Arte y Espectáculos

“Al teatro no te lo podés llevar a tu casa, tenés que ir a torearlo”

José Kemelmajer llegó desde Mendoza con tres unipersonales en los que utiliza el humor para hacer una reflexión social. Analiza la plaza mendocina y la marplatense.

por Paola Galano

@paolagalano

Artista independiente del circuito teatral mendocino, José Kemelmajer se subió a caballo de sus tres unipersonales y desembarcó este temporada en Mar del Plata, consciente de que la tarea no iba a ser fácil. “Uno sabe que no es una figura conocida, es difícil para los marplatenses a los que se conoce… imaginate para alguien que viene de afuera pero no de la Capital (Federal), sin una impronta televisiva…”, resume el actor, que coescribió las tres piezas que muestra, hasta el 28 de febrero en La Bancaria (San Luis 2069) y en Cuatro Elementos (Alberti 2746). Se trata de los espectáculos “Sudamérica” (este sábado en La Bancaria), “Ensalada ruso” (martes y miércoles en Cuatro Elementos) y “El lunes arranco” (lunes en La Bancaria).

Kemelmajer, quien es odontólogo y, además, docente de teatro de la Universidad Nacional de Cuyo, fusiona en sus espectáculos humor y crítica social, con una mirada puesta en los procesos inmigratorios y en la identidad argentina.

En “Sudamérica” se pone en la piel de diferentes latinoamericanos para contar cómo se suda en cada rincón del subcontinente. “Es un espectáculo de mucho contenido histórico social, abordo temas universales pero desde una perspectiva muy latinoamericana”, cuenta a LA CAPITAL.

En “Ensalada ruso” realiza un “modesto homenaje a un inmigrante ruso que se quiere ir a Nueva York y por error termina en el Once y es el hijo de este ruso el que se va a concretar el sueño del padre y se lo quiere llevar al viejo, pero el viejo se queda en Argentina”, repasa. “Es una historia cercana a mucha gente, rescato de los inmigrantes el hecho de que estaban dispuestos a todo”.

Por último, en “El lunes arranco” indaga en el ser nacional y en los dilemas argentinos para construir nuestro propio presente sin necesidad de patear la realidad para adelante. “Es un espectáculo distendido, de música y humor, nos cuesta mucho a los argentinos entender que hay que situarse con mucha pasión en el aquí y en el ahora para poder ser creativos y constructivos y no estar especulando tanto si vas a ver los resultados o no los vas a ver”, reflexiona.

En este puñado de obras se esmera en no dejar de lado el humor. “Es una cosa fuerte el humor, porque es tan grotesca la realidad que querer movilizar al espectador intelectualmente sin humor es muy difícil. ¿Desde qué territorio tenés a un espectador sentado una hora veinte si no lo conquistás desde la ironía y desde la caricatura?”, se pregunta. Y dice que en sus obras, además de reírse, el público “se va a quedar con algo reververando, que es el objetivo de los trabajos que hago”.

Además, cuenta que el formato del unipersonal se convirtió en una excelente salida laboral, en momentos en que movilizar a varios actores de una ciudad a otra puede ser una aventura no muy exitosa. “A los unipersonales los fui fogueando, ya tengo un estilo, una estética de trabajo”, admite.

Kemelmajer hace de la insistencia un arte. A fuerza de intentar comunicar sus shows y de salir a volantear a diario logró público en las salas. “Voy a la fila de los teatros donde veo a la gente interesada, me parece el mejor lugar donde panfletear, porque por ahí uno panfletea en la Peatonal y la gente anda buscando ojotas”, apunta el actor y guionista, que estudió cine y que ya tiene proyectado su primer largometraje.

– ¿Cómo es la movida teatral de Mendoza?

– Mendoza es un lugar muy potente artística y culturalmente, lo mismo en música y en artes visuales, la escuela de la Universidad Nacional de Cuyo es una usina. Sin embargo, no hay consumo para tal producción. Y al artista mendocino le cuesta la proyección a la gran ciudad no solo por una cuestión de distancia, quiere lo que hace y no está dispuesto a dejar lo suyo. El problema es que en el mundo en que vivimos si tu arte no está pagado se hace muy difícil. Falta público.

– ¿Cómo ves el circuito marplatense?

– Me llamó la atención que la gente consume y entiende de teatro. Encontré colegas de un enorme compromiso, como Freddy Virgolini y la sala Cuatro Elementos. Es una esperanza en el mundo en que vivimos, no solo para saciar el ego de decir “quiero hacer teatro”, sino para hacer que esa onda expansiva siga generacionalmente y que se produzca el encuentro en primera persona que te da el teatro. Porque te podés llevar el cine a tu casa, la música a tu casa, el diario a tu casa, pero al teatro no te lo podés llevar a tu casa, tenés que ir a torearlo. Y eso está muy bueno.

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