Juani Macció: “Fuimos de menor a mayor y los rivales nos hicieron mejores”
Once Unidos llegó a San Juan con aspiraciones aunque no como candidato excluyente. Pero les ganó a todos y jugó en un nivel superlativo para consagrarse campeón de la Liga Federal y ascender a la Liga A2. Su capitán y referente revivió todo el proceso y anticipó lo que viene en esta profunda charla.
Con la copa del campeón y el trofeo al Jugador Más Valioso.
El armador Juan Ignacio Macció es el orgulloso líder de un plantel de Once Unidos que, con todos jugadores del club, se coronó recientemente campeón en la Liga Federal de Vóleibol, en San Juan, y obtuvo el ascenso a la Liga A2, la segunda categoría del país.
Entre figuras consagradas y que dejaron su marca en el seleccionado argentino, como José Pepe Luis González, Guillermo García o Pablo Peralta, Macció recibió, además del trofeo destinado al campeón, el premio al Jugador Más Valioso (MVP). Nada mal para esta altura de una carrera que parece más vigente que nunca.
Querido por sus alumnos, admirado por sus compañeros y respetado por sus rivales, el capitán de Once Unidos reúne las condiciones de un deportista cabal y, especialmente, de una muy buena persona.
Su capacidad analítica permitió profundizar más allá del aspecto deportivo en esta extensa entrevista con LA CAPITAL.
-¿Cómo definirías a la Liga Federal en la que se consagraron campeones?
-Es un torneo con un nivel muy fuerte. Hay que ir a jugar con un equipo muy bien plantado y preparado para obtener buenos resultados. Llegar a la A2 se está poniendo cada vez más complicado. Los equipos se están reforzando y entrenando mucho.
-Precisamente, ¿cómo va a ser la competencia en la Liga A2?
-Sabemos que comienza en enero de 2027. Falta un tiempo largo y a nosotros se nos va a pasar bastante rápido con todas las competencias de los chicos. Pablo Del Coto es entrenador de la primera división; Agustín Font, de la Sub 18; yo, del Sub 16; y Santiago Aranguren, del Sub 14. Posiblemente él se sume al plantel para la A2. Formó parte del equipo y tiene ganas de volver. Tuvo un problema médico y llegaba muy justo con el alta, no se sentía tan seguro porque la de San Juan era una exigencia física muy alta, con ocho partidos en nueve días. La idea es que se pueda sumar. Todos estamos en la formación de los chicos y el año será muy activo con las competencias: la Liprobo, el campeonato local, las Copas Argentinas. Organizar todo eso más la competencia de primera y la Licebo, nos hace tener muchas cosas por delante en las que enfocarnos y no se va a hacer tan largo el tiempo que falta para la A2. Nos favorece para diagramar el equipo. Porque iremos viendo la evolución o las modificaciones que podemos hacer. Así nos encontramos con Uriel Saadía o Benjamín Labrit, quien el año pasado ni siquiera jugó en la primera local y ahora fue titular en la Liga Federal. Tuvo un despegue en el último tramo del año que lo llevó a un altísimo nivel.
-¿Y el sistema de disputa?
-El mismo que se está utilizando, aunque puede aumentar la cantidad de equipos. Hoy son 16, en dos zonas de 8 por cercanía geográfica, con un solo viaje más lejos. Se juega a dos ruedas de local y de visitante. De mínima son 7 partidos de local. Ya superaríamos a los que teníamos en cualquier tour de la A1. Los cuatro primeros de cada zona avanzan a cuartos de final y ascienden dos equipos. Los otros cuatro de cada zona juegan play-offs para evitar el descenso. Es un formato muy atractivo y el único que te permite jugar en casa, justo lo que queremos nosotros.

-Remontándonos antes de comenzar la Liga Federal, ¿se puede decir que empezó todo mal con la rotura del micro en el viaje de ida?
