Arte y Espectáculos

Jesse, el rapero de Miramar que competirá en la final de Red Bull

Será el único representante de la costa bonaerense en el famoso certamen. "Es un género muy accesible, para rapear lo único que necesitás es tu cabeza, estar pillo", asegura José Vine, conocido en el mundo de las batallas de Freestyle como Jesse.

“El rap es un género muy accesible, para rapear lo único que necesitás es tu cabeza, estar pillo”, define Jesse, el joven que asegura que comenzó a involucrarse en la cultura hip hop cuando tenía 8 años, aunque “las primeras competencias no requerían de mucha exigencia porque eran meramente por diversión”.

José Vine nació hace 24 años en Miramar y desde los 13 fue creciendo en el mundo “under” de las improvisaciones. Es conocido por sus participaciones en batallas de plazas en Mar del Plata y luego de Necochea, Ayacucho y Tandil, todos lugares en los que reconoce el “gran nivel” de sus colegas. Además, en los últimos tiempos logró fama por haber “ganado” dos batallas al reconocido Tata.

Ahora Jesse se metió entre los finalistas de la famosa batalla de gallos Red Bull, que se llevará a cabo este sábado desde las 17, transmitida por el canal oficial de la competencia en YouTube y, también, por la TV Pública.

Participará junto a Tata, Wolf y Mecha, quienes el año pasado se subieron al podio de la competencia, con Klan, MP, Sony, Brasita, Zaina y Dybbuk, que ya fueron parte de diferentes finales de la competencia; y con otros debutantes en esta instancia: Saga, Mito, Vid, Jaff, Barba Roja y Larrix. Quien gane el 30 de octubre competirá en la final internacional que se hará en Chile.

Jesse será el único representante de todas las localidades de la costa bonaerense en esta instancia y, en una charla con LA CAPITAL reconoció que “lo vivo con exigencia”.

“El rap es muy completo, soy muy exigente con lo que hago y con lo que escucho porque no alcanza con que haya rimas, tiene que sonar bien y si suena bien, no alcanza, tiene que decir cosas piolas y, además, tener buenas pistas, uno siempre quiere más”.

Jesse, quien paralelamente compone y desarrolla una carrera musical, reconoció que esta final de Red Bull le llegó “justo en un año en el que más descontracturado estuve en cuanto a objetivos que me puse. Yo para este año solo quería rapear. Todos los años anteriormente, desde que se podía mandar videos para postularse, mandé y me comí un par de desilusiones porque hubo veces que pensaba que iba a quedar de verdad. Y justo este año que no mandé video, que no era mi objetivo, quedé”.

“Ay, me había olvidado”, dice, tapándose la cara cuando se le recuerda que no hay finalistas ni de Mar del Plata, ni de Necochea, ni de ninguna otra localidad de la costa bonaerense y asegura: “Por lo que vi en las clasificatorias, deberían haber quedado más de Mar del Plata y de toda la costa porque hay cada monstruo… es muy extraño ser el único de los pibes, es una bandera y un poco de presión. Al menos yo lo vivo así”.

-¿Cómo te preparás para las batallas? ¿Hay un entrenamiento?

-Sí, tengo que confesarlo, estoy tratando de entrenar más. Me cuesta porque para mí rapear es como tomar mate con mis amigos, porque todos saben, entonces te juntás y en algún momento sale. Pero ahora estoy tratando de dedicarle unas horas por día, aplicando disciplina como para mejorar ciertos tecnicismos, pero básicamente la práctica o el entrenamiento es rapear. También, obviamente, te nutrís de la música que escuchás, los libros que leés, las películas que ves, de la gente con la que te codeás, o al menos yo trato de hacer eso. Siempre alguna parte de mi cerebro está pensando… mirá lo que dijo, qué bueno… y lo guardo.

Me parece que en estar atento a lo que dice el otro, al entorno, es donde está la picardía, lo que puede hacer la diferencia. Si realmente estás pillo en el momento presente y estás observando lo que pasa, además de estar pensando en tirar las rimas, podés sacar cosas de todo lo que te rodea. Creo que el entrenamiento es el vivir.

