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La Ciudad 4 de agosto de 2026

Inseguridad: ¿y si en vez de repartirse culpas comparten soluciones?, vacaciones con gusto a poco y llega Faustino Oro

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar de Plata.

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Hay momentos en que la realidad deja sin argumentos a todos. Durante la semana pasada, Mar del Plata habló de inseguridad. Vecinos de distintos barrios organizaron reuniones, intercambiaron mensajes, convocaron a un cacerolazo y volvieron a poner sobre la mesa un reclamo que lleva meses creciendo. No fue una reacción frente a un hecho puntual. Fue la expresión de un malestar que venía acumulándose, de una preocupación que atravesaba conversaciones familiares, grupos de WhatsApp, centros comerciales y sociedades de fomento. Pero el fin de semana terminó convirtiendo ese reclamo en una tragedia. En menos de veinticuatro horas, la ciudad quedó sacudida por tres asesinatos completamente distintos entre sí. El comerciante Ricardo Raúl Ruiz fue asesinado durante un asalto en su ferretería. En Villa La Palangana apareció muerto Alberto Rodríguez, un hombre que trabajaba en Uber y en el marco del crimen le robaron el auto. Y el domingo se conoció el brutal femicidio de Johana Mailen Antonich, una joven de 24 años que había acudido a una presunta entrevista laboral y cuyo cuerpo fue hallado semienterrado en el balneario Punta Cantera. Tres expedientes distintos. Tres investigaciones diferentes. Pero una misma ciudad atravesada por la violencia.

 

 

Sería un error mezclar causas que tienen móviles diferentes. Los homicidios del comerciante y del chofer de Uber ocurrieron durante sendos robos. El femicidio está atravesado por la violencia de género y un presunto engaño mediante una falsa oferta laboral. Cada caso exige una investigación independiente. Pero también sería un error analizar cada uno de esos hechos como si hubiera ocurrido aislado del contexto que vive Mar del Plata. Porque las ciudades también construyen estados de ánimo. Y el de Mar del Plata hoy está marcado por la preocupación. La sensación de inseguridad no nace únicamente de las estadísticas. Se alimenta de la repetición de hechos violentos, de la exposición permanente a escenas de enorme impacto y de la incertidumbre que provoca pensar que la próxima víctima puede ser cualquiera. El comerciante que abre temprano. La joven que busca trabajo. El vecino que vuelve de noche. El jubilado que sale a hacer una compra. El miedo dejó de ser una percepción para convertirse en un condicionante de la vida cotidiana.

 

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Los cacerolazos de la semana anterior y las asambleas vecinales no fueron consecuencia de estos homicidios. Ocurrieron antes. Y justamente por eso adquieren hoy un significado mucho más profundo. Los vecinos ya estaban reclamando respuestas. Los asesinatos del fin de semana terminaron reforzando un planteo que venía creciendo desde hace meses en distintos barrios y que hoy ya nadie puede minimizar. La discusión, entonces, deja de ser exclusivamente policial. Se transforma en un debate político. Y no político en el sentido partidario, sino en el más amplio del término: el de la capacidad del Estado para garantizar una de sus funciones esenciales, que es proteger la vida y los bienes de los ciudadanos. La política seguramente seguirá discutiendo competencias. La Nación señalará que la seguridad es responsabilidad de la Provincia. La Provincia reclamará más recursos y más respaldo. El Municipio insistirá en que necesita mayor presencia policial y una Justicia más ágil. Es un debate conocido. Y, probablemente, todos tengan parte de razón. Pero mientras las responsabilidades se reparten, las víctimas tienen nombre y apellido.

 

 

Ya es hora de dejar de contabilizar culpas y empezar a compartir soluciones. La magnitud de lo que está ocurriendo exige abandonar las mezquindades políticas y construir una respuesta común entre Nación, Provincia y Municipio. Lo cierto es que la seguridad no puede seguir siendo un territorio de disputa partidaria mientras los vecinos sienten que el miedo condiciona cada vez más su vida cotidiana. Ningún intendente puede resolver solo este problema. Ningún gobernador tampoco. Y mucho menos el Gobierno nacional puede mirar hacia otro lado argumentando cuestiones de competencia. La sociedad no distingue jurisdicciones cuando entierra a una víctima. Espera que quienes tienen responsabilidades institucionales trabajen juntos. Cuando una ciudad enlaza en apenas unos días un cacerolazo por inseguridad y tres homicidios que conmocionan a toda la comunidad, la discusión deja de ser sobre quién tiene la competencia. La verdadera pregunta es quién está dispuesto a sentarse en una misma mesa para enfrentar un problema que ya no admite excusas. Mar del Plata necesita menos discursos cruzados y más decisiones compartidas. Porque cuando el miedo se instala en la vida cotidiana, la sociedad ya no pide explicaciones. Exige resultados.