-Sí, fue tremendo. Pero en realidad, ya habíamos arrancado un poco tristes porque Liniers de Bahía Blanca no pudo venir a jugar el amistoso que teníamos programado en el estadio. Sí vinieron para jugar contra el equipo femenino, pero en el masculino tuvimos que jugar entre nosotros, y no se generó tanta expectativa, entonces también nos faltó ese empujón económico de más venta de entradas para solventar el viaje a San Juan. Viajamos en micro de línea, los dos planteles juntos. Se hacía interminable el periplo. Hasta que se rompió un radiador cuando salimos de la terminal de Mendoza. Por suerte estábamos cerca y creo que en no más de una hora y media o dos, pudimos continuar hasta San Juan, después de 28 horas. Y al regreso fue peor. Tardamos 33 horas porque cuando llegamos a la Autovía 2, el tránsito estaba colapsado por el fin de semana largo de carnaval y también hubo un accidente importante en Castelli.
-También fue importante que Once Unidos pudiera presentar equipo femenino…
-Las chicas, por el nivel de juego, claramente podrían haber estado entre los ocho primeros equipos. Al ganar la rueda de Reclasificación y quedar en el noveno puesto final demostraron que tenían más nivel que todos los equipos que no entraron entre los ocho. Pero justo perdieron el cruce de octavos con Liniers, rival con el cual se van intercalando victorias y habían jugado el amistoso antes de viajar. Se conocen mucho. Era su primera experiencia a nivel nacional, era todo nuevo y por ahí no pudieron soltarse en ese cruce. Igual fue un gran aprendizaje que seguro les va a servir para el futuro.

-Ustedes hicieron un torneo fantástico, pero si perdían en la zona con Social Monteros (N. del R.: Once Unidos ganó en el tie-break), tal vez les podía tocar un cruce más complicado en octavos de final. ¿Ese fue el partido más difícil?
-Sí, el más difícil. Porque fue nuestro segundo partido, no conocíamos el estadio del Velódromo, ya que habíamos jugado en el Aldo Cantoni el día anterior, íbamos perdiendo 0-1 y 1-2. Entró Tommy (Russo) porque yo no le podía encontrar la vuelta. Habíamos visto el video del primer partido de ellos y no habían jugado para nada bien. Y nos encontramos con que en realidad tenían otro nivel de juego. Mucho mejor. Nos sorprendieron. Estuvo muy duro pero después de esa victoria sabíamos que ser primeros del grupo dependía exclusivamente de nosotros.
-Y ser primeros de grupo era importantísimo, como quedó demostrado después…
-Claro. Los cinco ganadores de grupo ocuparon los cinco primeros puestos del torneo. Once Unidos, S.R. Club, Pescadores de Gualeguaychú, Racing de Castex, y Rivadavia. Nosotros en octavos nos cruzamos con un tercero (N. del R.: Club Hispano) pero en cuartos, semifinal y final nos tocó en todos los casos un primero de grupo. En principio parece peor, pero en un punto, esa exigencia nos fue preparando para nunca bajar el nivel e ir mejorando. Eso también se notó. Fuimos de menor a mayor y en comparación con el arranque del torneo, jugamos a otra cosa. Los rivales nos hicieron mejores.

Foto: feva.org.ar
-¿La final se jugó con dos equipos ya ascendidos y tal vez distendidos?
-Totalmente. Pero creo que ellos sintieron que ya estaban cumplidos al haber logrado el ascenso y no necesitaban más. En cambio nosotros queríamos volver con la Copa, las medallas y el premio económico, que era mejor para el campeón. Como que queríamos dar ese plus para cerrar con todo. Y en la final se notó. Nosotros lo buscamos y ellos intentaban dar batalla en el arranque de cada set, pero si sacábamos una diferencia, como ocurrió, era como que empezaban a aflojar. No es menor que ellos (S.R. Club) tuvieron una semifinal de 3-2 con Pepe Luis González metiendo 41 puntos y a lo mejor en la final no se exigieron al máximo. Podría decirse que fue una final relativamente cómoda, tranquila. No al estilo Once Unidos (risas). La pudimos disfrutar, generalmente hay mucho nervio en una final. Esta vez no tanto.