Mirá una de las últimas competencias de Jesse:

-¿Tenés referentes, otros raperos que observes, escuches?

-Kendrick Lamar me parece fantástico, creo que los Golden Boyz son lo mejor, hoy, de la Argentina y escucho mucho a mis amigos, que son unos monstruos, estoy alucinado con lo que hacen, son muy buenos artistas, independientemente de que sean mis amigos.

-Haz rapeado mucho en Mar del Plata. ¿Qué recuerdo tenés?

-Empecé a ir a Mar del Plata porque acá en Miramar éramos cinco o seis personas. Cuando llegamos a Mar del Plata fue tremendo, no podíamos concebir que hubiese tanta gente, como en las películas. Después de un tiempo dejamos de ir a Mardel pero empezamos a ir a Necochea, Ayacucho, Tandil.

-¿Parte de esta cultura tiene que ver con el movimiento, el no quedarte en el mismo lugar?

-Sí. Siento que el movimiento es la nutrición de lo que uno hace. Es muy loco, pero de acá a Tandil son 200 kilómetros y es muy diferente en cuanto a estilos. Además de que se suele compartir mucho, no se ocultan las cosas, no es que digo “tengo esto y no te muestro como hacerlo”, hay mucha retroalimentación.

-¿Hay mucho de comunidad en el género, en la cultura?

-Sí, parte de la idea principal del hip hop que fue la segregación que había en esa época en los ghetos de Estados Unidos. Fue la unión de los rechazados para hacer algo con ese rechazo y, más allá de que mucha gente lo ve a su manera y se mete a rapear sin que le importe la comunidad, ni su historia y lo hace porque tiene ganas… en esencia y por suerte la mayoría de las personas con las que yo me codeo de la cultura, sienten la comunidad. Hay una línea de una canción de un rapero que se llama Satur que dice: “Tenemos la mejor cultura del mundo, solo por ser rapero otro rapero te ofrece su casa”. Y es verdad, yo miles de veces fui a competir a ciudades donde no conocía a nadie y ahí te hacés de gente, te dan comida, te ofrecen un lugar para dormir. Cuando termina la competencia, te quedás ranchando con los muchachos y ahí se se vuelve al principio del hip hop, juntarse y compartir.

-Arte o deporte. ¿Creés en esa división?

-Yo lo considero arte puro porque es lo que es. Siento que es relativo, cada uno supongo que marca sus divisiones. Para mí se podría dividir entre los deportistas, que tal vez se enfocan más en cómo pulir habilidades para ganar una competencia más que en pulir lo que transmiten y la manera en la que lo hacen. Creo que a grandes rasgos se puede decir que hay dos objetivos principales en esta división y es que tal vez los deportistas van más a ganar la competencia y los otros a disfrutar del rapear. Es irónico porque yo también tengo un poco de eso. Creo que el hecho de querer ganar no quita para nada el arte y que me quiera divertir. Yo trato de nutrirme de todo porque entiendo que también los que lo practican más deportivamente tienen lo suyo.

-Vos sos un referente del under ¿cómo vivís la evolución, explosión mediática, la masificación de la cultura, de las batallas, en la difusión de la música?

-Lo veo como un gran logro. Pero la diferencia es que antes no se estaba por lo que implica ser parte de ese epicentro de publicidad. Yo estoy tratando de acostumbrarme a esas cosas, me es extraño.

Por ejemplo, cuando era más pibe, todos mis amigos escuchaban cumbia o en los boliches se pasaba cumbia y yo era muy ajeno a eso. Ahora veo que mis amigos escuchan cosas que yo hago o cosas de otra gente y en los boliches pasan música que yo puedo hacer. Creo que es algo que vino para quedarse, no va a perder presencia porque es como cualquier género musical o cultura verdadera. Pero sí entiendo que mientras más crece, el mensaje de alguna manera llega más adulterado porque va teniendo más manos en el medio. Uno lo puede ver como una herramienta para más llegada y para plantear lo que quiere plantear o lo puede ver tal vez como cierta “prostitución”. Creo que está en uno ver cómo uno lo usa, para qué quiere llegar. Y pasa con el rap, como con toda la música.

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