El periodista Jorge Liotti analizó el presente del gobierno de Javier Milei y advirtió sobre una dinámica inestable: “El gobierno tuvo momentos de alza y rápidamente momentos de descenso. Ha sido un subibaja constante”. Además, describió un cambio profundo en la sociedad: “No hay explosión externa, hay implosión”.
El gobierno de Javier Milei atraviesa un nuevo momento de turbulencia. ¿Es el peor desde su llegada al poder o apenas otro tramo de una dinámica más amplia? Para el periodista y columnista político de La Nación, Jorge Liotti, la respuesta exige alejarse de las miradas extremas y reconstruir la secuencia completa.
“No sería tan extremista, pero sí es un momento negativo”, definió en su paso por Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8. Y enseguida trazó una línea de tiempo que, más que un ciclo clásico de ascenso y caída, describe una lógica de vaivenes permanentes.
“El gobierno tuvo momentos de alza, de agenda favorable, de cohesión interna y rápidamente momentos de descenso, desorden, pérdida del control y derrotas políticas”, explicó. En síntesis: “Ha sido un subibaja constante”.
Ese patrón, según su mirada, no es episódico sino estructural. “Lo que le pasa al gobierno es que le cuesta sostener estabilidad política y económica más de un par de meses”, señaló. Desde el arranque positivo de 2024 hasta el impacto del discurso en Davos, las tensiones posteriores, la recuperación tras el acuerdo con el FMI, el envión electoral de octubre y el nuevo deterioro abierto en marzo, la administración libertaria parece oscilar sin lograr consolidar una fase prolongada de estabilidad.
Para Liotti, el punto de inflexión más reciente se ubica en la Asamblea Legislativa y, sobre todo, en la designación en el área de Justicia. “A partir de ahí se acumulan problemas: el caso Libra, el tema Adorni, ruidos internos. Se inicia otra fase descendente”, describió.
En ese contexto, también se intensificó otro frente: la confrontación con el periodismo. El analista marcó un contraste con el último tramo del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
“El kirchnerismo confrontaba con los medios como corporaciones. Milei apunta a deslegitimar el rol del periodismo directamente”, sostuvo. Y profundizó: “Hay una idea de que el periodista es un enemigo, alguien con intereses perversos, y que hay que eliminar la intermediación para hablar directo con la sociedad”.
Ese cambio, agregó, se potencia por el nuevo ecosistema digital. “Milei hace uso y abuso de las redes, con ataques muchas veces individualizados. Hay una construcción permanente del periodista como adversario”, afirmó.
El propio Liotti quedó en el centro de esa dinámica tras cuestionamientos públicos del Presidente. Sin embargo, evitó personalizar la respuesta. “No me agrada, pero hago un esfuerzo por mantener una mirada equilibrada. No quiero poner al lector como rehén de mis reacciones”, explicó. Y dejó una definición de método: “En estos contextos, lo único que te preserva es no cambiar”.
Karina Milei y la crisis “puertas adentro”
La inestabilidad política también se refleja, según su análisis, en la trama interna del poder. Allí aparece un dato central: el creciente protagonismo de Karina Milei. “Hoy tiene un rol mucho más activo en la gestión y en la toma de decisiones”, señaló. En ese esquema, figuras como Manuel Adorni adquieren un valor estratégico. “Es una pieza clave dentro de su estructura. No es solo un funcionario: es alguien de máxima confianza”, subrayó.
Esa reconfiguración del poder, además, se cruza con tensiones en el frente judicial. Liotti describió una disputa entre sectores que apoyaban distintas designaciones en Justicia y que mantienen vínculos tanto en tribunales como dentro del gobierno. “Algunos interpretan que ciertos avances en causas pueden leerse también como mensajes dentro de esa interna”, deslizó.
Sobre los expedientes más sensibles, distinguió impactos. El caso Libra, dijo, “es el más complejo institucionalmente, pero el que menos efecto tiene en la opinión pública”, en parte por su dificultad para ser comprendido.
En cambio, el caso Adorni muestra otra dinámica. “Da la sensación de desprolijidades administrativas mal explicadas, que terminan generando un costo político alto”, evaluó.
Más allá de la coyuntura, Liotti planteó un diagnóstico más profundo sobre la sociedad argentina. Una idea atraviesa su mirada: el país ya no reacciona como antes frente a las crisis. “Durante años nos preguntamos por qué no había un estallido como el de 2001. Pero lo que vemos hoy es otra cosa”, sostuvo.
La definición es contundente: “No hay explosión externa, hay implosión”. Y explicó: “La crisis se procesa puertas adentro: en las familias, en la escuela, en los barrios. Hay una lógica de supervivencia”.
Ese cambio, en parte, se explica por la existencia de redes de contención social, pero también por una transformación cultural más profunda. “Se instaló una idea de autopreservación: nadie me va a ayudar, me tengo que arreglar solo”, describió. Las consecuencias, advirtió, son visibles aunque silenciosas: “Hay deterioro educativo, avance del narcotráfico como economía alternativa y un desgaste emocional muy fuerte”.
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En ese contexto, los jóvenes ocupan un lugar clave. Fueron, según Liotti, “el vector más importante” de la llegada de Milei al poder, no solo por el voto sino por su rol en la difusión del mensaje. Sin embargo, ese vínculo muestra señales de desgaste. “Una parte de ese apoyo se perdió, sobre todo en los sectores populares”, indicó.
El problema, aclaró, es que ese desencanto no se traduce en nuevas adhesiones. “Lo que se le escapa a Milei no va a ningún lado. No hay quien lo capitalice”, afirmó. Así, se configura un escenario de vacío político: “Hay jóvenes desencantados que no se sienten representados por nadie”.
Para el sistema democrático, ese fenómeno no es menor. “Puede derivar en apatía, ausentismo o desconexión del sistema”, advirtió. Y amplió el diagnóstico: “Hoy el gobierno está en el centro de la escena y el resto está fragmentado”.
La pregunta por una alternativa, entonces, sigue abierta. “No está claro quién puede representar algo con identidad propia frente a un presidente que es muy nítido”, sostuvo. Y marcó una condición clave: “No alcanza con oponerse. Hay que construir un proyecto con sentido”.
En ese tablero incierto, la economía aparece como el factor decisivo. “Si a Milei le va bien, tiene el camino bastante allanado. Si no, se abre una oportunidad para la oposición”, concluyó. Pero incluso en ese caso, dejó una advertencia final: “Esa oposición necesita algo más que el rechazo. Necesita identidad, programa y liderazgo”.