-De todas maneras, la semifinal de Once Unidos tampoco fue sencilla…
-Uf, el partido con Racing fue durísimo. Ellos hablaban mucho por debajo de la red, era el equipo con más presupuesto. Fueron por el ascenso y tenían una gran presión, porque además su camino había sido sencillo. No habían cedido sets y ningún rival les había podido anotar 20 puntos en un set. Y a nosotros nos había costado un poco más llegar hasta semifinales.
-Claro, al margen del partidazo con Social Monteros, tuvieron una llave de cuartos de final contra el equipo de Guillermo García. ¿Cómo fue ese partido que se definió en el tie-break?
-A ese partido lo teníamos para ganar antes y después casi estuvimos a punto de perderlo. Hasta que en el tie-break tuvimos una increíble racha de siete saques de Uriel Saadía y liquidamos el set, el partido y pasamos a semifinales.
Confiar en la preparación y en la unión del equipo
-Once Unidos llegó a la Liga Federal entre los candidatos, pero seguramente ni ustedes imaginaban semejante torneo…
-No, porque veíamos a los primeros de cada zona y eran terribles equipos. Si Pescadores salía campeón, hubiese estado bien, lo mismo que S.R. Tenían refuerzos buenos. Y estructura. En el staff llevaron entrenador, asistente, estadígrafo, analista de video. Una inversión que sólo la hacen los equipos que iban decididamente a pelear por el ascenso. Nosotros teníamos un equipo con todos jugadores del club, sin refuerzos, con un staff reducido. Lo único que teníamos de confianza era nuestra preparación. Y la unión del equipo. Sabíamos que no nos íbamos a rendir.
-¿Cómo gestionaron la diferencia de edad? La mayoría de los chicos han sido alumnos tuyos y en la actualidad se habla mucho de la marcada diferencia generacional en la manera de ver las cosas…
-Cuando mirás y ves que por ahí hay 20 años de distancia entre el más grande y los más chiquitos, puede parecer complicado. Es un montón. Pero cuando hay un proceso atrás, es como que las piezas empiezan a encajar. Es más sencillo cuando los chicos que suben a primera son jugadores que vos formaste. Entonces el pasaje no es tan duro. Ni para ellos, ni tampoco para que los más grandes entiendan quiénes son esos pibes. Conocés su vida, su familia, lo que les gusta, lo que no. Cómo arrancó en el club, cómo fue mejorando. Todos con la misma ilusión de querer generar para el club, ganar para el club, volver a jugar como locales a nivel nacional. Estaba muy claro lo que queríamos como equipo. Cuando terminamos el año 2025 sabíamos que no teníamos que reestructurar tanto el equipo para la Liga Federal. Que los más chiquitos se nos sumen, con la premisa de que en el verano teníamos que entrenar muy fuerte. Cinco días a la semana en doble turno. Tener 15, 16 o 17 años y tener que volver de la playa para ir a entrenar, no es fácil. Para los más grandes ya era algo común. Pero los más chicos asumieron el compromiso y no hubo ningún tipo de inconveniente. Entrenaron a morir. Es más, tuvimos que dejar afuera de la lista de 14 que fuimos a San Juan a algunos chicos que entrenan todo el tiempo con nosotros.

Foto: feva.org.ar
-Con todo lo que ello significa. ¿Esa fue la parte más difícil?
