“Joaco” Ruiz se recupera del balazo en la cabeza con una obsesión: Boca y la copa
El policía de 20 años recibió un tiro durante un operativo antidrogas, el pasado jueves 4 de diciembre. Tras la evolución de su salud, agradece a sus seres queridos y a los médicos, y al hablar del futuro se ilusiona: "Me imagino a Paredes levantando la Libertadores", dice..
Ian Joaquín Ruiz, enfundado en una remera de Boca con la que quiso posar especialmente para la foto que iba a ilustrar su nota con LA CAPITAL.
Por Bruno Verdenelli
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Comenzar esta nota con la famosa frase de Pablo Sandoval, el personaje de Guillermo Francella en “El secreto de sus ojos”, sería un recurso muy poco original. Pero por muchas veces que reboten en el imaginario colectivo, esas palabras no dejarán de ser ciertas. Más bien, todo lo contrario: ya se volvieron un axioma… Se puede cambiar de todo menos de pasión.
Una nueva muestra de aquello es la inmediata reacción del joven policía Ian Joaquín Ruiz (20) al recibir a LA CAPITAL en el Inareps, donde se recupera del tiro que le pegaron en la cabeza el pasado jueves 4 de diciembre, durante un operativo antidrogas en la Villa Gascón. “Mami, pasame la remera de Boca para salir en la foto del diario”, pide mientras se alista para conceder su primera entrevista con un medio de comunicación.
“Joaco”, como solicita ser nombrado en la charla, ya que así lo conocen todos sus amigos, trata de estar tranquilo y habla muy despacio. Hace las pausas propias de alguien que atraviesa un proceso de curación complejo, en cuentagotas. Sin embargo, también sonríe. Y claro, para nada sabe a poco la vida en alguien que estuvo a punto de morir.

“Esta situación fue una desgracia pero hizo reforzar nuestro vínculo. Y estoy muy contento por eso”, remarcó “Joaco”, acompañado en la entrevista por su madre Yésica.
Y si el desenlace fatal no se produjo al cabo, fue gracias a los médicos y al buen estado de salud previo del paciente. Al menos así lo entiende el propio joven.
“Estuve 40 días tirado, pero yo no diría que fue una recuperación milagrosa. Es por la edad, y porque no tomo alcohol y no fumo. Las cosas que serían malas para el cuerpo no las consumo, y eso hace que los medicamentos sean más efectivos y me ayuden a mejorar”, explica “Joaco” desde la cama en la que permanece acostado, dentro de una habitación del primer piso del edificio ubicado a la vera de la ruta 88.
Entonces, rápidamente se acuerda del trato que le dispensaron los profesionales del Hospital Privado de Comunidad (HPC) y desea agradecerles en forma pública. “Los médicos me salvaron la vida… Cuando llegué, y después todos los días. Fueron demasiado humanos, muy apegados… Necesitábamos algo y estaban prestos”, dice. Y enseguida extiende su gratitud hacia las enfermeras.
“Con ellas fue una relación distinta, no éramos desconocidos ahí… Por eso como regalito me pinté las uñas de una mano con sus iniciales”, cuenta, mientras exhibe a la vista de los presentes cada letra esmaltada en negro sobre sus dedos.
Al hablar de sus padres y sus hermanos, “Joaco” se emociona. “A mi familia también le agradezco porque me apoyó todos los días, cada minuto. La pasaban mal y me iban contando que dormían y comían en el auto… Esta situación fue una desgracia pero hizo reforzar nuestro vínculo. Y estoy muy contento por eso“, subraya.
Por medio de las anécdotas que su madre Yésica le contó acerca de los momentos en los que estuvo internado e inconsciente, el joven supo luego del apoyo recibido de gran cantidad de amigos, e incluso de colaboradores desconocidos. Y, a pesar de las molestias y las dificultades para hablar, características de la recuperación, tampoco se olvidó de ellos.
“Les agradezco a todos los que fueron y que me dejaron un dibujo, una cadenita, que los abrazaron a ellos (sus familiares), que los saludaron y les preguntaron cómo iba yo”, remarca.
Y en ese pasaje del encuentro, tanto “Joaco” como sus padres ponderan especialmente la figura de Fernando Santomil, presidente de la Fundación HPC. “Conocimos a un ser humano increíble, no hay palabras para describir lo que hizo por nosotros”, señalan.
Resplandor “azul y oro”
Al despertar, dos días después de haber sido baleado en la cabeza, “Joaco” padecía una pérdida parcial de la memoria. “Vi a mis papás alrededor de la cama y no entendía bien lo que había pasado. Al principio no quería saber nada, pero con el tiempo fui preguntando porque había cosas que no me cerraban, y así me fui enterando, porque recuerdos de ese día no tengo… Intento pensar pero no se me aparece ninguna imagen. Es como que el cerebro decide… Son recuerdos seleccionados”, indica. Y entre las vivencias de los últimos meses que sí rememora, destaca una en particular: su visita a la cancha de Boca.
Mientras una bandera azul y amarilla firmada por todos sus seres queridos lo acompaña, colgada a su lado izquierdo, a “Joaco” se le pierde la mirada en los colores. Es como si la cubriera un resplandor… Y entonces ve la Bombonera y oye los gritos de sus pares, los hinchas “xeneizes”, el día del empate con Racing en el partido que se disputó en agosto del año pasado, y al que asistió con sus hermanos en el colectivo de la Peña Roberto Mouzo.
“De eso sí me acuerdo bien, por ejemplo… Y una de las cosas que quiero hacer ahora es ir a ver a Boca en la Libertadores, y que el equipo llegue muy lejos. Me imagino a Paredes levantando la copa”, se entusiasma. Su rostro demuestra la real ilusión con una nueva y enorme sonrisa. Y también se manifiesta esperanzado de que su historia llegue al club y Cavani le envíe un saludo o una camiseta firmada. “¿Te imaginás lo que sería eso, mami?”, le expresa con los ojos vidriosos a Yésica.
En la misma línea que traza sus planes a futuro, “Joaco” espera, primero, recuperarse “al 100 por ciento”, y después “que pase rápido todo lo que sean los trámites”. “Quiero dedicarme a estar con mi familia y a viajar… A aprovechar y estudiar otra cosa, porque ya sé que a la policía no quiero volver”, sostiene, serio.

El joven de 20 años se rehabilita desde el lunes en el Inareps.
Si bien el contexto le marca a “Joaco” que “todo es paso a paso”, el inicio de su rehabilitación ya parece haber sido muy positivo: el lunes, cuando se realizó el operativo de su traslado desde el HPC hasta el Inareps, en la vereda familiares, amigos y anónimos le dieron un aplauso cerrado que sintió aliviador y esperanzador. “Me gustó que estén todos ahí apoyándome y me sentí contento de que venga otra etapa de la recuperación… Ya la primera, que era toda la medicinal, me había cansado. Y pasar a algo más físico y que sea con mi voluntad, me puso feliz. Estaba ansioso por empezar”, confiesa.
Es un nuevo comienzo, entonces. Con la misma pasión.
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