secuencias, también se obsesionaba por obtener los mejores planos. Y era incansable al momento de preparar cada jornada de grabación, describió Gieco. “Tenía una obsesión por conseguir el plano perfecto”, agregó y lo mismo hacía en la isla de edición, donde pasaba “meses y meses”.
“No era fácil como director, tenía una ambición suprema, siempre buscaba lo mejor”, recordó.
Su hija reconoció su intensidad y vehemencia, a la vez que también destacó su lado de padre cariñoso y humano. Y similar fue la impresión que dejó en su nieto Pedro: “Fue un abuelo muy próximo”.
Por su parte, Mitre recordó que trabó amistad con Babenco a sus 24 años, a través de otro cineasta, Edgardo Cozarinsky. “Fue un transgresor”, lo describió.
El homenaje contó con la presencia de María Kallás, agregada cultural de la Embajada de Brasil en Argentina, y de las autoridades del Emturyc, quienes entregaron un reconocimiento a Myra Babenco.