-Sí, fue muy difícil. Sobre todo porque no es algo normal o habitual. En una Liga más extensa, no todos los jugadores pueden ser citados para todos los partidos. Pero al que no le toca, el lunes está entrenando otra vez con el grupo y se puede sumar a la planilla al siguiente partido. Entonces todos tienen su oportunidad. Acá, era ir o no ir. Quedar o no quedar. Esa fue la parte más dura para el cuerpo técnico. Tener que decirles que no a jugadores nuestros. Por suerte les pudimos entregar sus medallas a los cuatro chicos que no pudieron ir a San Juan pero formaron parte de todo el proceso. Es un reconocimiento muy merecido para ellos.
-¿Querés mencionarlos?
-Por supuesto: Dante Ybañez, Santiago Fric, Fermín García Moreno y Salvador Battaia. Estuvieron todos los días, con el mismo compromiso, hicieron sorrentinos con nosotros, vendieron entradas para los partidos. Que pudieran tener sus medallas fue algo muy lindo. Bien por la organización que habían previsto medallas para todos los integrantes de la lista de buena fe.
La importancia del físico y la planificación
-Hablabas de la exigencia física. ¿Aguantaron bien?
-Sí, muy bien. Mailen Luengo, nuestra preparadora física, se lució. Ella se recibió de profe en diciembre. Había trabajado con las inferiores todo el año y quería estar al 100%. Ni siquiera nos había hablado de la parte económica. Quería estar con el plantel y le metió una dedicación y una planificación fabulosas. Nos tuvo siempre cuidados. Todas las mañanas llenábamos un Google Forms donde ella leía cómo estaba cada uno en la percepción de su esfuerzo. Detalles que van haciendo el día a día para saber cuándo cuidar, cuándo exigir.
-¿El trabajo a conciencia, paga?
-Sí, paga, realmente. Y los más chiquitos se lo tomaron en serio al trabajo de entrenar fuerte. Más allá de que nosotros le teníamos una gran confianza, uno de los que demostró fue Bautista Lastres. Fue el máximo atacante en todos los partidos. Las pelotas calientes de los puntos definitorios de cada set fueron para él. Junto con el central Mateo Fernández, fueron una ratificación o una confirmación, porque en los entrenamientos ya los veíamos.
-Pero a la hora de salir a la cancha por los puntos no es lo mismo que en los entrenamientos…
-Claro, estar en un cruce eliminatorio de octavos o de cuartos de final, hace que la pelota sea más pesada. Y respondieron muy bien. También se daban cuenta de que, cuando hay jugadores de calidad del otro lado, te obligan a dar más. Estuvo muy bueno que, a medida que iban pasando los partidos, los entrenadores de otros equipos venían a reconocer el hecho de que los 14 jugadores éramos todos de Once Unidos. No podían creer que no teníamos refuerzos. Eso es un valor agregado. Sentimos la camiseta, sabemos que si nos dolió la espalda después de hacer sorrentinos, que nos duela la rodilla o el hombro después de jugar cinco días seguidos, no nos iba a afectar.

-¿Estaban seguros de que eso iba a ser así?
-Sí, porque en la última sorrentineada, en enero, ahí terminamos rotos. Y después de todo eso teníamos que ir a entrenar. Y analizamos entre nosotros si por el dolor de espalda íbamos a hacer trabajo con pelota o no. Y Pablo (Del Coto) nos dijo, “vengan a entrenar que se van a sentir mejor después de entrenar”. Nos empezamos a mover, a aflojar, Pablo hizo un jueguito, nos relajó. Y cuando terminamos la práctica, a nadie le dolía nada.
-¿Cuántas horas le dedican a preparar los sorrentinos?
-Jueves, desde las 15 a las 21, y el viernes 8 a 20, para elaborar 1.800 docenas en enero entre varones y mujeres. Eso es un poco más de 20.000 sorrentinos. Y vamos pasando por distintos estados, porque de repente hay música, estamos todos felices, charlamos, y al rato la atención baja y, lógicamente, la producción decae. Y hay que volver a enfocarse. La mayoría son chicos, muchas horas parados y es difícil no dispersarse. Nos cuesta. Pero cuando lo atravesamos, sentimos que es un esfuerzo que otros equipos no hacen y que en algún momento del torneo te vas a acordar y te va a dar un resultado positivo.
