La Ciudad

Homilía del obispo y lavado de pies en el Jueves Santo

La Catedral de los Santos Pedro y Cecilia fue escenario natural para que el obispo Ernesto Giobando presida La Misa de la Cena del Señor.

El obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando SJ, presidió la Misa de la Cena del Señor en la Catedral, en la que se conmemoró la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, junto con el gesto del lavatorio de los pies, en el marco de la celebración del Jueves Santo.

En su homilía, el obispo invitó a redescubrir el sentido profundo de estos días, recordando que “no son sólo días de descanso, sino de oración, de encuentro con el Señor, de venir a la Iglesia, de celebrar juntos”, subrayando que la Semana Santa es una respuesta al amor de Dios: “porque es tan grande el amor del Señor que se lo devolvemos de esta manera”.

Al reflexionar sobre el Evangelio, destacó el gesto de Jesús en la Última Cena como signo de una humildad desconcertante: “Jesús lavó los pies a sus discípulos y apóstoles, a todos, también a Judas Iscariote”, remarcando que se trata de “una acción de profunda humildad que realizaban los esclavos”. En este sentido, señaló que este signo “requiere despojo interior” y supone “agacharse física y espiritualmente”, así como también “humildad para el que es lavado”.

Profundizando en el sentido pascual de este gesto, citó el inicio del relato evangélico: “Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin”, y explicó que se trata de un amor que va más allá de la muerte: “no es solamente su muerte ni nuestra muerte”, sino “un amor colmado de luz pascual, el amor del Resucitado”.

El obispo también puso el acento en las manos de Jesús, signo de su entrega total: “manos creadoras, perdonadoras, sanadoras, cálidas; también fuertes”, que en la Cena “tomarán el pan y el cáliz de vino” para entregarse como alimento. A la vez, subrayó el despojo de Cristo, que “tomó una toalla y se la ató a la cintura, una simple toalla”, mostrando que su verdadera autoridad es “la del servidor humilde”.

Al referirse al lavatorio de los pies realizado durante la celebración, indicó que este gesto tiene consecuencias concretas para la vida cristiana: “una comunidad dispuesta a lavarse los pies unos a otros es una comunidad que pone en práctica el mandamiento del amor”. Y sintetizó con claridad: “amar es servir”.

En esa línea, recordó las palabras de Jesús: “les he dado el ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” y afirmó que allí se juega la identidad cristiana: “no somos más que simples servidores”.

Asimismo, retomó una enseñanza del Papa Francisco sobre la fraternidad vivida en el servicio: “sírvanse unos a otros, sean hermanos en el servicio, no en la ambición”, y expresó que “la fraternidad es humilde, siempre está al servicio”.

En este contexto, también recogió la invitación del Papa León XIV, quien “en este mes de abril, nos invita a rezar por los sacerdotes”, poniendo una intención especial en quienes atraviesan dificultades, ya que “no es fácil ser sacerdote en este momento de la historia” y muchas veces “hay como una sospecha del trasfondo de nuestras vidas”. Sin embargo, reafirmó la dignidad de la vocación: “somos simples hombres que estamos llamados a vivir una vocación que representa a Cristo mismo en medio de los fieles”.

Finalmente, invitó a toda la comunidad a acompañar a los sacerdotes con cercanía y oración, rezando juntos para que “nunca pierdan la confianza” y puedan vivir “el gozo de servir a la Iglesia con corazón humilde y generoso”.

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