Un estudio nacional de Asociación Conciencia y Pulsar UBA, realizado entre 2.494 alumnos secundarios, muestra una relación distante con la política, pero un respaldo amplio a la democracia y a la convivencia con quienes piensan distinto.
¿Qué piensan los jóvenes argentinos sobre la política y la democracia? Un informe de Asociación Conciencia y Pulsar UBA intentó responder esa pregunta a partir de una encuesta nacional realizada a 2.494 estudiantes secundarios en edad de votar.
El relevamiento se llevó a cabo de forma presencial entre el 17 de septiembre y el 22 de octubre de 2025. Los resultados muestran una generación crítica del presente del país, con menor interés en la política, pero con una valoración alta de la democracia y de la convivencia con quienes piensan distinto.
Una juventud crítica, pero no resignada
Los datos muestran una mirada ambivalente sobre el presente del país: el diagnóstico sobre Argentina es más crítico que el que hacen sobre su propia vida. Sin embargo, no predomina una narrativa del “no futuro”, sino la preocupación.
El 73% cree que su situación personal y familiar estará mejor o igual dentro de un año, mientras que el optimismo sobre el país es menor.
Además, 4 de cada 10 jóvenes desean seguir viviendo en Argentina, mientras que un 32% preferiría emigrar y un 28% aún no lo tiene decidido.
Bajo interés en la política, pero no apatía
En este contexto, el 69% declara estar “poco” o “nada” interesado en la política. Porcentaje que crece en los sectores más desfavorecidos y de menor nivel educativo de los padres.
Sin embargo, el informe advierte que esto no debe leerse como apatía estructural, sino como una relación de baja intensidad: la política no organiza su vida cotidiana, pero tampoco es rechazada de manera directa.
Las redes sociales son hoy la principal fuente de información política (79%), seguidas por la televisión y las conversaciones con su entorno.
Democracia: valor firme, evaluación crítica
La democracia aparece como un valor sólido entre los jóvenes. En una escala del 1 al 10, la importancia de vivir en democracia obtiene un promedio de 8,25.
Sin embargo, cuando se les pregunta cuán democrático consideran que es el país, la evaluación desciende a 6,83.
Esta brecha entre “la democracia que esperamos” y “la democracia que tenemos” atraviesa niveles socioeconómicos y educativos. A mayor capital cultural en el hogar —más libros, mayor nivel educativo de los padres— mayor valoración y mayor exigencia hacia la democracia.
Adicionalmente, los jóvenes son democráticos pero están atravesados por la indiferencia. El 54% sostiene que la democracia es preferible a cualquier otra alternativa, un 15% toleraría un régimen autoritario, un 10% le da lo mismo y el 21% no toma ninguna postura. Hay una mayoría democrática, pero no es homogénea. En este punto el hogar también mejora las preferencias por una democracia plena.
Tolerancia en los vínculos afectivos
Otro de los hallazgos relevantes del informe es la alta tolerancia política que prevalece entre los estudiantes: sólo el 29% considera que se puede juzgar si una persona es buena o mala por sus opiniones políticas.
Esta clara tendencia a la tolerancia se asocia a que la mayoría de los jóvenes no ve en la política una frontera identitaria que los separa o aleja de las personas: el 61% podría estar en pareja con alguien que piense distinto y el 64% tiene amigos con ideas opuestas.
Por su parte, el 80% coincide al menos parcialmente con las opiniones políticas de sus padres, lo que refleja un fuerte peso de la socialización familiar en la conformación de sus posicionamientos políticos y en la transmisión intergeneracional de orientaciones ideológicas.
Participación electoral: compromiso con matices
El compromiso con la participación electoral es alto (72%), aunque dinamizado por la obligatoriedad. La mayoría expresa intención de votar y respalda el voto obligatorio, aunque no siempre termina yendo a votar.
Sin embargo, muchos consideran que “votar es importante pero no alcanza para decidir lo que pasa en el país”, reflejando una demanda de mayor eficacia institucional.
El análisis final es claro: la participación, la socialización política y la tolerancia aumentan entre jóvenes que crecen en hogares con mayor estímulo educativo y cultural.
Una generación democrática, a su manera y el gran desafío de la escuela secundaria
El estudio concluye que los jóvenes argentinos no son apáticos ni antidemocráticos. Son críticos, selectivos y menos ritualistas en su vínculo con la política.
Prefieren la democracia, valoran la convivencia y están dispuestos a participar, aunque exigen resultados concretos.
En un contexto de polarización adulta, emerge una generación que no convierte la diferencia en enemistad y que entiende la democracia como regla de convivencia más que como identidad cerrada.
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