El “modelo Once Unidos”
-En un contexto muy complicado para los clubes en general, ¿creés que el camino indicado para poder hacer competencia de alto rendimiento cuando no hay aportas gubernamentales de por medio es el “modelo Once Unidos”?
-Si tuviésemos más sponsors que nos pudieran acompañar más, nos ayudaría mucho. No para dejar de hacer sorrentinos, sino para costear y armar la logística y evitarnos el estrés que nos genera tener que salir a buscar tantos precios de, por ejemplo, un micro para viajar. Desde ese lado, te da más tranquilidad para afrontar la gestión del entrenamiento en el día a día. En eso, hay un camino que todavía tenemos que recorrer para mejorar nuestros recursos. Pero por otro lado tenemos toda una estructura filosófica de jugar con todos chicos del club, algo que no va a cambiar y es parte del modelo de Once Unidos. Y se trabaja en forma conjunta entre el staff técnico, los chicos y la familia. Esa parte creo que es la más complicada en el alto rendimiento. Porque se necesita el apoyo de la familia de los chicos, pero a veces es la misma familia la que no entiende por qué su hijo no juega o no le tocó viajar a San Juan. Ese límite hay que tenerlo muy claro porque se juega para ganar y las recompensas no son equitativas ni justas en comparación con el esfuerzo dedicado.
-Al tener mayores recursos ¿no se corre el riesgo de tentarse con mejorar el equipo trayendo algún jugador de afuera?
-Nuestro entrenador Pablo Del Coto es muy inteligente, como también lo fue Gonzalo Borstelmann en ligas anteriores, para determinar si, durante el armado del equipo, hay un lugar muy flaco que sea necesario reforzar. Por el bien común del equipo y del proyecto. Todos los jugadores que hemos ido a buscar -que no fueron muchos- nunca han sido caros, siempre se les ofreció lo que se les podía pagar y siempre se cuidó la identidad del equipo.
-¿Es un valor agregado ganar este título con todos jugadores del club?
-Sin dudas. No lo pude chequear todavía con el presidente, Horacio Taccone, pero estamos casi seguros de que es el primer título nacional en primera división para un deporte de conjunto en Once Unidos. Eso nos generó mucho más orgullo. Que desde el primer entrenador hasta el jugador más chico del club, de 15 años, seamos todos de Once Unidos, y ganemos el primer título nacional en un deporte de equipo, con los años que tiene el club, es para confiar en el proyecto, en la identidad y en la filosofía.
-¿Y cómo fue esa convivencia tantos días seguidos juntos?
-De verdad se vivió una energía muy linda dentro del plantel. Y también alimentada por lo que recibimos desde afuera, de todos los jugadores que pasaron por Once Unidos. Joaquín Layús y Mauro Zelayeta viendo todos los partidos. Bautista Gazaba (máximo anotador de la fase regular), que ya terminó de jugar con Waiwen en la Liga, estuvo con nosotros en un asado y sabía todo. Contra quiénes habíamos jugado, cómo habíamos salido, detalles puntuales de determinados momentos de algún partido. Aquiles Santeufemia, que está jugando la A2 en Ferro, también sabía todos los partidos. Valentín Durdos quien estuvo en Once Unido y ahora juega la Liga en San Lorenzo nos mandaba siempre mensajes de aliento y apoyo. Ni hablar de Iván Quiroga. Lo teníamos todos los días en el Velódromo y al entrar me pedía una camiseta, porque él tenía la de UPCN (está jugando allí la Liga) y quería tener una de Once Unidos. Otro que estaba enloquecido desde España era Brais Del Coto. También Lucas Conde, que ya está un paso más arriba, jugando Champions. Es un sueño que varios de ellos pudieran volver a jugar con nosotros. Nos haría muy felices.

Foto: feva.org.ar
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