El organismo perdió cerca de 1500 empleados desde diciembre de 2023 y el debate en la Casa Rosada gira ahora en torno al alcance del recorte. Mientras Federico Sturzenegger impulsa profundizar la reducción del Estado, Luis Caputo y Santiago Caputo piden cautela por el impacto en el control de fronteras.
Por Juan Pablo Kavanagh
La interna en el Gobierno no se agota en el escándalo de Manuel Adorni. Por estas horas crece el debate puertas adentro sobre el futuro de ciertos organismos estatales, con miradas claramente contrapuestas. Federico Sturzenegger es uno de los protagonistas, con una apuesta de envergadura: liquidar áreas a como dé lugar.
Mientras tanto, otros integrantes de peso del esquema oficial, como Santiago Caputo o Luis Caputo, piden máximo cuidado a la hora de implementar el plan motosierra. Especialmente en la Aduana.
El órgano que está bajo la conducción de Andrés Velis y que se encuentra dentro de la estructura de ARCA, que comanda Andrés Edgardo Vázquez -un hombre del entorno del consultor-, se encuentra entre estos dos polos y sin un claro ganador todavía.
Por un lado sufrió casi 1500 bajas desde diciembre de 2023 producto del plan de retiros voluntarios que instrumentó el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. Con un detalle no menor: no hubo reemplazos y hoy hay 5 mil empleados.
Las autoridades del organismo ya advirtieron sobre esta situación. Si bien entienden que la política de ajuste es una política de Estado propia de Javier Milei, son funcionarios de carrera dentro de la organización y saben que en el lugar en donde se mueven necesitan personal calificado.
Velis, por caso, tiene más de 30 años de experiencia en la Dirección General de Aduanas. Vázquez tampoco es un improvisado en la materia ya que pasó por cargos en la AFIP como en otras áreas del Estado vinculadas al monitoreo fiscal.
Los gremios que pisan fuerte tanto en ARCA como en la Aduana (AEFIP y Supara) reconocen que tanto Vázquez como Velis están en el día a día y tratan de contener situaciones complejas que se generan ante la falta de empleados con bagaje.
Y, a su vez, remarcan que los Caputo no son partidarios de “romper todo” como busca Sturzenegger.
Especialmente porque los representantes libertarios que llevan el mismo apellido entienden el rol que tiene el área que no solo se encarga de controlar el flujo de mercancías sino que también monitorea las personas y medios de transporte que entran y salen del país.
Es decir, cumplen un rol clave en las fronteras y en medio de un ajuste salarial importante ya que las remuneraciones de los empleados están congeladas.
La situación se torna más compleja por el tablero geopolítico. Así lo hace saber el sindicato Supara de la Aduana. En una nota dedicada a exponer el escenario, y a la que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el gremio recordó que el gobierno de Milei “ha manifestado una fuerte alineación política con Estados Unidos e Israel, lo que ha generado tensiones diplomáticas con algunos países de Medio Oriente, entre ellos Irán, que ha incluido a la Argentina dentro del listado de los países enemigos por su cercanía y afinidad con estos Países”.
“Esta situación cobra una dimensión aún más profunda en la Argentina, un país que sufrió dos de los atentados terroristas más graves de América Latina donde la justicia Argentina vinculó a estructuras internacionales ligadas al Estado de Irán como responsables de los mismos, dice el texto.
Con un mensaje final dedicado a los funcionarios que toman decisiones, el gremio señaló que “estos crímenes forman parte de la memoria colectiva del país y refuerzan la necesidad de analizar con responsabilidad cualquier decisión que pueda afectar las capacidades de control del Estado”.
Hay otro punto de relevancia para el sindicato y está relacionado a la participación que tiene la Aduana en sistemas internacionales de prevención de contrabando, narcotráfico, financiamiento ilícito y tráfico de armas y de materiales sensibles.
El gremio recordó que la problemática ya está teniendo impacto en otras áreas del Estado, por lo que la discusión que propuso Sturzenegger no puede limitarse al tamaño de la Aduana.
“La pregunta de fondo es cuál debe ser el nivel de capacidad operativa que un país necesita para proteger sus fronteras en un contexto global cada vez más inestable. Por consiguiente, la pregunta no debe ser cuánto cuesta sostener esas estructuras, sino el costo por debilitarlas”, se plantearon.
NA.