 

 

Culminaron las vacaciones de invierno y en ese contexto, hay estadísticas que, más que números, cuentan historias. Y la de estas vacaciones de invierno deja una postal incómoda para Mar del Plata. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que 4,6 millones de turistas recorrieron el país durante el receso invernal. Es un 5,9% más que el año pasado, con un impacto económico superior a los 2,12 billones de pesos. La actividad se recuperó después de un flojo 2025 y volvió a mostrar movimiento, especialmente en los destinos de nieve y montaña. Hasta ahí, todo parece una buena noticia. El problema aparece cuando se mira el mapa más de cerca. Mientras Bariloche, Ushuaia, Mendoza, San Martín de los Andes o Malargüe celebraban ocupaciones cercanas al 80 y hasta el 90 por ciento, la Costa Atlántica volvió a mirar el invierno desde la banquina. Y Mar del Plata quedó otra vez entre los destinos de menor rendimiento.

 

Los números son elocuentes. Según el informe de CAME, la ocupación hotelera promedio en la ciudad fue del 45%, después de haber comenzado las vacaciones con reservas que apenas rondaban el 30%. Incluso quedó por debajo de ciudades bonaerenses como San Pedro, Tapalqué, Balcarce, Tigre, Pinamar y Tandil. La propia entidad empresaria pone el diagnóstico sobre la mesa: el Mundial de fútbol desvió parte del gasto turístico, miles de argentinos viajaron a Estados Unidos para seguir a la Selección, el poder adquisitivo continúa condicionando las decisiones familiares y la nieve terminó inclinando la balanza hacia la Cordillera. Pero hay un dato que merece una reflexión adicional. Si el turismo nacional logró crecer casi un 6% y, aun así, Mar del Plata volvió a retroceder, el problema ya no puede explicarse solamente por el contexto. La ciudad acumula señales de alerta: un invierno flojo, una temporada de verano que estuvo lejos de los mejores registros, un desempleo que volvió a ubicarse entre los más altos del país y un consumo que todavía no logra recuperar dinamismo. El turismo sigue siendo el gran motor de la economía local y cada temporada que no despega deja una huella que trasciende a hoteles y restaurantes.

 

Llega “el Messi del ajedrez”. Faustino Oro, el prodigio argentino del ajedrez y segundo Gran Maestro más joven de la historia, ya comenzó en Tigre su gira nacional de partidas simultáneas y la próxima escala será Mar del Plata. La cita será este jueves desde las 11.30, en el Hotel Provincial, donde enfrentará en una exhibición simultánea a 25 jóvenes ajedrecistas Sub 16 seleccionados por la Federación Marplatense de Ajedrez. Antes de sentarse frente a los tableros, además, recibirá un reconocimiento del Concejo Deliberante por su extraordinaria trayectoria pese a tener apenas 12 años y hasta está programado que estampe sus manos en la Vereda de las Estrellas del Hotel Hermitage. No será una visita cualquiera. Mar del Plata ocupa un lugar especial en la historia de Faustino. Aquí disputó uno de sus primeros torneos presenciales cuando todavía era un chico que sorprendía por internet y soñaba con convertirse en Gran Maestro. Hoy vuelve convertido en una figura mundial y en el principal embajador del ajedrez argentino. Será una buena oportunidad para volver a poner en valor una tradición que la ciudad nunca perdió. Mar del Plata fue escenario de memorables torneos internacionales, recibió a campeones del mundo y sigue siendo una de las grandes plazas del ajedrez nacional. El jueves, por unas horas, el centro de la escena volverá a estar sobre un tablero de 64 casillas. Y eso, en una ciudad con tanta historia ajedrecística, también merece ser celebrado.